Ve  que es primavera. Las criaturas suelen abandonar el
dudoso recatodel invierno, más largo mientras menos
discreto. Deténte un minuto en aquel rincón de la 5ta y la
42 y echa una mirada (¿en off?) al gran fluir de cuerpos.

Para tu sorpresa, resulta que la gente está pensando en
lo tonta que es una criatura que siempre piensa en lo que
piensa la gente. “¡Mira que hacernos caso a nosotros, la
gente tremenda de la gente!”, piensa la gente mientras
se ríe de las contenciones y las proezas por cumplir. Mira
que hablar por teléfono y mirar alrededor a ver si la gente
está al tanto de lo que conversa esta gente.

Y la gente se burla de la gente que piensa: voy a estudiar
allí y me voy a leer allá porque esas son  cosas de gente.
O me voy a juntar a conspirar, o voy a comer pesado, o
voy a  beber fluído por que son los alimentos que les
gusta a la gente.

Voy a bailar mirando a la gente, porque yo no bailo en mí,
yo bailo para ver si bailo mejor o peor que la gente. Y la
gente se ríe.

Y ayer, ¿qué hice ayer?. Lo he olvidado. Y no quiero
recordar para tener a salvo un tiento de lo vivido; añoro el
recuerdo porque tengo miedo que me pregunte la gente.
¿Qué pasa si la gente me pregunta, cómo es que debo
responder a la gente?.

Y me voy de una fiesta harta de comida y bebida, una
fiesta donde bebe y come esta gente hambrienta de
gente. Y tengo que beber porque lo hace la gente, y tengo
que comer porque la gente come. Y salgo al jardín y
vomito sobre las roas y derramo bilis sobre los claveles
porque hace un minuto, ahí dentro, decidí que mi
estómago era de la gente.

Escucho al profesor, y escucho sobre todo las preguntas
que la gente le hace.Y tengo una simple inquisición para
la gente, y me debato pensando si esa pequeña duda
mía será también la duda de la gente. ¿Cómo quedaré
cuando pregunte esa pregunta delante de la gente? Y
cuando salgo al break no sé si tomar café porque es té lo
que bebe esta gente. Y me lo sirvo. Y me confundo.

Y ahora para colmo se ha derramado el líquido sobre la
blusa. Una blusa blanca. Es lo que corresponde. Blanco y
parda ahora. Y la genteme mira, y yo miro a la gente. Y
pienso que creen que soy tonto, y me río alto, muy alto,
para que esta gente vea que no me importa mucho lo que
piensa la gente. ¡Gente, yo soy independiente de lo que
piensa la gente! Y me quito la camisa y bailo de un
extremo a otro. Y ellos me miran. ¿Quieren que les lea
algo? Y leo los comentarios que he tomado en la sesión
de comentarios  religiosos de la gente, de la gente
ecologista, de la industrial gente; del teórico y de la
cineasta gente. Y la gente se ríe.

¿Le habré gustado a la gente?.
Me dan ganas de irme.  La gente se ríe. Irme. Lo que
quiero es irme pero no sé si es la hora en que se suele ir
la gente. Me quito el pantalón para estar aún más fresco y
la gente ríe más. Y yo me río con la gente.

Otra vez cenando y gustando a la gente. A veces me
miran y yo sonrío a la gente. Interrumpo a la señora gente
que lee sus papeles, y le digo que es tan interesante que
le debo hablar. Y se quita las gafas. Y me dice estúpido,
que no sé que cosa estoy haciendo desde hace un rato.
“¡Ridículo!” Me ha dicho ridículo y miro a ver qué piensa la
gente que seríe, no sé si piensa esta gente que me
piensa.

Me tiran un libro. Lo recojo para gustarle  a la gente. Me lo
lanzan de nuevo. La gente se rié y yo me río con ellos. Ja,
ja, ja. Y me lanzo por la ventana, y mientras caigo cruzo
las piernas para ser un amasijo de carnes que le guste a
la gente. A la gente le gusta que uno muera en Redondo.
Y me muero. Ya estoy muerto.  Y soy ahora la verguenza
de Dios, y limpio el sillón donde se le sientan a la
izquierda y no sé si pedirle infierno o pedirle paraíso. No
sé en fin de cuentas lo que piesa la gente.

Es primavera y estoy parado ahora en medio de la 42 y la
5ta. En la misma esquina pero con distinta suerte. Estoy
muerto.  Alguien me empuja. “!Imbécil, no ve que la gente
está caminando hacia la gente?” Imbécil tú que tropiezas
con un muerto. Ha llegado el sonido, las ahorita bípedas
criaturas silentes echan a hablar y no distingo si les
gusto o no entre tantas voces de gente: “ayer comí”, “el
vómito del tipo”, “una tienda”, “sí, de escamas”, “estuvo
bien”, “¿hay sendas?”, “y se llenó de espumas”…

Y la gente camina. Hay gentes por todas partes. Y yo giro
mirando. Y yo giro buscando. Y yo giro ofreciendo. Y mis
pies comienzan a rajar el asfalto. Y me ciño a la calle. Y
me entierro. Y se me abren las páginas del cuerpo y
sobre ellas me cae, como marcas en piel, todo el
murmullo de estos seres que pasan y son ya, desde
aquel día que lloré en silencio ante la verguenza de mi
nacimiento, los protagonistas de mi mundo.

Navidades-2003.