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Una apuesta segura.


     
        César Vallejo in memoriam.

Morirás encima de la tumba, para que no temas el viaje ni te moleste el camino. Para que tus
enemigos no tengan tiempo de exponer odios a tu paso y le esté vedado a tus amigos catapultar
flores sobre tu  piel. Morirás justo al lado de tu fosa para que nada falle. Eso es saber apostar
seguro. Tío Ramón llegará a tiempo desde Rabat; la prima Aurelia podrá cerrar su tienda y
verificar que no le hayan hurtado un centímetro de tela. Rubén cancelará una cena de trabajo, no
sin antes ir personalmente a disculparse: “Ha muerto un familiar cercano. Lo siento mucho. ?Me
puedo llevar las flores de la mesa? Es que no alcanzo a pasar por el mercado”.

Rubén, con el compadre Rubén, mientras vivías, la familia siempre tuvo una relación
cronométrica. Exacta en tiempo. Fuera de lugar. Una cruel, rebajadora y humillante relación
cronométrica.

Discretos todos los parientes, sobre la tumba (“tu tumba”, debía haber dicho desde el inicio sin
importarme la cacofonía. Pero hasta yo quiero un texto seguro, sin riesgo, ?por qué la
mediocridad es tan buena anfitriona?), agradecerán ese tipo de vínculo impotente y seguro.

Todo quedará bien. Tiene que quedar bien. Así que nada de prensa. Seguridad. No se puede
arriesgar nada o se pierde esta muerte discreta. Esta muerte útil. Con una condición Rubén. Ya el
muerto está muerto. Por favor, que nadie se entere del trato que teníamos. Quizás sea bueno que
salgas un tiempo del país. Quizás es mejor que ni regreses. Y llévate también a tu sobrina por
favor. Hay que cuidar que  no queden  huellas. Y por supuesto, ningún papel. Dile a Margarita que
vaya a su cuarto y lo queme todo.  

Ni en París ni con aguacero, como soñaba su muerte el poeta peruano. Tú morirás un día primero
de julio, el mes de las revoluciones feroces y de las claudicaciones. El mes donde el norte celebra
su independencia de una manera muy segura, como a tí te gustaba: con fuegos artificiales. La
caja roja, la caja roja Margarita.

Morirás lejos del mar, en tierra seca; encima del almacén de los olvidos morirás. Voy a tratar,
porque lo mereces, de que crezca un olivo a tres metros de tu muerte. A tres metros exactos, no
tengas miedo. Y un oasis con Evian water, una marca segura, libre de olas, de vientos, de
angeles. Agua de Evián: la que no se contamina.

Tu jefe ya canceló el tributo que debía ofrecerte el coro de niños de Harlem y el Soul-Blue
Bandgrass de Rouge City. Nada de improvisación ni aquella tontería de ángeles inspirados. Un
nacimiento seguro debe llevar a una niñez segura; y a una escuela segura (niños tontos, pero en
la escuela; infelices, pero capaces de reír), y a una vida segura, y a  una muerte segura y a un
velorio seguro que termine en un enterramiento seguro.  Y el recuerdo, ?debe ser seguro
también?. Margarita, ?ya lo hiciste? Es la caja roja que tenía escondida debajo de los abrigos.
Busca bien, hacia la derecha del armario. No elijas nada, quémalo de una vez que esa loca
muerta lo pudo salvar. No te vayas del fuego hasta que estés segura de que todo es ceniza.

Ni un verso, ni una imagen, nada que falle. Sera muy segura tu iconografia. La idea de labrar una
lápida con tus lienzos claros fue atacada. Parecieron demasiado alegres. !Qué va a decir la
gente!. Habrá una reunión, sobre el tres de Julio, para trazar un plan que certifique ante la gente el
dolor que se siente por tu muerte. La demostración del dolor tiene que ser segura, convincente. A
mí me preocupa él; me inquieta su indiferencia. Habrá que  exigirle que llore, que esta vez se tire
de arrebato. Hay que sacarle algún dolor, alguna pasión. Aunque tengamos que pagarle Ernesto,
aunque tengamos que darle un tercio del dinero, pero hay  que convencerlo. La gente tiene que
verlo llorar.

Tu muerte será segura. Cronométricamente segura. Nadie puede violentar el orden. Ah Ernesto,
también hay que evitar que venga su amiga, y por supuesto, aquel otro no puede ni enterarse.
Que él no sepa de su muerte. No queremos un show, exageradas muestras de dolor. Mira que un
sufrimiento fuera de tono nos puede echar el plan a perder. Así que ya sabes: las cosas como
hemos planificado.

Tendrás un funeral seguro. Una muerte a la altura de tu vida. Una muerte seca. Ernesto, tú que le
conoces desde niño, habla con el forense para que nos de derecho a enterrarla una semana
después. Debemos tener tiempo para planificar. No te preocupes, que el tío Franco tiene un
almacén de formol. Una muerte segura te espera un día temprano de Julio. No habrán sorpresas
ni improvisaciones. Ya está planificada tu palabra., tu imagen  y tu canción.

Segura será la oración que te acompañe. Ni verso, ni augurio ni confesión. Solamente, sobre tu
cadaver, más blanco que el blanco, esta segura y cronométrica inscripción: “Aquí yace una
persona querida. Sus familiares y amigos no la olvidan”. Un fragmento del Ave María tu música. Y
para cerrar una foto; opaca, clara, marcial.

Ahora lo único que preocupa es el recuerdo. No habrá muerte segura si aquellos poemas siguen
dando fondo a las pisadas de las gentes. !Margarita!, ?de veras que le diste fuego a la caja?
Pero me da igual. El muerto no puede hablar y voy a desmentir cada verso inseguro, cada
insegura imagen, cada sonido. !Margarita!.

No morirás en el cielo, ni en el mar. ?Dónde? No lo veo bien. Quizás ante un altar, en una cama;
probablemente en un resturant. Después del pescado servirán un gran postre. Y un brandy con
chocolate te ayudará a cerrar. Un cigarillo, veo un cigarillo: el humo de al lado te hará el estómago
estallar. Una muerte segura, ya ves, una muerte harta. Una hartura harta de estar harta que,
eternamente, te expiará la pobreza y la culpa. Y si muere de asfixia diremos que un soplo de
angel se amotinó a la entrada de sus pulmones. Y si muere de sed diremos que un vendabal le
arrancó las copas húmedas que los dioses les heredaron. Y si muere de un desenfreno de
chancho afirmaremos, rotundamente, que murió como muere una joya, víctima de una perla que
se le atravesó después de besar una ostra salvaje encestada en  el Mar del Japón. Tonto de
muerto. Imbécil de muerto que por poco nos desasegura la historia. El muerto, respetables
dolientes, no solo tenía un apetito seguro, sino también una hambre segura y un estómago
seguro. Nadie recuerda un gesto obsceno del muerto. Eso, seguro seguro.

El miedo a la pobreza se cura con pan, manteca, cuellos y savia brutal. La profecía más segura
que para la muerte segura se pudo inventar: “Cenarás por siempre”. “?Por siempre amarás?”.
Que bueno que habrá muerto para cuando regerese. Que bueno que se estará pudriendo cuando
el brillo inunde. Por fín. Estamos a salvo con esa muerte. Estamos seguros. Seguros.
Elaboraremos una historia para salvar al  muerto. Una segura historia de sacrificio y abnegación.
Quien morirá estudió cada segundo de su vida. Tuvo una biografía ejemplar. Amaba a los
animales. Recogía dinero para los enfermos de SIDA. Eso, a pesar de que nuestra familia
rechaza las promiscuidades. ?Verdad Margarita? Eso se puede negar nada más revisando los
testimonios dejados en la caja roja. Pero la caja se ha quemado. Que mala suerte. El muerto está
seguro. Nosotros estamos seguros del muerto con el muerto bien muerto. Era tan bueno…

Una muerte segura para una vida segura. Y un andén seguro, y un viaje seguro, y una historia
segura con apócrifo final. Y un calcetín seguro, y un diario seguro, y una pregunta segura. Y un
enigma resuelto.

No morirás en París, ni habrá en tu muerte lluvia ni aguacero. Ni jóvenes en tu panteón, ni peces
en tu zanja, ni sonrisas en tu leyenda, ni alegrías de amigos, ni flores en el huerto. Ni vida, ni vida,
ni vida. Ni vida interesante. Solo muerte segura. Morirás en fecha, a punto. Maquillada, olorosa
(“Ay, si parece que duerme; está igualitica, solo que más pálida), con un seguro golpe de tierra
sobre tu frente. Te salvará una figura de yeso en la esquina y el rezo de una vieja andrajosa en el
patio de un bar te será fiel. Dios te dará esa única lealtad, sin revelar su nombre..

Emilio Ichikawa.
Mayo-2004.