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El impetus
“…porque estamos cosidos a la misma estrella” Costura de lino Herraje en carnes Fundidos fuimos en un viejo horno andaluz.
La leyenda del beso comenzó en un bar irlandés de Manhattan. Un día de enero. La cesta de pan fue barrida por tus manos. Los labios se aliaron encima de la mesa. Hace ya tiempo de aquella embestida. Después hubo besos por toda la ciudad. Frente al semáforo, a la entrada del metro, en el muro de azúcar de un discreto café.
“… porque las estrellas están quietas esperando un impulso”
El inicio del amor lo explica el griego antiguo: un beso solo puede moverse si recibe el impulso de otro beso. Esa fuerza que se comunica de un ser a otro, el ansia de amar que se derrama de un alma capaz a un alma que espera.
Occam aseguró, sin embargo, que el impulso podía cobijarse por el cuerpo receptor de una manera propia. El alimento que se deposita en el labio llega después, por arte amatoria, a convertirse en savia apropiada.
“…porque es el amor la fuerza que inspira es la musa y es el guardaespaldas”
De ahí que el angel del amor aparezca con un arco y una flecha. El impetus no es una fuerza prestada, es un cese, un pedazo de mundo que se pone a florecer, ya como propio, en los huertos de la persona amada. La flecha que sigue su rumbo sin depender de la cuerda tensa que le sirvió de rampa. El camino.
Buridán explicó así el movimiento de los cielos. El nuestro, ese azul, no es un cielo estático ni un lastre que anda a remolque. Tampoco un cielo ajeno y solitario como aquel lobo de tu primera juventud. Hay una potencia divina en cada cielo que no puede ser gobernada ni por su opuesto, y eso se comentaba, a escondidas, en cada rincón de la Universidad de París.
“Te doy el impetus de mis maestros guardo para tí la fuerza de cada uno de mis viejos cófrades la mano amiga de Nicolás de Oresme el puerto elástico de Alberto de Sajonia”
No te quedes parada, destroza toda la inercia que escamotea el rumbo. Ven a mí piedra rosa, hueco ventoso. Ven a mí, a nosotros, que la costura estelar es ya incuestionable. Muévete, ponte este amor en la cintura que, como dices, hay en todo este andar impetuoso algo fuerte, muy fuerte.
Marzo y empezando semana. 2004.
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