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Dialéctica del dolor.

                      para Velia y Gastón.

El diálogo que voy a referir pudiera ser clasificado en una biblioteca con una pluralidad de
entradas: medicina, estudios culturales, patologías tropicales, sociolinguística… no sé; una
decena de posibilidades se me ocurren para atrapar esa ocasión.

Lo escuché, extasiado de admiración, en casa de una amiga que hoy enseña sociología en
México. En un acogedor comedor de una no menos acogedora mansión de la barriada habanera
de El Vedado. Ella se llamaba Ilona, y la autenticidad de su nombre está a prueba de cualquier
aguacero. Vivía, lo confirmo, en El Vedado: en El Vedado de verdad. No en ese  imaginario que
cada uno trae al exilio con ganas tremendas de remendar el pasado.

La casa había sobrevivido a todas las amenazas y enfrentaba por entonces la más radical de
todas: unas raíces de laurel hinchadas de melancolía y aburridas de oscuridades subterráneas.
“Para sombra, la mía”, debió haber pensado esa mata con poder urbano.

Supongo que veo una señora muy pícara llegar a la sala de la casa. Supongo que mira con sigilo
y que la hija, Ilona, mi amiga, le sorprende: “Mamá, ?dónde estuviste la última semana?. Hace
como ocho días que no sé de tí”.

Supongan que es cierta la duración de la ausencia porque no cabe discutir la veracidad de su
excusa:

-Ay mijita, me tuve que quedar en casa de tu tía Isabel porque me dió una cosa.
-Pues tienes que cuidarte Mami, mira que a tu edad, y escuchando tanto los jaleos de Radio
Martí, te puede dar una fatiga.
-Pero yo te dije que me dio una cosa, no una fatiga. La fatiga es cansancio y la cosa…
-Si mami, ya no empieces con lo mismo. Yo recuerdo lo que es ese ataque que a tí te da de
repente, es muy feo.
-Pero no es de repente. La cosa te viene más despacio y con un calambrito a veces muy rico,
hasta que se hace insoportable. Ese ataque que tú dices es un soponcio.
-Sí claro, soponcio. Y después se te viran al revés los labios.
-No Ilonita, no se te vira ni se te retuerce nada. En la cosa uno queda igualitica. Lo que tú dices
es una sirimba..
-Mami, no me hagas quedar mal delante de mi amigo que yo sé de lo que tú padeces. Yo
recuerdo bien esos achaques tuyos desde aquella vez en que empezaste a dar saltos en la silla.
-Sí, eso fue el día que tu padre me dijo que se iba a dar un viaje de un mes. !Pero aquello no fue
una cosa! Lo que me dio aquel día fue un titingó.
-!Qué risa!. Me acuerdo como si fuera ahora mismitico.Y después te pusiste más rígida que un
pan del jueves.
-No, nada de rígida. El día que me quedé tiesa y pálida fue cuando tu abuela se puso a bailar
después de un lustro sin caminar, lo que me dió entonces fue un síncope. Por poco me muero.
-?Pero lo de la palidez no vino cuando te duchaste después que Miguel te trajo la docena de
tamales que te zampaste de un tirón?.
-Bueno, ese fue otro día. El día de la embolia. Casi me voy hijita, pero de palidez nada. La
embolia es como si te embalsamaran de igual para ídem. E inmediatamente, en la cama, pasé
de la embolia al terepe; porque tu padre se puso a prometer que me iba a decir no sé qué
verdad. “La verdad de la verdad”. Imagínate, la verdad de tu padre. Mejor que me diera la cosa y
punto.
-Sí mamá, la cosa. Esa misma que te dió en casa de tía Isabel y que te tuvo una semana fuera
sin venir a verme.
-No te hagas la inteligente conmigo Ilonita. Es por eso que no me gusta discutir contigo. Yo creo
que si sigues así, en vez de una cosa lo que me va a dar es un patatú. O peor que peor, me voy a
volar en pedazos, como Cuco, que según Ariel murió del sirimbazo de las nueve.
-Uf, ?ya ves como es mami?. Te lo dije, muy buena, pero discutiendo también muy terca. A lo que
más se puede aspirar con ella es a empatar.
-Sí, es tremenda…
-Tremenda nada mijito. Que esta hija mía es igual de protestona que la mayor. Con todo y que
vive en el extranjero, no deja de vigilarme para nada. !Y después dicen que los milicianos y que
los chivatos! Al paso que vamos, una no va poder ni morir en paz.
Bueno, mijo, que la pasen bien. Y no le hagas mucho caso a Ilonita que ella desde que come
picante, se cree que es María Félix. Un beso…ciao… ese sinsonte cubanoooooooo, ese mártir
hermanoooooooo, que Martí se llamó, ay se llamóoooooo.

Emilio Ichikawa.
Junio-2004.