XXVII.

Hoy conocí a un hermoso matrimonio: ella, Ch., llegó a Estados Unidos por “inspiración”. Nada
que ver con la agitación castrista; él, B., un americano feliz y amorosamente “cool”.

Su Pen-House se eleva, elegante y modesto, sobre el delta del río de Miami. En la tarde
salían las embarcaciones de Fort Lauderdale, que habían tratado de vencer por convencimiento
en el Boat Show del fín de semana. Miro el parque nacional, los albatros, pelícanos y
gaviotas; es kitsch, pero también lindo: un delfín corre riesgos entre las popas y proas de
los barcos. El bosque de mangles es un paisaje de Tomás Sánchez en tercera dimensión. El
anochecer toda una conquista.

Me entretengo revisando un libro que me parece un contrasentido. Se trata de la World
Enciclopedia Naïve Art (Belgrado, Yugoslavia, 1984). Reviso el “canon naïve” Cuban:

-Feliciano Iglesias y Acevedo (Orense, Galicia, 1898).
-Armando de Armas (1904).
-Mario Bermúdez (Matanzas, 1923).
-José Antonio Cedeno.
-Benjamín Duarte.
-Silvio Iníguez.
-Ruperto Jay Matamoros.
-Rafael Moreno.
-Gilberto de la Nuez.
-Benito Ortiz.
-José Rodríguez y Saurina Alejandro.
-Simón Valdés.


NOTA: En 1976 Armando de Armas representó a Cuba en la Expo de Jamaica: “Eleven Cuban
Primitive Artist”.

La amable Ch. Me contó que tuvo una tía muy melancólica. Su madre, por el contrario, era muy
alegre y le adjudicó a su hermana la definición de melancolía más convincente que conozco:
“Ella acaricia las penas”. Me contó también que cuando era chica, y no quería comer, su madre
trataba de convencerla diciéndole que había muchos niñitos, en Europa, que no tenían un
bocado que llevarse a la boca. Imagino la escena: “Baby, si Heinz o Michelle tuvieran esos
frijolitos, seguro los devorarían”.

(North Miami Beach, febrero, 2004).