Preguntas al escritor Ricardo Sumalavia.


1-En el Encuentro de Culturas Trasatlánticas (un Homenaje a Carlos Fuentes) que compartimos
en Brown University (Providence, Rhode Island), en abril de 2002, te escuché establecer algunas
diferencias entre los jóvenes escritores limeños y otro grupo que pudiéramos identificar, sin
sentido peyorativo claro está, como “de provincias” o “del interior”. Esa división, por cierto,
también se utiliza en Cuba, aún cuando casi todos nuestros escritores residen en la capital
habanera. Recuerdo que afirmabas que, mientras ellos (los de provincias) poseen los temas de gran
densidad histórica, como la violencia o el tráfico de drogas, los escritores limeños van más a
temas existenciales cotidianos (tu libro Retratos familiares es un ejemplo) y al desarrollo del oficio
de escritor.

¿Pudieras abundar un poco en esto?.

R: Sucede que en las provincias todavía mantienen la premisa de la narrativa con compromiso social y que esta
es la mejor manera de mostrar los problemas que  aquejan a sus comunidades. La intención puede ser valida,
eso no lo discuto, pero no estoy de acuerdo que para conseguirlo vean al lenguaje como algo funcional y
sacrifiquen todo valor artístico de sus textos. La literatura escrita con buenas intenciones no siempre es la que
resiste los años. Yo creo que una salida muy buena es la que practican los que escriben novelas policiales en
América Latina. Hablan de problemas sociales muy graves, pero estos articulan el texto de tal modo que
armonizan lo estético (digámoslo así) con su interés de denuncia.


2-De una manera u otra un escritor siempre pertenece a un linaje. Cuando no, o cuando duda,
sencillamente se lo inventa. Es un referente que otorga seguridad por pertenencia, o da energía
como objeto de cuestionamiento. ¿Cómo te ubicas tú respecto a eso que llamamos literatura
latinoamericana?. ¿Qué tipo de relación estableces, o establece tu obra, con el trabajo literario
de Mario Vargas Llosa?

R: Dentro del Perú mi narrativa es algo atípica, pues no sigue los lineamientos de una narrativa donde lo social es
determinante para su construcción. Me siento más cercano a autores como César Aira, que admiro tanto; a
Sergio Pitol; Bolaño y todo aquel que asume la creación como un punto de crisis del propio lenguaje y el acto de
ficcionar.
Esto no quiere decir que no me gusten las novelas de Vargas Llosa o no haya aprendido nada de ellas. Fueron
valiosas en mi formación, pero no pretendo (y quizás no pueda) escribir como él.

3-En tu caso se da una suerte de “bicefalidad”, para hablar en términos heracliteanos: eres un
creador, digamos un artista, y además un profesor; con reconocimiento en la academia
norteamericana. ¿Cómo conjugas ambas faenas?.

R: Tengo que confesar que podría ser hasta tricéfalo, pues a las actividades que mencionas podría sumar el de
editor de autores jóvenes. Y más cabezas irían apareciendo  si tomas en cuenta mi labor de difusor de la
literatura coreana. En fin, a pesar de hacer muchas cosas (todas con gusto, claro), creo que las pueda conjugar
porque todo siempre, de alguna manera, lo vinculo con mi creación. No hay paso que dé que no tenga ver con lo
que escribo. Es aprender a escribir ficción desde otras disciplinas.

4-Sé que tienes intereses investigativos, al menos filiación institucional, en el ámbito de las
culturas orientales. Sin embargo, no percibo en tu literatura una presencia constante de ese
mundo. ¿Es cierta mi apreciación?, ¿no puede darse una relación más intensa en el futuro?

R: El mejor halago que me han podido hacer sobre mis libros fue el hecho por un profesor japonés, que lee muy
bien en español, y tuvo la oportunidad de tener mi libro de cuentos Retratos familiares. El me dijo que tenía la
impresión de estar leyendo narrativa japonesa, pero sin que se mencione para nada el mundo oriental. Yo
también lo veo así. Trato de aprovechar las estrategias de la narrativa y poesía de Oriente para mis cuentos y
ahora en una novela corta que acabo de terminar. Ahora sí de un modo más evidente, pues es necesario para lo
que quiero decir.

5-Por último, quisiera hacerte una pregunta muy personal, ¿tienes alguna relación intelectual con
lo que llamamos “temas cubanos”?. ¿Te interesaría visitar Miami, además de La Habana, por
supuesto?.

R: Más que una relación intelectual, tengo una relación amical con lo cubano. Su literatura es muy rica y la leo
con atención. Es una sociedad que me atrae y me intriga. Trato de ser objetivo con la que pasa allá, porque no
creo que sólo haya ángeles y demonios. Te hablo sólo de La Habana, que es la ciudad que conozco. No he tenido
la oportunidad de ir a Miami, que me imagino será otro mundo. Y claro que me encantaría conocer Miami.



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