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Entrevista al artista Ramón Williams 

Miami (RM)-Ramón Williams es un artista que conoce el oficio y, además, lo que se escribe y dice sobre el oficio mismo. Es un observador agudo del mundo en que vive, por lo que RM conversa con él sobre temas diversos, sin un guión establecido.

Radiografía Mundial: Por estos días te han hecho varias entrevistas y comentado tu obra, pero igual nos gustaría saber sobre tus últimos pasos. Por ejemplo, dónde te has establecido, en qué has quedado con la ciudad de Miami, cómo te va...

Ramón Williams: Estoy aquí, es un hecho estadístico y una sensación al borde de lo innegable. Miami  y yo no nos guardamos reproches en una escala digna de documento. Esta ciudad y la parte mía que dialoga llegamos al tácito acuerdo de no hablar demasiado del asunto, nos sobrellevamos entre las malas noticias mundiales y el drama (o disfrute) individual secreto de cada día

RM: Un día definiste la que probablemente es la frase más cara en la historia de la escritura moderna: "Tengo un arma". Ese hallazgo, además del sentido del humor, muestra una aguda apreciación del poder de la palabra. ¿Cómo te llevas con la literatura?

RW: Cierto, no se me ocurre poeta mejor (o más rápidamente  remunerado) que esa mujer que asaltó par de bancos Wachovias con una frase así. Lo único que se le acerca en pegada  como autorreflexión literaria y poder generador de divisas es aquello del verbo en el principio, o lo de la Gran Explosión y la voz del ohm in crustada en la materia. La literatura, Miami y yo convivimos en el mismo edificio de circunstancias, armonizamos sobre las digresiones de cadera de la geopolítica o las exquisiteces de la tecnología  o de la introspección. Nos va y eso es importante en el curso palpable de las cosas. 

RM: Es muy curioso el nivel que algunos pintores han alcanzado en la "demiurgia verbal", es decir, en la invención de palabras, en los juegos de lenguaje. ¿Cómo ves la relación entre la composición de palabras y la composición de imágenes pictóricas?

RW: Las dos viven de la forma, ambas pueden ser asumidas o transgredidas cuando ves cómo se agolpan unas a otras y no te matan sino que te ayuda en la redefinición de los  nortes y refrescan la existencia (o su representación) con cierta luz y constancia extra-pictórica y extra-literaria. Descanso de unas formas cayendo ya en el sopor (te) de las otras. El tránsito es tan sencillo como su "accidente controlado".

RM: Alguna crítica que he leído sobre tu Trace Crop Off señala, junto al nexo con cierta filosofía contemporánea, un valor en el ámbito de lo que en la estética más tradicional se llama "belleza". ¿Puede leerse tu obra en el marco de "lo bello"? ¿Aceptas ser entendido en un ámbito clásico de composición, balance, belleza…?

RW: "Lo bello" viene a depositarse bajo el tronco de nuestra lengua totalmente preñado de equívocos intencionados y desvaríos sin firma. Veamos lazos: Bello, vello, velo, veo…Demasiada la resonancia para márgenes de casualidad. Prefiero lo bello, de elegirlo, como categoría en movimiento cuyo énfasis viviera en  el vaivén de lo históricamente dicho y lo individualmente indecible. No tengo patrias con la afamada belleza  por más que excavo sentido en cualquiera de sus tierras. Sólo acepto "ser entendido en un ámbito clásico de composición, balance, belleza…" en la medida que resulta inevitable como predisposición histórica, cíclica, centrífuga. Acepto la perspectiva de la inmanencia de lo bello cuando es el camino más claro a su negación, es decir, a su descubrimiento entre mortales. Acepto su asecho e influencia, no así su determinación sobre uno u otro modo de expresión. Los clavos de la belleza producen el sosiego de la fijeza y a la vez cierta incomodidad cinética, la inercia de cambiar con el mundo.

 

 RM: En el mayor momento de complejidad estamos viviendo también un momento de definiciones gremiales. Se marcan como sectas los "académicos", los "historiadores", los "periodistas"… ¿De qué grupo te sientes más cercano, de los diseñadores, de los pintores, o prefieres ser considerado simplemente artista?

 

RW: Hablamos aquí de super-especialización versus versatilidad. Me parece opcional permanecer obrando con los mismos medios y de una manera de empleo u estilo semejante toda la vida. Es algo tan ligado a las exigencias de los tiempos como a la subjetividad del que obra. En mi caso ocurre la segunda opción. Me desentiendo de los dogmas del gremio provisional, salto el muro de los lenguajes y  registro en el espectro de lo representable hasta donde me dan las ganas, la libertad, las neuronas, el presupuesto... No exijo garantías donde hago experimento ni aguardo aplausos si comento aquello que algún poder intenta acallar. Voy al encuentro de  magisterios que no reclaman dominio (domain) absoluto sino cierta conectividad acrecentada entre las partes que arman el conjunto de lo perceptible. El resultado tendrá un nombre o no. Viajo y en cada lugar tienen unas palabras, una figura  por estampar en lo que acordaremos llamar mis maletas feudales. Creo que una respuesta dada (no dadá), la más ambigua y definitiva, quizá  puede leerse en el nombre mismo de esta entrevista: "Preguntas al artista…" Igual, ¿Cómo olvidar a Foucault o al negro viejo de mi padre? ¿Hay alternativas al reciclaje del palenque, los instrumentos del cuarto oscuro de la cultura o del mismísimo embrujo de  Photoshop? Cómo se escoge un barco.

 

RM: Ahora una pregunta fuera de récord. Si quieres la respondes. Y si la respondes y no te niegas la publicamos. ¿Es cierto que hace poco alguien te llamó ofreciéndote ahora mismo buenas posibilidades de crear y exponer en Cuba?

 

RW: Todo se registra en algún lugar, hasta lo inconfesable. Descuartizo el avestruz en mí a medida que alimento el fénix, la publicamos: 

No es cierto que alguien me llamara para ofrecerme  tales "buenas" posibilidades en Cuba. Digamos, con otro poco de imaginación, que me veo creando (en mi bola  no está muy claro, con la vigente chochera de los bandos, si "exponiendo") en una azotea en La Habana, igualito que de diseñador en discoteca innombrable  en South Beach o reportero "artístico" al margen de un río en Myanmar (no Miramar). Pero no, no he recibido ofertas ¿ética, estéticamente? irresistibles. Hijos y ancestros cuento en las dos orillas y  cuanto creo, crío, hago y digo va al encuentro de su identidad sin demasiada cuenta de las resacas de occidente y la deriva de sus especulaciones. Me muevo, me detengo, medito y vuelvo.

¡Salve el cambio, tengo un alma!