Entrevista a Ramón Alejandro a propósito de Louis-Ferdinand Céline.
Ramón Alejandro es un artista. Pinta y dibuja con maestría, pero igual porta un credo, una filosofía antigua,
una cultura bien sedimentada. Es editor (su Editions Deleatur publicó a notables escritores), viajero,
polemista. Ramón Alejandro ha podido consolidar una visión integral de la cultura Occidental en sus intra y
extra-relaciones. Por estas razones un diálogo con él, bajo cualquier pretexto, puede aportar claves para
entender los tiempos que corren. En este caso el pretexto es la re-lectura que hoy se hace de la novela de
Louis-Ferdinand Céline Viaje al final de la noche. Se trata de un regreso de mucho interés para los lectores.
1. Hace un tiempo el cineasta Orlando Jiménez Leal me habló de cosas que debían estar
sucediendo. Por ejemplo: revalorización de Sartre; decidido reconocimiento a la influencia de
Celine en la literatura latinoamericana... Supuse enseguida que si alguien podía entender el
“asunto Celine” era Ud., que conoce desde los `60 el mundo intelectual francés. ¿Cómo llegó al
escritor?.
Lo leí en los primeros tiempos que pasé en París. Vivía entonces en hoteles muy baratos en los que
generalmente no podía permanecer mucho tiempo por ser sus cuartos demasiado exiguos, de ese Paris que
ya casi no existe. Muchas de esas edificaciones han cedido su lugar a edificios más modernos, menos
miserables. Era el 1963, 64, 65... Había entonces enormes barrios populares llenos de argelinos. Las
fachadas eran sucias, París era negro de hollín. Yo iba a leer a los cafés del Boulevard de Montparnasse, casi
siempre al "Sélect" que todavía existe. Allí leí Camus, Sade, Kazanzakis, Sartre, Lautréamont, Bataille,
Teócrito y mucha literatura de la antiguedad, y además todo lo que flotaba en ese ambiente noctámbulo. Leía
todo lo que me recomendaban. Porque mucha de la razón de tanto leer era el aprender el francés
correctamente. Me esforcé por no leer nada en español durante quince años seguidos. Andaba siempre por
esa zona porque mi centro de actividad "profesional" digamos, era el taller de grabado de Friedlaender, un
judío alemán que me acogió muy cariñosamente en su taller sin cobrarme, como solía hacer con los demás
grabadores que asistían. Su principal motivo para aceptar "alumnos" era el que ellos sufragaran los gastos de
su taller que le salía así gratuito a él. El no pretendía realmente enseñar pues era muy celoso de sus truquitos
técnicos, mas bien hacía todo para que los supuestos alumnos no aprendieran nada de lo que él sabía. A mí
eso me venía de lo mejor porque no me gustaba mucho lo que él hacía. Así que vio con alivio que yo solo me
interesara en dibujar directamente sobre la plancha de cobre con una punta de acero. A eso se le llama
"Punta seca". Friedlaender me llamaba "Cuba" como apodo y todos allí me llamaban Cuba. Se veía que mi
presencia le era muy grata y mi buen carácter le alegraba el taller porque los otros grabadores eran mas bien
siniestros o muy neuróticos. Había un comunista español que luego llegó a ser diputado de las Cortes
españolas después del fin del franquismo. Pero se me olvidó su nombre a pesar de que me entendía muy bien
con él. Sin embargo allí conocí a Alighiero Boetti y con él hice una gran amistad que duró hasta su muerte en
marzo del 1994. Él llegó a hacerse muy famoso inventando el "arte povera" y se metió de lleno en el rollo
conceptual. Es uno de los artistas más inteligentes que yo haya conocido personalmente. Si no me equivoco
fue su mujer la que primero me recomendó leer a Céline. Los otros artistas también me recomendaban
autores franceses viendo mi curiosidad e interés por la literatura y Céline fue uno de los que me recomendaron
con mas ahínco. Conocía a muy pocos franceses por ese entonces, la mayor parte de mis relaciones eran
con otros extranjeros que pernoctaban en esos cafés que permanecían abiertos hasta por la madrugada y
estaban llenos de marginales, estudiantes y todo tipo de gente de paso, mucho loco por la literatura y las
demás artes, era la época de los "beatniks". Saint Michel y Saint Germain eran barrios bastante pobres al
nivel de las calles si bien los buenos edificios estaban llenos de familias burguesas, pero merodeaban por
fuera de ellos los vagabundos, y todavía se sentía la llamada "Après guèrre", las secuelas de la segunda
guerra mundial eran todavía muy sensibles. Había mucha vida de café, mucha salita de cine, mucha librería. Y
por la noche mucho ligue homosexual al rededor de las meaderas o "vespasianas", como les decían, que
existían en abundancia por toda la ciudad. Eran de varias plazas, generalmente tres, pero siempre sobresalían
por debajo de la valla protectora para impedir ver lo que pasaba adentro; más pares de pies que el número de
plazas disponibles. Paris olía a meado por aquel entonces.
2.Pero insisto en lo afirmado por Jiménez Leal, ¿hay insuficiencia en la aceptación de la influencia
de Celine, incluso de “lo francés” en el ámbito latinoamericano? ¿Crees como la mayoría de la
gente que se debe a un prejuicio político?.
Lo que de verdad no estamos dispuestos a reconocer es otra cosa más importante y más grave para
nosotros. Es el hecho de que no somos parte integrante de Occidente como queremos creer que somos. Los
hechos demuestran que no nos consideran mas que como un apéndice atrofiado de la civilización europea, y
no un retoño vigoroso como el norteamericano. Somos una rama que se fue a menos. Las élites de nuestros
países se hacen los chivos locos y consideran que son occidentales, es decir, que participan del prestigio de
"occidente", porque saben que en el corte vertical de nuestras sociedades, esa rama podrida empieza por
debajo de su clase social. La alta burguesía se cree occidental y sabe que de ella para abajo en sus propios
países comienza otra civilización. Una civilización condenada al fracaso y abandonada por ellos a la
evangelización de los fanáticos protestantes de los que esperan que inoculándole a las masas (que ellos
consideran incultas porque ni siquiera conocen su cultura autóctona) el virus de la “american way of life” que
comienza por el protestantismo y continúa por el uso cada vez más generalizado de la lengua inglesa, van a
"civilizar" este traspatio decrépito del mundo, ese terreno baldío de lo que fue un día el arrogante Imperio
español. Pero volviendo a tu pregunta te diré que es verdad que el latinoamericano está nutrido para bien o
para mal desde hace tres siglos, o dos siglos y medio por la literatura y el pensamiento francés.
Es normal que entonces Céline, quien provocó un gran escándalo con la confesión pública de su cobardía,
como otros lo provocan confesando sus vicios sexuales u otra extravagancia desde el punto de vista siempre
estrecho de la "normalidad" social, haya impactado igualmente a esos epígonos natos que son nuestros
intelectuales y artistas, siempre prendidos y chupándole las "mamelles", es decir las tetas culturales, a "La
France" En este terreno no se puede olvidar tampoco al anglo Faulkner y al cubano Novas Calvo. Ya
Carpentier en su búsqueda desesperada de una identidad propia se había nutrido de Novas Calvo con
provecho. Luego pasó con sus obras algo de esa sustancia a los del boom. Pero con menos efervescencia
que Novas Calvo que sin embargo no fue tan leído como él por esas cosas que suceden del mercado y la
crítica y toda esa maquinaria que se crea espontáneamente para ocultar talentos en vez de promoverlos y que
a veces se nombra "Los Intereses Creados", y que es tremenda maquinaria de moler el arte en general.
Destruye lo que pueda destruir a su paso para que los "hombres de letras" y los "pintores oficiales" puedan
medrar. Como en política los "generales y doctores" eliminan a Maceos, Martís, Mellas, Guiteras y Chivases
para poder atracarse con la riqueza nacional y seguir yéndose a Paris a hacerse los occidentales. En Paris
Offenbach los ridiculiza caricaturizándolos con gracia inventando ese personaje del rico brasileño de "La Vie
Parisienne" donde se muestra de manera bien brillante el desprecio que siempre sintieron por nosotros los
"rastacueros".
Es muy posible que Jiménez leal tenga mucha razón pero es mejor que se lo preguntes a un crítico
especializado. Yo leo por puro gusto y no soy estudioso en ese campo. Para mí todas las formas del arte son
placer inmediato y no rompecabezas investigativo. Acuérdate que soy pintor y la mayor parte de mi energía se
me escurre pintando, cuando me pongo a leer no quiero romperme el coco. Si entiendo algo es lo que se me
da naturalmente en la intuición.
3. En “Viaje al final de la noche” hay singularidades muy interesantes. Una de ellas es el profesor
Princhard que ya adelanta los temas “postmodernos”. Entre ellos la crítica radical de la Ilustración
y el nacionalismo. ¿Te simpatiza el personaje? ¿Cómo sientes el asunto de la relación entre el
pacifismo y el patriotismo?.
El profesor Princhard aparece y desaparece para siempre de esa novela en unas breves páginas. De la 63 a
la 71 de las Ediciones Gallimard . Sucede su aparición en un asilo para soldados que se desinflaron ante el
combate y esperan ser juzgados para ser reformados por enfermos, fusilados por traidores o vueltos a mandar
al frente de batalla del cual estaban tratando muchos de ellos de escapar haciéndose los locos. Es como el
propio reflejo en un espejo del mismo protagonista, es decir el autor de la novela, el mismo Céline, pero bajo
la especie de un intelectual, culpable a los propios ojos de Céline de todas las falsedades y vergüenzas que le
confieren el haber aprendido a manejar el intelecto. Céline tiene, entre otros tantos prejuicios, un enorme
prejuicio anti intelectual. Y le echa a ese personaje encima su propio desprecio o despecho ante aquel que
sabe manejar sofismas y enunciar sutilezas y matices con elegancia formal. Eso es para Céline "falso",
porque es "artificioso" y él pretende ser "emotivo" y por lo tanto "verdadero". Auténtico en su bilis y
resentimiento social. Te voy a contar una anécdota para que entiendas a qué punto Céline es ambiguo dentro
de la compleja maraña de sus sentimientos nacionalistas. Esto lo dice un tal Paul Chambrillon que testimonia
así: "Una tarde de verano, estábamos en el jardín de Meudon, con Albert Paraz, tomando el té, que es la base
de la alimentación de Lucette y su marido (es decir, Celine). Como a veces cuando se sentía rodeado de un
ambiente amistoso, Céline se puso a conversar despreocupadamente sin ocuparse demasiado de los demás
presentes. Se puso a recordar a los soldados de los años cuarenta de esta forma: "!Ah lala! Si hubieran
actuado como nosotros en el año catorce... En la boca del "Gran Lúcido" esto parecía extravagante, pero
nadie se quiso meter con él. Pero de todas formas en cierto momento, Paraz aprovechó de un silencio para
sugerir con su voz rota por la laringitis: Chico, es que a lo mejor ellos ya habían leído el "Viaje al Fondo de la
Noche". Céline se calló la boca... y se cambió de tema." En esta instantánea se puede ver que ese "pacifista"
acérrimo, que se enroló voluntariamente en el ejército a los 18 años, estaba orgulloso de sus heridas de
guerra y de su "Patria" francesa. Aquí podemos ver hasta que punto el sentimiento patriótico es irracional, es
una fé y antes que nada una emoción epidérmica. Como todo fenómeno afectivo es algo ambiguo y dotado de
dos caras opuestas, la positiva y la negativa, ambas son su esencia misma como las dos caras de la
moneda son la moneda. Y que no hay moneda que no tenga dos caras opuestas y de espaldas la una con la
otra. El resentimiento social de Céline es cosa natural cuando se ha nacido dentro de las clases
desfavorecidas de una República Burguesa como es Francia. Y si queremos sondear la profundidad abismal
de lo que esto implica tenemos que volver a leer "La Lucha de Clases en Francia" del genial Karl Marx que
describe admirablemente el crucial momento de La Comuna de Paris durante la cual se fraguó la
sedimentación social definitiva de la Tercera República en la que nació y vivió la mayor parte de su vida Louis
Ferdinand Céline. Y el orgullo irracional de su identidad francesa se entremezcla en el alma de este individuo
confuso intelectualmente aunque dotado de un sentido prodigioso de la lengua maternal, eso que él llama "el
estilo" con su también ambiguo amor y odio cuando habla de la civilización francesa y le reprocha no estar a
la altura de su glorioso pasado y de su frustrado glorioso destino. El no está contra el nacionalismo francés
como tu pareces creer, él lo que admiraba en los nazis y en el ejército alemán era la organización vigorosa y
eficaz para mantener los privilegios colonialistas e imponer al mundo nuevas conquistas. El admiraba la
organización y la determinación de ese formidable enemigo. Dice que las colonias se les empezaron a
escapar del Imperio Francés cuando se dieron cuenta de la debilidad de Francia con la derrota del año 40.
Francia se había debilitado según él, entre otras razones, con la ideología izquierdista del Frente Popular de
entreguerras. Por supuesto que se contradice a menudo. Céline confiesa no tener ideas ni interesarse a las
ideas, su objeto de estudio es la emoción, es decir básicamente el miedo. Su atención se concentra en
perfeccionar “su estilo" sin ocuparse del contenido ni de la anécdota. Lo que le repugna al profesor Princhard
es la hipocresía del humanismo iluminista. Que según él comienza con Goethe. Reconoce en el discurso
paternalista de los déspotas ilustrados el desprecio del pueblo envuelto en la vaselina del romanticismo
idealista, ese populismo de los privilegiados. Se da cuenta del engaño del elogio de los valores populares que
en realidad esconde el interés de utilizarlo para sus fines rapaces de clase dominante. La política es el arte de
agitar al pueblo antes de utilizarlo, como dijo algún otro lúcido por ahí. Puesto que yo recuerdo haberlo leído
en algún sitio. Dice también que la Vida no perdona a los débiles y tiene muchísima razón. Tu me preguntas
si yo me siento concernido por este discurso y te tengo que explicar antes como yo me sitúo frente a la
civilización europea para que me puedas comprender. Nosotros los caribeños estamos aquí de refilón, colados
en una fiesta en la que nosotros estábamos tan solo destinados a quedarnos en la cocina, o a la entrada
como palafreneros. Somos los negros caleseros de Landaluze en este cuadro. Yo comprendo las razones,
hartazgos y frustraciones que hicieron que la juventud europea de después de la primera guerra mundial se
lanzase en ese intento vano de recrear su cuadro cultural con ese fenómeno que se llamó el Vanguardismo.
Dada y los surrealistas y todo los ismos sucesivos. Lo que no comprendo es que nosotros que no somos
europeos nos pongamos a imitarlos en esas actitudes que les son propias y legítimas tan solo a ellos con su
sobrecarga de civilización encima de sus lomos. Porque esa problemática no nos concierne para nada. No es
nuestro problema. Nosotros adolecemos de falta de formas, ellos sufren de exceso de ellas. Nuestra actitud
ante la cultura no puede ser la misma que la de ellos. El nacionalismo francés no es comparable al nuestro.
La originalidad el nacionalismo cubano es única porque para Carlos Manuel de Céspedes la justicia social, es
decir la liberación de los negros esclavos, es intrínsecamente idéntica al deseo de soberanía nacional. Ni los
Estados Unidos ni el Brasil tuvieron esta característica específica. La Revolución Cubana, es decir, el
espinazo de nuestra nacionalidad, tiene como eje primordial esta indisoluble exigencia, no hay soberanía sin
justicia social. En Francia como podemos observar, la soberanía nacional fue una maraña con la que las
clases dominantes se aprovecharon siempre del sentimiento nacionalista natural a todos los pueblos del
mundo en su propio beneficio. Eso es lo que se llama una "República Burguesa". Cuba nunca llegó a poder
constituirse formalmente en una república de ese tipo porque nuestras clases altas, esos "generales y
doctores" y sus subsiguientes émulos de después de la frustrada revolución del año 30 siempre fueron
tácitamente anexionistas. Discretamente convencidos por lo bajo y con el mayor sigilo y subuso siempre
consideraron que la República Cubana era una cómoda escenografía en la cual fingir una independencia que
ellos mismos sabían mejor que nadie que era solo apariencia. El trasfondo era la integración económica
generadora de riquezas y bienestar material, para empezar, luego ya se vería como entrábamos a hacer parte
plenamente con Norteamérica. La finalidad era acceder al américan way of life con soberanía si fuera posible
pero sin ella si llegase el momento en que hubiese que renunciar a ella en aras del sacrosanto desarrollo
económico. Narciso López no está muerto. Ni nunca murió. Su fantasma anduvo deambulando por los lujosos
pasillos del Capitolio Nacional y el Palacio Presidencial durante los cincuenta años de esa independencia de
mentiritas, que se disolvió en el aire cuando llegó al Poder la Revolución que todavía lo tiene firmemente
agarrado en su puño. Sobre todo después de la sorprendente desaparición de la difunta Unión Soviética que
también se disolvió en el viento de la Historia. Hoy Cuba está magníficamente sola, firmemente asentada en el
sueño de soberanía nacional que la hizo surgir de las tinieblas de la Colonia Española desde los inicios del
siglo XIX. Y pagando el precio de su descomunal pretensión.
4. Hablas para el caso de Cuba de una pretensión histórica “descomunal”, como si no se hubiera
calculado bien la relación entre el tamaño de la fuerza y el alcance de la misión. ¿Aplica ese juicio
para juzgar la crítica radical del capitalismo que buscó la revolución?.
Cuando califiqué de "descomunal" la pretensión cubana, quise poner énfasis en algo que me parece ser
también específico a la Revolución Cubana. Y tiene dos aspectos diferentes aunque por supuestos ambos
estén relacionados entre sí. Y sobre todo son consecuencia de un factor fundamental en nuestro caso que es
la originalidad de la personalidad de Fidel Castro, quien ha sido el motor de toda esta última etapa que
culmina el proceso de afirmación de nuestra soberanía y que se desarrolla sin interrupción a la mayor
sorpresa general desde hace ya medio siglo. Pasando imperturbable entre los cambios espectaculares que ha
sufrido el mundo durante estas últimas cinco décadas. Estos dos aspectos de los que hablo son por una
parte una antinomia marcada entre la búsqueda de una mayor riqueza y bienestar económico, que es el ideal
de las sociedades occidentales, con la búsqueda de un ideal de igualdad y fraternidad llevado inclusive a
escala planetaria que cae dentro del campo de la utopía más descabellada. Entrando en el campo del
idealismo casi religioso que es lo que le ha garantizado hasta hace poco la adhesión de una gran parte de los
intelectuales de todo el mundo y el de amplios sectores de la población desfavorecida socialmente de
Latinoamérica y también, aunque en menor escala, en el resto del planeta. El otro aspecto es el de la
marcada asimetría entre los medios al alcance del nuevamente constituido estado "revolucionario" cubano y la
talla del enemigo que se buscó, o más bien del mismo enemigo que generó esa aparición del fenómeno
revolucionario cubano. Porque la aparición del fenómeno cubano no se explica sin la excitación provocada por
la agresividad del expansionismo económico, político, militar y hasta cultural norteamericano. Es como la
generación de una rara perla, que no es posible sin el granito de arena contra el cual el molusco comienza a
secretar su nácar. Como decía más arriba, la originalidad de estas formas manifestadas por la Revolución
están directamente relacionadas con la personalidad de Fidel Castro, y aún más precisamente con la filiación
de maestro a discípulo que este último afirma cuando se reclama de las enseñanzas que expresan los
últimos escritos de José Martí en relación al destino universal de la lucha iniciada en Cuba contra el Imperio
Español y la relativamente modesta pero insoslayable resistencia de los pueblos latinos de América ante la
natural expansión del poderío militar, económico y político del emergente Imperio Angloamericano que se les
vino encima por el hecho de compartir el continente con este retoño virulento de las sociedades de la Europa
occidental. Especialmente de aquellas que después del protestantismo accedieron al desarrollo económico
acelerado con el naciente capitalismo de los siglos dieciocho y diecinueve. La educación recibida por el joven
Fidel Castro en el Colegio de Belén es a mis ojos de una manera evidente la fuente inspiracional de su
ambición política. La espiritualidad de San Ignacio de Loyola dio forma a ese exacerbado idealismo que llevó a
este individuo a asumir el papel de salvador de la humanidad a través de la salvación de los frustrados ideales
de la guerra del 95. Que una nación de la talla de Cuba haya asumido la tarea, no solo de expulsar de la Isla
al capital norteamericano junto con su incómoda influencia política, sino la de promover con su alianza táctica
con la Unión Soviética la derrota final nada menos que del capitalismo mundial es signo de que Fidel Castro
está buscando realizar un sueño demasiado grande para ser llevado a cabo por un ser humano promedio. E
igualmente por una nación de la talla y características culturales como la nuestra. Es un ideal de santidad
imbuido de una espiritualidad que no puede venirle más que de su educación jesuítica. Las dificultades por las
que atraviesa la economía de la Isla actualmente y su rechazo total a todo tipo de apertura de los mercados
nacionales a la pequeña empresa privada, que una mayor parte del propio personal revolucionario considera
prudente adoptar, son el signo del carácter espiritual de sus motivaciones. No es Marx quien lo inspira: es
San Ignacio. Es también el delirio patriótico de ese poeta que se sacrificó descabelladamente por fundar una
nación con un pequeño pueblo desorientado y reducido a la miseria por la tiranía española. El ideal de las
Misiones Jesuíticas que existieron durante un tiempo en el Paraguay se transluce detrás de la incapacidad
que hasta ahora ha tenido el Régimen cubano a adaptarse a este difícil momento de la economía mundial por
el cual están pasando todas las sociedades del planeta. Es esta profunda atipicidad de la personalidad de
Fidel Castro y por lo tanto de la forma que ha adoptado la revolución socialista en Cuba lo que hace que la
"gente razonable" lo tilde a él de loco y a su empresa de locura. La propia sobrevivencia del Régimen estos
últimos quince años transcurridos después del derrumbe de la Unión Soviética deberían permitir comprender a
esta gente razonable que el fenómeno cubano no obedece solamente a motivaciones económicas sino que es
el síntoma de una manera completamente diferente de concebir la realidad y la historia que está mas
enraizada en los ideales cristianos de San Ignacio de Loyola que en la lógica que preside al ideal de
desarrollo económico tal cual lo conciben los europeos y los norteamericanos y que ha conducido a la
globalización actualmente en curso a la escala planetaria.
Rechazo de la modernidad sería una manera de definir esta actitud cubana. Supremacía de lo espiritual sobre
los imperativos materiales sería otra manera de ponerlo. En todo caso representa una búsqueda dentro del
humanismo del cual anunció reclamarse al principio de la instauración de su Poder Revolucionario, antes del
paso a través de la larga aventura socialista en simbiosis con el fallido proceso soviético. Su programa
necesita de más tiempo que el que la biología le permite esperar tener para llevar por otros cauces originales
su búsqueda para instaurar esa utopía jesuítica en Cuba. Esa Misión Atea Mundial con la que soñó en su
juventud. Sin embargo cabe sorprenderse ante la amplitud de la transformación que logró llevar a cabo en la
mentalidad del pueblo cubano. Y de la solidez y permanencia de un Régimen que ha sobrevivido toda especie
de embate y la hostilidad del estado y la economía más poderosos que ha aparecido sobre la faz de la tierra
desde el inicio de la Historia. Hay ahí un legado que nos es difícil valorizar en lo inmediato pero que representa
lo esencial de su obra. El pueblo cubano no es el mismo que era en 1959. El papel jugado por nuestro
pequeño país en la escena mundial, a nivel simbólico, cultural y político gracias a su Revolución es difícil de
minimizar. Que nos pueda o no complacer este hecho no tiene incidencia en su contundente realidad.
5. ¿Qué puedes descubrir tras la peculiar biografía intelectual de Celine, en relación con las
determinantes señaladas?.
Hay un punto muy importante que aclarar en cuanto a las motivaciones que hicieron que Louis Ferdinand
Destouches, ese muchacho de los arrabales periféricos de Paris nacido en la última década del tumultuoso
siglo XIX francés, poco después de los estertores de La Comuna que vieron aparecer el primer "soviet"
histórico y que tuvieron por trágico final la más brutal represión contra un movimiento obrero que haya tenido
lugar en la Historia de la Humanidad desde la derrota de las desorganizadas huestes de Espartaco en la ya
lejana antigüedad, se pusiese a lanzar como un escupitajo a la faz de la inteligencia de su país su primera
novela el "Viaje al Fondo de la Noche". Fruto amargo que la decepción brutal de su inocencia patriótica sufrida
a través de su experiencia como soldado y mutilado de guerra durante la constante carnicería que por cuatro
años ensangrentó a Francia y a Alemania, la llamada Gran Guerra, hasta que otra mayor hiciera palidecer sus
horrores con mayores y más catastróficas barbaries pocos años después entre los mismos dos
contrincantes. Sartre tuvo la grosería de acusarlo de venalidad suponiendo que estaba pagado por los
alemanes, además de ponerle el nombrete de "La Ténia" como venganza, Céline nos dejó en una entrevista,
conmovedora como todas las pocas que concedió, tan solo cuatro que yo sepa, una explicación bastante
graciosa.
Con ese humor amarillo e incómodo que fue el suyo.Nos dice que él es una "Femme du Monde" y no una
puta. La puta se va con cualquier cliente que le pague, y eso a él no le interesó nunca, ya que vivió de manera
extremadamente frugal con su mujer Lucette Almanzor hasta el final de su existencia en su casita de
Meudon, como si no se atreviera a volver a entrar de nuevo en Paris después de su largo período de
ostracismo e infamia pública. Y desde su nacimiento en el seno de una familia muy humilde en otro barrio
periférico. Médico de los pobres siempre vivió al límite de la necesidad ganando apenas de que sobrevivir y a
pesar de su descomunal orgullo de artista consciente de su prodigioso talento de escritor, siempre afectó una
humildad aparente, en todo caso en la esfera de su comportamiento social.
La Femme du Monde escoge a su amante a su gusto, con todo su libre albedrío y se entrega a él por amor o
deseo, pero nunca por interés. Sus opiniones siempre fueron gratuitas y reconoce que tan solo le hubiera
bastado con callarse la boca en 1939 para no tener el trágico destino que fue el suyo.
6. ¿Le parece extrema la valoración de Celine sobre Proust?.
En una de sus entrevistas Céline ataca a Proust con argumentos "ad hominem" y no con críticas hacia su
estilo que supongo que seguramente tenía que apreciar por su sensibilidad propia. Lo que Céline detestaba en
Proust es el "contenido". La arrogancia de clase que desenfadadamente exhibe esa mariquita "fisna" sin
nunca mostrar en lo más mínimo sensibilidad por el sufrimiento y las dificultades en que vivían las clases
populares de la "Belle Epoque". Ese niño bitongo y enfermizo no es un personaje que Céline pueda considerar
con ternura. Además, la exhibición de medio lado, fingiendo tapujo pero dejando bien saber toda la sabrosura
que encuentran los homosexuales de las clases privilegiadas a aprovecharse de las posibilidades de
satisfacción de sus fantasmas que les ofrece la desigualdad de fortuna de esa parte de la población sumida
en la miseria o la necesidad. Carne barata y fácilmente dispuesta a servir de objeto sexual a sus "señores". E
inclusive a considerarse honrada por este favor del "amo". Todo eso tenía que provocarle al pobre diablo un
asco comprensible. La frivolidad y la insubstancialidad de los personajes de Proust son exactamente lo que
dice Céline. No tienen nada de admirables. Es natural que inspiren un sano desprecio. Y pintarlos en su
nimiedad con tanto regodeo es causa suficiente para provocar el resentimiento y todo el disgusto de alguien
tan adolorido por ese drama social de que él mismo fue trágica víctima. Lo extraño fuera que Céline hiciera el
elogio de Proust. Es la Lucha de Clases, camarada.
7. ¿No hay demasiados dogmas modelando la “crítica de arte” que Celine desliza en su novela?.
Céline tenía ilimitadados prejuicios. Fue misógino, homófobo, anticomunista empedernido. No fue un hombre
inteligente. Nosotros tenemos el prejuicio de que un buen escritor tiene que ser inteligente. Grave error. Un
buen escritor puede ser un imbécil dotado del don de la palabra. Pero puede ser alguien sujeto enteramente a
sus más bajas pasiones. Puede ser un sujeto lleno de prejuicios, y de resentimientos. Olvídate del criterio de
corrección política vigente entre los intelectuales norteamericanos. Eso y todo lo que piensan es mierda. La
tan cacareada democracia no es más que el gobierno de los peores, los que el pueblo elige son el reflejo de
su mediocridad. Eso lo dijo Platón, pero es del dominio del sentido común. Estamos dentro de un sistema de
referencias estúpido, basado en ilusiones sentimentaloides. Nos hacemos los disimulados para no ver la
ferocidad con la que la naturaleza nos ladra, como dice tan exactamente Lucrecio en su “De Rerum Natura”.
Nos hacemos los sordos y fingimos creer las tonterías con que las democracias europeas nos duermen.
8. ¿Qué es lo que más valoras en Celine? ¿Dónde está la trascendencia de su obra?.
Céline es un artesano talentosísimo del lenguaje. Supo poner en sinfonía el habla de la región parisina de esa
época. Cuando nació solo habían pasado veinte años desde que la represión de la Comuna había
ensangrentado la ciudad y la había dejado con profundas heridas que tardaron años en poderse disimular.
Ardieron suntuosos palacios repletos de obras de arte y cayeron al suelo espectaculares monumentos.
Cientos de miles de obreros fueron asesinados cobardemente y otros cientos de miles deportados a la
Guayana. Fue el frenazo que la burguesía dio para que el poder no se les fuera de las manos. Los sueños de
Libertad, Fraternidad y de Igualdad encontraron sus límites. Las clases dominantes dijeron "hasta aquí" llegó
el relajito. Lo que siguió fue todo amargura y resignación. El sentimiento nacionalista se echó hacia afuera,
contra al Imperio Prusiano que bregaba por unificar a todos los germánicos bajo un mismo estado, y en
ayudar a Italia donde luchaba Garibaldi por sacarse de encima al Papa y crear un estado Italiano moderno.
Los franceses estaban naturalmente orgullosos de tener el estado mejor constituido y más viejo de Europa
Occidental, con gestas gloriosas llenas de victorias, emperadores, universalismo, filosofía de las luces,
pintores, escritores y todas las oriflamas de una gran civilización en plena ebullición y creatividad. Pero el
pueblo miserable no recibía ningún beneficio concreto de tanta grandeza, tenían que servir a los burgueses
como estos habían tenido que servir y humillarse ante los aristócratas anteriormente. La inmensa amargura
que rezuma de cada frase de Céline viene de eso, de esa condición servil. La brutalidad de las condiciones del
capitalismo incipiente era percibida como un "empeoramiento" de las condiciones de vida del pueblo y no un
"progreso". Los sueños de Progreso eran para los privilegiados. La naturaleza personal de Céline era
mezquina, se confiesa cobarde sin disimulo alguno y dio muchas pruebas de ello durante su vida. Era
misántropo. Misoginia, antisemitismo, homofobia, xenofobia y todo tipo de resentimientos y envidias son
efectos colaterales de esa naturaleza estrecha, poco inteligente y también de sus condiciones sociales. Su
nacionalismo fue defensivo y su admiración por Alemania era envidia de la capacidad de organización que él
percibía en ellos y su rabia de que los franceses fueran incapaces de organizarse eficazmente. Hubiera
querido una alianza entre Francia y Alemania para conservar el imperio colonial de ultramar. Hipócritamente
se decía pacifista, pero solo admiraba la fuerza. El culto al más fuerte y el desprecio al débil está subyacente
en cada una de las anécdotas que van estructurando la trama de su primera novela. Nietzche ya había
destapado la olla de lo oscuro, y el culto de la fuerza y lo irracional había cundido por el continente. La
sentimentalidad cristiana se disolvía ante los progresos de la ciencia y el descubrimiento del "inconsciente".
Marx señaló la importancia del capital y de las relaciones de fuerza entre los pudientes y los sirvientes. Toda
esa lucidez era nueva y brutal. Siglos de fantasías místicas se desvanecían ante estas nuevas luces,
enceguecedoras. Y ese joven desposeído y despreciado en su propia tierra se tiraba a morder a lo primero
que le pasara por delante. El demonio de la negatividad y el pesimismo, tan cantado por los románticos le
tocaba su siniestro violín al oído. Dramatizó con su certero talento verbal este remolino de emociones
confusas y parió esta obra mayor de literatura.
No fue un pensador. Fue el hijo de ese momento que preludió el desmadre de las dos guerras mundiales y al
publicar el “Viaje al Fondo de la Noche” le cayó encima prácticamente todo el mundo. Algunos años más
tarde sus compromisos políticos con el fascismo y su saña antisemita lo hicieron el blanco de todo el odio
que él mismo echó sobre su prójimo. Es quien mejor ha descrito esa mentalidad pequeño burguesa francesa
biliosa y resentida que ha hecho que este país tan rico en todos los sentidos viva refunfuñando e insatisfecho
por no ser hegemónico, por no ser el más rico, por tener más pasado que presente o futuro. No sé como se
podría sacar de su tipo tan particular de nacionalismo provecho para comprender el nuestro. Occidente no
tiene una filosofía de la guerra como la que expone el Mahabharata hindú.
El cristianismo no tiene una metafísica racional como la tienen los orientales. Tampoco tiene una psicología
como la tiene el budismo. Al derrumbarse el autoritarismo vacuo de la Iglesia Católica el europeo quedó
desnudo mentalmente. Europa trata en vano desde entonces de constituirse una visión cósmica que es
incapaz de producir. Por eso los creadores occidentales producen obras patéticas, llenas de sonido y furia
que la mayor parte de las veces no significan nada. Son bellas y vacías porque no tienen sustancia filosófica.
Las Vanguardias han llevado esta tendencia al paroxismo.
Céline está enfrascado en esa lucha por dar sentido a lo que no tiene. Pero no cuenta con medios para
hacerlo. Su obra es un grito de impotencia y desesperación.
9. A pesar de la desvalorización del orgulo militar nacional, y en consecuencia del patriotismo, que
emana de la novela de Celine, parece que esas sensibilidades van a persistir todavía; al menos en
países como Cuba. ¿Es así?.
El francés contemporáneo no parece resignarse a vivir en sociedad. Compartir le parece escandaloso. El
egoísmo individualista le hace percibir los deberes que impone la vida en común como un ultraje a su libertad
individual. El individuo corriente está acostumbrado a considerar que la sociedad le debe todo, inclusive su
felicidad que no sería ya el resultado de sus propios esfuerzos sino un servicio gratuito garantizado por el
estado. De ahí que la actitud de Céline se produzca con bastante frecuencia.
La promesa de la Revolución Francesa que haría a cada individuo un aristócrata, o por lo menos esa versión
de la aristocracia extendida a la masa de la población que promete la burguesía, es decir un ser privilegiado
con todas sus necesidades materiales satisfechas, al no poder realizarse en la vida real provoca una
frustración que envenena a ese mismo individuo. Igualmente la misma falacia de que todos los países y
sociedades del mundo si se esfuerzan lo suficiente en la penosa vía del desarrollo capitalista llegarán un día a
beneficiarse de los privilegios que hoy disfrutan los países ricos, provoca a nivel geopolítico una frustración
similar.
La creatividad que genera en un primer tiempo el egoísmo individualista en su dinámica se convierte al
encontrar el tope de sus posibilidades en rabia y rebeldía, en cólera guerrera. Esa podría ser una de las
conclusiones a las que podríamos llegar releyendo a Céline. Teniendo en cuenta siempre nuestro punto de
vista de tercermundistas podríamos considerar las características propias a nuestro legítimo nacionalismo,
necesario para cimentar el desarrollo de un pueblo aun joven y en entusiasta proceso de mestizaje para
alcanzar una homogeneidad que le confirme en el plano étnico la originalidad que culturalmente ya ha
alcanzado. Nuestro nacionalismo es el síntoma saludable de la vocación de vivir natural a todos los seres. Es
la identidad de nuestra comunidad. Y para lograr forjarla el camino, aunque corto, ha sido difícil.
El obstáculo generador de energía ha sido el hecho geográfico de que estemos con México y el Canadá en la
inmediata periferia del mayor fenómeno económico, político y militar que se haya producido en toda la Historia
de la Humanidad. La emergencia del Estado Norteamericano dirigido por una élite de raíz anglosajona que
hizo suyas las experiencias sociales y políticas de Francia y de Inglaterra conjuntamente, y de sus
revoluciones burguesas, y aplicándolas a un territorio nuevo, verdadero terreno apenas poblado del que
previamente en su arrollador avance hacia las costas del Océano Pacífico "limpiaron" demográficamente
asesinando a los indígenas, lograron constituir ese prodigioso fenómeno que han sido los llamados Estados
Unidos de América. Y tomemos conciencia de que América engloba "todo" el continente así llamado. O sea
que tácitamente está en su nombre incluido el concepto de que la América Latina será un día parte de esos
Estados Unidos. A escala subliminal esto es importante porque está "dicho" por defecto de precisión en el
término de "América". No se llaman los Estados Unidos de "Norteamérica", sino de América. Detalle
esclarecedor. Por eso me gustó tanto la frase de la entrevista que le hicieron a Víctor Fowler durante el film
"Crónicas Martianas", en la que este
intelectual cubano expresó claramente nuestro dilema actual:
"Nuestro dilema no es entre Socialismo y Capitalismo, sino entre Soberanía Nacional y Dependencia de los
Estados Unidos".
Ahí está la clave de nuestro nacionalismo sano y legítimo, necesario. Añádele como ya te dije antes que
nuestro nacionalismo fundado por Carlos Manuel de Céspedes hace indisociables la justicia social y la
soberanía para que tengas como resultado evidente lo que podemos constatar hoy en día.
Esto explica, a mi manera de ver, el hecho sorprendente de que una gran parte del pueblo, probablemente una
gran mayoría, a pesar de las deficiencias de funcionamiento y privaciones subsecuentes que ha producido el
colosal intento de crear una sociedad socialista en un país prácticamente en estado de sitio ante el
intransigente interés económico norteamericano, aun furioso de haber perdido este apéndice tan cómodo y
una republiquita tan dócil políticamente como fue la cubana antes del 1969 dentro de su sistema económico
con vocación continental. El individuo cubano experimenta una satisfacción de pertenecer a una comunidad
que no tiene el francés. Hay una solidaridad entre cubanos, inclusive de opiniones políticas divergentes que yo
no siento entre los franceses. Aquí todo es desconfianza, resentimiento, desesperanza. Crítica destructiva. El
modelo de psicología celiniano es muy común.
10. Esos núcleos nacionales fuertes, que a veces retoman la energía de los imperios, ¿dependerán
en algún sentido colateral de las zonas periféricas? ¿Pueden, por ejemplo, sobrevivir moralmente
los intelectuales del primer mundo sin sus expiaciones multiculturales?.
Volvemos a la primera pregunta y a eso que nos resulta muy duro de aceptar. Tánger para los europeos, La
Habana para los norteamericanos, son lo mismo. Un sitio para ir a relajarse, para salir de su inhumanidad
opulenta y encontrar relaciones humanas fáciles. Dejar sus casas llenas de aparatos y tarecos y encontrar
gente. Eventualmente aprovecharse de los favores sexuales de sociedades en las que la gente tiene energía
disponible para malgastar en "eso". Existe en esas márgenes del Primer Mundo gente que baila, va a la
playa, hacen el amor sin enamorarse necesariamente, sin complicaciones afectivas inextricables y penosas,
sin más cálculo que algún dinerito de bolsillo y pasar un buen rato y no un compromiso carcelar para toda la
vida y parte del más allá como en occidente. A lo más como una manera de cambiar de papeles contigo y a
través de tu cariño colarse en el primer Mundo e irse a vivir a Nueva York o a Paris. Tu estás buscando
escapar a la encerrona de la felicidad planificada, y al papeleo administrativo y al aburrimiento endémico que
flota como negra nube sobre los países desarrollados. Y ellos están envidiándote todos esos aparaticos
niquelados y de vidrio que chisporrotean de lucecitas de colores que tu tienes en tu casa. Pantallitas con
imágenes que no tienes tiempo para ver. Tu vas en pos de algo de aventura emotiva y sensual en medio de
una vida parametrada desde el nacimiento al asilo de ancianos con cuotas mensuales y sindicatos peleones y
beneficios e inversiones azarosas, y todo ese stress que se llama la libertad y los derechos humanos y lo
demás. La democracia que hay que imponer por la fuerza en el medio oriente y donde quiera que la gente no
quiera entrar en ese jueguito obligatorio, esa felicidad a la fuerza, el Paraíso a contrapelo, que es la única
forma de vida que es la correcta, porque el progreso no se puede detener y se tiene que imponer porque tiene
que ser así porque hay que producir más y más riqueza y acumularla para reinvertirla y hacer más riqueza
aún. Y encontrar maneras de protegerla y protegerte y acumular más y más de todo. Cuando la vida pierde el
sentido a fuerza de seguridades y obligaciones, la gente frustrada se va a buscar un poco de humanidad,
deriva, azar y desasimiento. Cuando todo se convierte en felicidad a la cañona, la gente se va a Tánger o a La
Habana a recordarse de cuando la vida era un regalo gratuito y vivir era una aventura maravillosa. Y que te
podían pasar "cosas". Inclusive necesidades.
11. Conoces Miami y conoces La Habana. Muy bien a ambas. ¿Crees que respecto a otras ciudades
del mundo estas apenas sobrevivan “en tempo de crepúsculo?.
El único sitio crepuscular que yo conozco es Paris. Miami tiene su ilusión, su mito de cartón. Su disneylandia
cultural. Su baro recio y su prisa y su stress. Su playa y sus ciclones y su llegada en masa de masas
huyéndole al fracaso de toda una civilización que se derrumba, la que impusieron las armas de los
conquistadores hacen ya cinco siglos y que se desguabina ante el empuje de la modernidad. Los gobernantes
se dan a la fuga con el tesoro nacional en los bolsillos y los caudillos populares mulatones meten a las
criadas respondonas en los palacetes de las señoronas que se fueron a Paris a escapársele al diablo. Y a
Miami llega la pequeña burguesía que aspira a vivir el sueño americano ahora que el sueño católico se
destimbala a toda velocidad. Llena de ambiciones a romperse el espinazo para tener una casa comprada a
crédito durante treinta años y cuidado con que no te falle un pié y el banco que te prestó el dinero te la birle. Y
tremendo maquinón, no, mejor dos maquinones, o quizás tres o cuatro, que con las tarjetas de crédito se
puede. Avaricia pura.
La Habana tiene su sueño cultural, sus pretensiones colosales, su profusión musical y sus deseos frustrados
de bienestar. La Habana se sabe "importante" aunque no sepa muy bien de qué. Está llena de sí y que eso
no sea cuantificable no le preocupa mucho, porque aunque el futuro sea de lo más incierto, si es "suyo" tiene
que ser "importante". De todas formas todo el mundo tiene que volver a La Habana. Por mucho que refunfuñen
allá van a volver. Ella sabe desde siempre que "Magna aliena parva" y que "Parva propia magna". Lo suyo es
grande porque es "lo suyo", y lo ajeno no es nada porque le es ajeno. Paris es la que no está en nada. Con
todo lo que tiene se siente pobre.
12. Su primera exposición en París, con su catálogo con palabras de Roland Barthes debe haber
sido un hecho significativo en su vida. Ya para concluir, ¿podría hablar un poco de eso?.
Aparentemente fue una serie de encuentros fortuitos los que me llevaron a tratar de cerca a Roland Barthes.
Pero por adentro de la trama del encadenamiento causal anecdótico, aventurero y novelesco, del que le di a
Francisco Morán un resumen de treinta páginas en una entrevista que publicó en “La Habana Elegante” hace
algunos años, lo que me llevó a encontrarlo, tengo que precisar, fue mi deseo profundo de entender de qué se
trata esta vida que estamos viviendo, este fenómeno sorprendente que me deja perplejo y al que cada día
amanezco boquiabierto. Incrédulo de que eso que tengo delante mío sea una "realidad".
Desde que yo era muy pequeño lo que los mayores llamaban "ganarse la vida" me parecía ser perder
lamentablemente el tiempo. Sin embargo los mayores consideraban "perder el tiempo" lo que para mí era
intensa especulación sobre el posible sentido de la existencia misma, todos estos fenómenos maravillosos
que nos rodean y a los que la mayor parte de la gente llamada "seria" no presta la más mínima atención,
como por ejemplo el sol que parece surgir del horizonte y la luna que cambia de fase y posición
constantemente. Me decían que eso era "pensar en las musarañas", o en "la inmortalidad del cangrejo". O
que yo estaba "en la luna de Valencia". O cosas peores que no vale la pena recordar. Esa curiosidad y deseo
de entender me impulsaron a vivir todo lo que he vivido y a encontrar toda esa gente maravillosa que he
conocido. Han sido el eje de mi vida. Ese perder el tiempo ha sido mi mayor ganancia. Después que mi
hermana mayor me echó a la calle con dieciocho años en Buenos Aires porque se llevó tremendo susto al yo
caer preso por veinte días en el barrio de Avellaneda, no te puedo contar todas las peripecias porque no
vendría a tocar el tema que te interesa más que dentro de cien páginas, inicié unos seis años de vagabundaje
fecundo a través del Uruguay, Brasil, España, Italia y Francia. Sin domicilio fijo ni medios de subsistencia
confesables. Una serie de encuentros fortuitos con individuos que se convirtieron en amigos o amantes,
iniciados en el café Sorocabana de Montevideo en el 1961 y en la Piazza della Signoria de Florencia en el
1964, resultaron en que a la larga Emir Rodríguez Monegal quien dirigía por aquel entonces la revista literaria
Mundo Nuevo, llevara a Severo Sarduy al vernissage de mi primera exposición en marzo del 1968, cinco
minutos antes de la explosión de la pomposamente llamada Revolución de Mayo. Por otra serie rocambolesca
de encuentros resultó que Severo y yo coincidimos en Tánger varios veranos consecutivos, él con su grupo de
intelectuales en el que Barthes era un sol rodeado de numerosos satélites. Y yo con el grupo más mundano,
jodedor y frivolón que regía Fabrice Emaer quien era el rey de la noche con su restaurant a la moda que abrió
decorado con varias pinturas mías, en el "Sept" de la Rue Sainte-Anne.
Te remito de nuevo a esa entrevista de “La Habana Elegante” para más divertidos o enjundiosos detalles. Y
aquí vuelvo a responderte una de tus preguntas anteriores sobre el papel que juegan las ciudades de
esparcimiento de las periferias del Primer Mundo para los privilegiados y atareados trabajadores intelectuales
de las metrópolis culturales del Primer Mundo. Allí es donde la gente que en "El Centro" no tienen ni tiempo
para frecuentarse logran encontrar la actitud de apertura mental y afectiva para poder relacionarse entre ellos,
amarse, conocerse, "vivir" por fin en fin de cuentas. Esa vida siempre postergada en aras de la "carrera" los
"imperativos económicos" o las "causas políticas decorativas". Después de haber estrechado los lazos de
amistad en el ambiente propicio de ese prodigioso salón al aire libre que es el Zoco Chico de Tánger, donde
por cierto se inspiró Saint Saëns quien se alojó un tiempo en un hotel cuyas ventanas aun dominan este
espacio urbano ideal, para componer la famosa "bacanal" de su ópera Sansón y Dalila.
Perdona esta digresión pero a mí me encanta ese detalle. El caso es que al dárseme la ocasión de hacer mi
primera exposición en Paris, por otra serie de acontecimientos tan fortuitos como los encuentros
anteriormente mencionados, por medio de un crítico que vivía con Leonor Fini que evolucionaba en el
elegantísimo medio en el que por esas cosas locas de la vida yo me encontré involucrado durante una
década, después de mi período de marginalidad más absoluta, yo le pedí a Patrick Waldberg quien había
conocido en casa de la famosa Viscondesa Maire-Laure de Noailles, que me hiciera un texto de presentación.
Pero ya al año siguiente, el 1969, más seguro de mí mismo, me atreví a pedirle el mismo favor a Barthes que
ya conocía mejor. Patrick Waldberg acababa de hacer una gran exposición retrospectiva del Surrealismo y a
mí me habían regalado un librito extraordinario sobre el surrealismo en Montevideo, que Waldberg había
publicado años antes. Ese libro me había inspirado mucho y para mi de cierta manera Waldberg era mas
importante que Barthes, porque además tenía a mis ojos el prestigio de estar en emponzoñada polémica con
André Bretón al que nunca logré tomar en serio. Mi segunda exposición fue en Bruselas. Mis tres primeras
exposiciones se vendieron enteras. Hasta el último cuadro. Cuando hice la tercera de nuevo en Paris retomé
el mismo texto que Barthes había tenido la gentileza de escribir para mi sobre mi incipiente obra, más por
amistad personal que por verdadero interés intelectual, supongo yo. O quizás peque de modesto. Eso lo dejo
al juicio de quien quiera pronunciarse al respecto, porque a mí lo que me incumbe es que ese hecho tan
importante se produjo naturalmente, prácticamente sin hacer yo ningún esfuerzo. Lo que está para uno nadie
se lo quita, ni en la felicidad ni en la desgracia. Y como el “snobismo” es un motor tan importante en el interés
que la gente le presta al Arte, me fue muy provechoso ante los ojos del público porque se tomaron más en
serio mis inventos de entonces. Esas extrañas maquinarias que yo llamaba "aparatos". Me compraron dos
museos de primer orden. Me cayó del cielo el éxito y el texto. Y el mismo contenido de esas pinturas ni hoy
mismo yo te pudiera decir en qué consiste. No solo no entendía el texto de Barthes, sino que tampoco
entendía lo que yo estaba pintando. Como me acababa de ganar la Beca Cintas invertí el dinero en ese
catálogo tan bello que conoces en el que van también un texto de Severo Sarduy y uno de Bernard Noël.
Porque en Bruselas el texto de Barthes fue publicado de una manera muy modesta. Indigna de su importancia
por el reconocimiento y la fama de la que ya gozaba su autor.
Yo no entendía muy bien lo que escribía Roland Barthes en esa época. Ese tipo de autopsia de la modernidad
estaba por completo fuera de mis preocupaciones. Me parecía un marivodaje analítico exacerbado de eso que
yo trataba de ignorar por todos los medios. Esa Modernidad que me importunaba. El termina su texto por
cierto situándome de pleno dentro del combate de la Modernidad. Me dio cita en el Select de Montparnasse,
en ese mismo café en el que yo me sentaba durante largas horas a leer cuando recién había llegado a Paris y
no conocía a nadie. Y me entregó su texto. Yo lo leí y me quedé totalmente en blanco sin saber que carajo
decirle. Y le solté: "Me da risa pero no sé por que". Y él muy comprensivo me respondió: "Te da risa porque
habla de ti". Y ahí quedó la cosa.