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Entrevista con el Sr. Fulgencio Rubén Batista y
Godínez, hijo del General Fulgencio Batista y Zaldívar.

Por: Emilio Ichikawa.

Coral Gables.
2006.

Fulgencio Rubén Batista y Godínez nació el 18 de noviembre de 1933 en la Ciudad Militar Columbia,
Marianao, La Habana. Casado con Carmen Robaina Llaneza en la Catedral de La Habana en 1956, tiene 4
hijas y tres nietos. Cursó estudios de primaria en el Colegio Baldor de La Habana y en la New York Military
Academy. Hizo estudios de Bachillerato en Harvey School, New York y Lawrenceville Academy, en New
Jersey, graduándose en Ruston Academy, en La Habana. En 1956 se graduó en Ciencias Económicas por la
Universidad de Princeton. Ha vivido en Barcelona y Madrid, y desde hace más de treinta años en Coral
Gables. Rubén “Papo” Batista es el hijo mayor del General Fulgencio Batista y Zaldívar, cuyo legado de
archivo está empeñado en rescatar y dar a conocer. A pesar del poco tiempo que le deja una vida llena de
trabajo y responsabilidades, ha accedido a contestar unas preguntas de gran interés para la comprensión de
la historia cubana.

-P:Emilio Ichikawa:

Quizás deba comenzar hablando de usted, de su familia. La familia Batista, apellido clave en la
historia política cubana del siglo XX.


-R:Rubén Batista:

La familia de mi padre es de Banes, al norte del Oriente cubano. Fulgencio Batista y Zaldívar nació en el barrio
de Veguitas. Mas pronto se mudó al barrio La Guira, donde creció. A mediados del siglo XIX Banes era casi
nada. Ni siquiera una aldea. Pero al final del siglo una familia de origen francés, después muy cubana, que
había venido de Haití cuando la sublevación de esclavos, se estableció en la zona iniciando lo que llegaría a
ser una comunidad productiva, incluso industrial. Se trata de la familia Dumois. Esta familia se establece ahí y
crea unas bananeras con ferrocarril y todo. Después le vendieron esas tierras a la United Fruit Co. Hay un
libro que es como una historia de Banes, se titula “A name a family and a town”, del Ingeniero Alfred Dumois,
que cuenta esta historia en detalles. Yo lo busqué para ver si decía algo de Fulgencio Batista y Saldívar, mi
padre. Después de muchas búsquedas se logra incluso que el autor me dedique el libro. Dice mi ejemplar:
“For Rubén Batista: The history of Banes. A town your father never forgot.” La dedicatoria refleja la atención
que mi padre le dedicó a su pueblo, pues hizo muchísimas obras públicas y siempre estuvo al tanto de las
necesidades de sus correligionarios.

El suegro del autor dirigía el colegio “Los amigos”, fundado por los cuáqueros después de la primera
intervención norteamericana, donde estudiaba mi padre por las noches. Trabaja por el día en el campo
ayudando a su padre y después de realizar varios trabajos ingresó en los ferrocarriles.

El autor del libro afirma que tanto Batista como Castro crecieron en las antiguas tierras de los Dumois, en
Banes y Mayarí. Tierras que, como se dijo, después fueron de la United Fruit Co. En estas tierras también
vivió otra importante familia política cubana, los Díaz-Balart. La figura fundadora de esa familia era el abuelo de
estos muchachos (los congresistas Lincoln y Mario, José, que es periodista, y Rafael Jr., que es banquero).
Fue una persona importante, llegó incluso a ser alcalde de Banes en tiempos de Machado por el Partido
Liberal. Era un abogado muy conocido en Banes, con respaldo de mucha gente, por lo que no lo afectó
demasiado la caída de Machado. Ellos habían venido de Santiago, pero se establecieron en Banes. Otro libro
muy importante sobre Banes es el de Víctor Amat Osorio, “Banes 1513-1958. Estampas de mi tierra y de mi
sol” (New Ideas Printing Inc. Miami, 1981) donde aparece una breve pero muy documentada biografía de
Batista.

-
EI:Reinaldo Arenas y Guillermo Cabrera Infante, caracteres literarios de mucha fuerza, muy
politizados ambos, también eran de la zona.


-RB: Interesante.

-
EI: ¿Vive algún Dumois en Miami?.

-RB: Sí, pero este autor reside en Texas. Mi padre ingresó en el ejército cuando tenía veinte años (1921), con
el propósito de tener tiempo para ampliar sus estudios. A través de exámenes de oposición llega al grado de
Sargento Mayor Taquígrafo. Con este grado llega a convertirse en el jefe de los militares que producen la
revolución del 4 de septiembre de 1933, a la que se únen otros sectores revolucionarios.

-EI: Ahora bien, antes de empezar en la vida pública, ¿hubo relaciones entre la familia Batista y los
Castro?.


-RB: Esporádicas, normales. Te puedo decir que cuando Castro se casa con Mirtha Díaz-Balart mi padre les
manda unos regalos, unas lámparas.

-EI: ¿Esa relación podría haber llegado hasta el punto de que el General Fulgencio Batista haya
bautizado a Raúl Castro?.


-RB: No, no.

-EI: Pero se ha dicho.

-RB: Sí, sé que se ha dicho. Por ahí aparece a cada rato una foto de Batista con un niño vestido de militar,
con unos galoncitos creo que de sangento, y se dice que es Raúl Castro. En primer lugar, yo no sé si es Raúl
Castro o no. Aparentemente esa foto fue tomada durante un viaje que hizo mi padre por la zona y donde los
niños de los colegios rurales iban a verlo y se retrataban juntos y demás. Lo otro es especulación. El contacto
con los Castro fue entonces indirecto. Y después también.

-EI: ¿Algún otro recuerdo de esa hipotética relación?.

-RB: En el año `51, me lo contó el mismo Rafael Díaz-Balart, él fue con Castro a ver a Batista a Kuquine.
Estuvieron hablando largo rato. Hay un periodista que vive y te puede confirmar esa entrevista. Se llama Llano
Montes; quien también me lo contó. Porque da la casualidad que Llano Montes había ido ese día a hacer una
entrevista a Batista y coincide con la llegada de Rafael con Fidel. En ese momento parece que Fidel estaba
teniendo problemas en la Ortodoxia para la postulación como representante, y Rafael lo lleva, primero para
que conociera a mi padre, pero también porque parece que se concibió una posibilidad de que Castro entrara
en el partido de Batista. Papá lo dice en su libro “Respuesta...” (Imprenta Manuel León Sánchez, México,
1960), pero lo menciona un poco en forma despectiva. La versión de Rafael es que se entrevistaron en la
biblioteca, hablaron primero de literatura e historia, y después un poco de política. Dice que cuando salieron
de la entrevista Fidel se expresó de forma muy admirativa sobre Batista; pero Fidel agregó que él no cabía en
aquel Partido; veía al partido de Batista muy controlado por personas ya asentadas, tradicionales, y afirmó
que ellos debían tener otro camino, ya que Batista daba la impresión de no querer dar un golpe de estado;
dejando entrever que, en ese caso, lo habría seguido. Es más, me contó Rafael que Castro observó que en la
biblioteca de Batista faltaba un libro: “La técnica del golpe de estado”, de C. Malaparte. Pero todo con mucho
respeto.

-EI: Después, cuando Batista da el golpe de estado en 1952, ¿hubo algún contacto específico con
Castro?.


-RB: No. En verdad la preocupación de Castro cuando el golpe de estado vino porque se nombró jefe de la
policía a Salas Cañizares, a quien el abogado Fidel Castro tenía procesado en la audiencia de La Habana
como supuesto autor de la muerte de un estudiante. A Castro se le aconsejó cambiar de domicilio
provisionalmente dada la situación familiar que tenía, de matrimonio joven con una criatura muy pequeña. Y se
lo llevaron a casa de una hermana. Sin embargo, pasaron los días y Castro no tuvo problemas con Salas
Cañizares, y continuó sus actividades dentro del Partido Ortodoxo. Rafael Díaz-Balart cuenta este incidente
en sus “Memorias” (Edic. Universal, Miami, 2006); así como el Dr. Eduardo Borrel Navarro en un artículo
publicado en México antes de su reciente muerte. Esa mañana del 10 de marzo cuando Rafael y el Dr. Borrel
se dirigían a cumplir una misión de Batista, pasaron por el apartamento de Fidel Castro y le comunicaron los
hechos. Este exclamó que ya era hora de que quitaran a Prío; pero su actitud cambió cuando supo del
nombramiento de Salas Cañizares.

-EI: Respecto a las elecciones de 1944, hay quien alega que Batista se alegró de que perdiera su
candidato, Saladrigas, pues así permanecía él como una persona indiscutida dentro de su partido.
¿Ha escuchado Ud. eso?.


-RB: Sí, lo he escuchado, pero no es cierto. Una victoria de Saladrigas, que además era su amigo, le hubiera
garantizado una gran influencia. Yo soy testigo de que le preocupó aquella victoria de Grau sobre el candidato
de su partido. El tiempo le dio la razón pues durante el gobierno de Grau no se le dieron garantías para
regresar a Cuba.

Su pesar es uno de los recuerdos más claros que tengo de mi niñez, pues hasta me sacaron de la escuela
cuando se supo el resultado de aquellas elecciones. Al llegar a Palacio me lo encontré en una pequeña sala
del tercer piso muy preocupado. Sin embargo, acató la voluntad del pueblo, y fue vitoreado por su conducta.

-EI: ¿Le ha sido difícil llevar el apellido Batista?.

-RB: A mi padre lo hicieron casi una personificación del mal. Y el acoso fue internacional. Pero el problema ya
no era solamente ser batistiano, sino ser “proclive” a Batista. La “proclividad” como una inclinación que te
hace culpable. La familia de Batista, como se puede imaginar, era “proclive” a Batista, de forma que el
maleficio alcanzaba a todos sus miembros. La suerte es que ya hay historiadores desprejuiciados en el exilio,
y quiera Dios que también dentro de Cuba, que pueden analizar los hechos. Porque lo que ha sucedido en el
proceso nuestro es que muchos de los historisdores también fueron actores de ese proceso. Y no digo solo
que en contra, también a favor había prejuicios. En la mayoría de los historiadores, por muy objetivos que
hayan querido ser, se percibe cierta “proclividad”, antibatistiana y batistiana. Esa objetividad ya la empiezo a
percibir en el ámbito de la academia americana. Se comienza a estudiar la época de Batista sin prejuicios.

-EI: ¿Recuerda Ud. algo que le haya dicho su padre que indique arrepentimiento, autocrítica?.

-RB: Él hablaba de equivocación respecto a algunos hombres. Pero nunca se arrepintió por el 10 de marzo.
Quizás pudo haber un momento interno, pero conmigo no lo conversó nunca. Tampoco aparecen índices de
arrepentimiento respecto al del 10 de marzo en alguno de sus escritos o cartas. Y esa se trata, sin duda, de
su actuación más cuestionada. Pensó que el país se encaminaba a la anarquía y que debía dar el golpe de
estado. Había recibido informes, según cuenta en su libro “Respuesta...”, de que el Presidente Prío preparaba
un golpe de fuerza, en caso de que triunfara el Partido Ortodoxo.

La aceptación por las “clases vivas” del país y, eventualmente por el movimiento obrero, indica que existían
condiciones políticas y sociales que hicieron posible este hecho. Hasta el Consejo de Veteranos de la
Independencia acudió a Palacio a los pocos días para felicitarlo.

-EI: ¿Lo del 4 de septiembre nadie se lo reprocha?.

-RB: Quizás en un momento sí. Debes considerar que en el 4 de septiembre cayeron algunas personas, otras
fueron relegadas o no vieron satisfechas sus expectativas. Hay crítica también al mismo movimiento
revolucionario en sí, algunas divisiones políticas con Grau y Guiteras, etc. Pero esas contradicciones son
explicables, porque el 4 de septiembre se produce contra un Presidente de gran prestigio, hijo del padre de la
patria, Céspedes, pero que los sectores revolucionarios miraban críticamente; primero, como una continuación
de Machado, pues había sucedido amparado en aquella constitución; luego, era percibido como alguien que
se cubría con los norteamericanos, en la superviviente Enmienda Platt. El del 4 de septiembre fue un
movimiento claramente nacional y revolucionario.

-EI: Ahora bien, respecto al golpe del 10 de marzo de 1952 contra el gobierno de Prío, además de su
padre, ¿había otros militares inconformes con la situación política del momento?.


-RB: Sí, muchos. Había posiblemente más de dos movimientos. Según algunas personas con las que yo he
hablado y que conocían el proceso desde dentro, había tres. Uno que se inició en la Escuela Superior de
Guerra por un grupo de oficiales que estaba en contacto con el profesor Rafael García Bárcena. Cuando se
crea la Escuela Superior de Guerra en tiempos de Grau, se invita a una serie de profesores a colaborar. Se
convoca a Herminio Portell Vilá, a Roberto Agramonte, a Rafael García Bárcena y otros. Según me han
contado, hubo un momento inicial tras las elecciones del `48, donde gana Carlos Prío, en que ya hubo cierto
movimiento subversivo a favor de Chivás; que había quedado en tercer lugar en los votos, muy por detrás del
Dr. Ricardo Núñez Portuondo.

Este mismo grupo intervino en la facilitación de la destitución del jefe del ejército General Pérez Gámera. Ese
grupo, donde tengo entendido que estaba el Coronel Barquín, y otros que llamaban “el trust del cerebro” por
enrolar a una serie de profesores de la Escuela Superior de Guerra, llegó a ser bastante fuerte. De ahí se
desprende otro grupo que lo liderea el entonces capitán Jorge García Tuñón. Este era también un militar de
preparación, que inclusive venía de una familia castrense anterior al 4 de septiembre. Es decir, que venía del
viejo ejército, de una tradición. Luego también se úne al grupo que quería a Batista como líder. Y había otra
disidencia más, que era independiente a Batista en sus orígenes, aunque después se vincularon, ya que
buscaban un líder civil; los instigadores de este movimiento eran Colacho Pérez, un civil pero de origen
“revoluvionario”, miembro del ABC (al que Batista perteneció siendo joven) y que por los contactos que tenía
pudo hacer una serie de relaciones significativas en el ejército, y otra figura importante, que es el Coronel
retirado de la marina José Rodríguez Calderón. Para mí estas llegaron a ser las figuras más importantes en el
golpe de estado. Además de Salas Cañizares (quien llegaría a ser jefe de la policía) que controlaba las
perseguidoras y la motorizada. Hay otra serie de personajes a destacar, muchos de ellos retirados, como el
Capitán retirado Díaz Tamayo, que también era de la Escuela Superior de Guerra, y el General retirado
Francisco Tabernilla Dolz, que era un hombre que tenía mucho prestigio, un oficial graduado de la primera
escuela de cadetes del ejército en el año 1917 o `18. Tabernilla era un hombre que tenía mucha simpatía
sobre todo en la Cabaña, es decir, en el regimiento de artillería, que junto a Columbia (donde estaban los
tanques y la infantería) era la otra plaza militar fuerte de La Habana. Dentro de Columbia hubo también
militares simpatizantes; entre los cuales estaban los capitanes Robaina, Rojas, Sogo y otros.

Sobre la historia del 10 de marzo hay cartas cruzadas importantes, ya en el exilio, entre papá y el coronel
Cruz Vidal, que hemos donado a la Universidad de Miami, aunque yo tengo copia. Ramón Cruz Vidal era un
soldado del 4 de septiembre, que aparece en todos los libros como uno de los principales de ese movimiento.
Batista hace un prólogo a un libro de este señor donde señala que en las vísperas del golpe de estado había
una crisis; y que sin crisis institucional no hubiera existido un 10 de marzo. Había descontento, y muchos
apoyaron a Batista no por batistianos sino por descontentos.

-EI: Háblenos un poco de Tabernilla como figura histórica; de la relación con su padre.

-RB: Tabernilla fue importante en la historia de Cuba, sin duda. Como te dije, cuando el 4 de septiembre él era
teniente en la Cabaña; pero era un oficial muy popular. Su otro apellido, Dolz, lo emparentaba con un famoso
periodista; se le consideraba de origen más bien burgués. Es de los oficiales que se únen al 4 de septiembre,
que fueron más de 100 en un ejército con unos 700 oficiales; yo creo que demasiados para una tropa que no
llegaba a 10 mil hombres entonces. Un grupo se queda, pero otros no se quedaron con Batista. Tabernilla sí;
después llega a capitán, de momento tampoco fue el jefe de la Cabaña, que estaba en manos del sargento
Tarrau. Pero pasan unos meses, a Tarrau lo traspasan a otro mando y entonces hacen a Tabernilla jefe de la
Cabaña, ya como Comandante. Tabernilla, en honor a la verdad, se hace muy popular entre la tropa. Él
protegía a sus artilleros, los defendía en sus problemas. Tabernilla estuvo 10 años de jefe de la Cabaña, del
1934 al 1944. Era un hombre mayor en edad respecto a los otros; el de más edad de todos ellos junto a
Querejeta, que también llegó a General con Grau. En el año `41 viene una crisis en el ejército, después que
Batista es electo presidente y deja a Pedraza como jefe del ejército. Al ponerse en vigor la Constitución del
`40, una serie de instituciones que habían regentado la Marina y el Ejército pasaron al poder civil. Entre ellas
las Escuelas Cívico- militares, que estaban bajo el control del departamento de Cultura del Ejército, y esas
instituciones pasaron unas al Ministerio de Educación, otras a Hacienda, etc. Lo que dejó un disgusto, un mal
de fondo entre la jerarquía militar porque veían que las Fuerzas Armadas iban perdiendo poder. Y el coronel
Pedraza recoge ese malestar. Él, que era todo un caudillo en el ejército (además de Batista era el único
caudillo real que tenía el ejército), un hombre con fama de ser muy valiente, un hombre que había puesto
orden en La Habana cuando lo nombraron supervisor de la ciudad durante la huelga de marzo de 1935, un
hombre muy recto, muy buen militar, muy valiente, que tenía indudablemente simpatía entre la tropa. Por
cierto, yo estoy emparentado con los Pedraza por dos lados; en aquel momento un tío mío que era militar
estaba casado con la hermana de Pedraza. Más tarde un hermano mío se casó con su hija.

Todo esto agravó un conflicto que hubo entre mi padre y Pedraza. El caso es que Batista tuvo que retirar a los
jefes de la marina, el ejército y la policía. Hubo una cierta insubordinación, cuyo castigo fue retirarlos a los EE.
UU. y que a los pocos meses regresaran. Mucho más tarde, a finales de 1958, Pedraza reingresa en el
Ejército; después que los rebeldes mataran a su hijo en Santa Clara. Pero ya era muy tarde para que su
presencia cambiara los acontecimientos.

-EI: ¿Y cómo actuó Tabernilla en esa situación?.

-RB: En esa situación Tabernilla, que controlaba la Cabaña, que miraba directamente a Palacio, fue el primero
que llamó a Batista y le dijo que estaba con él, fue un hombre clave en ese momento. Llega entonces el 1944,
gana Grau, Tabernilla aún es el jefe de la Cabaña y Grau lo retira del ejército.

Él viene para Miami, y después se conecta con Batista cuando este viene a Daytona en el exilio de turno. Hay
una foto de cuando mi padre toma el avión para regresar a Cuba, en noviembre de 1948, ya electo Senador;
ahí está Tabernilla despidiéndolo en su viaje de vuelta a La Habana tras 4 años. Después siguen conectados y
cuando se produce el 10 de marzo de 1952, Tabernilla es uno de los principales pues entra en la Cabaña con
un carro o dos carros y toma el mando. Tenía entonces el mando de La Cabaña el general Velázquez, que
también era un sargento del 4 de septiembre. Por eso el traspaso fue muy tranquilo. Por cierto el hijo de
Velázquez, que era teniente, se queda en el ejército y lo fusiló Fidel Castro después.

-EI: ¿Hasta dónde llega Tabernilla con su padre?.

--RB: Hasta ser nombrado Jefe del Estado Mayor del Ejército. Era lógico. Fue leal, tenía mucho prestigio. Si
había un general de carrera era ese, “el viejo Pancho”, como le decían con mucha simpatía. Quizás era un
hombre ya mayor para el cargo. Los hijos también tomaron posiciones importantes, y se percibía como
mucho poder militar concentrado en una familia. Hay quienes dicen que eso perjudicó al ejército, pero no sé.
Yo creo que ellos fueron leales hasta el último mes de 1958; cuando al ver que aquello estaba perdido,
buscaron una solución al margen del Presidente Batista.

-EI: ¿Se refiere al famoso incidente del 13 de diciembre?.

-RB: Bueno no. El 13 de diciembre es cuando el embajador americano se reúne, creo que en Kuquine,
acompañado del Ministro de Estado y le dice a Batista que el gobierno americano no va a reconocer el
gobierno de Rivero Agüero, que había sido electo en aquellas elecciones de noviembre de 1958. Fue entonces
que Batista cita a los jefes y les cuenta lo que estaba pasando. Con toda honestidad. Faltaban unos 50 días
para que Rivero Agüero tomara el poder, y él había prometido convocar a una Constituyente meses después
de asumir. Yo creo que desde ese momento la alta jerarquía del ejército vio que no había solución, y algunos
de ellos empezaron a buscar una salida. Tengo entendido que el general Tabernilla, el día 26 de diciembre,
pide una entrevista al embajador americano.

-EI: ¿Y la concedió?.

-RB: Escucha lo que dijo el propio embajador: “De modo que se hicieron los arreglos para la entrevista (con
Tabernilla). Llegaron en sus carros oficiales. El general Tabernilla me dijo que deseaba hablar conmigo a
solas. Y su hijo y el otro general se fueron para una habitación contigua. El general Tabernilla me dijo que los
soldados cubanos no peleaban más, y que el gobierno en sí no podía durar. Manifestó que el propósito de su
visita era el de salvar a Cuba del caos. De Castro y del comunismo. Dijo que quería formar una junta militar,
compuesta por él, creo además que por el general Cantillo, el general Sosa de Quesada, el coronel Casares y
un oficial de la marina. Dijo que le daría salvoconducto a Batista para que saliera del país y quería saber si yo
apoyaría a esa junta. Le dije que informaría al Departamento de Estado de la conversación, pero que estaba
seguro que no me darían una respuesta directa para él. Lo que estimaba correcto porque, agregué, `si le
contestamos a Ud. directamente equivaldría a desconocer al general Batista, y yo estoy acreditado ante él`.
El general Tabernilla me preguntó qué le podía yo sugerir. Le dije: `?Ud. le ha mencionado esta visita a
Batista?` Y él me dijo: `No, no lo he hecho. No le he dicho que venía a verlo, pero he discutido en general
nuestras posibilidades futuras con Batista.` Y le pregunté qué habría dicho Batista. Tabernilla respondió: `Él
me dijo que le presentara un plan`. Yo le dije a Tabernilla que debía regresar y discutir con Batista, y que
cualquier sugerencia que viniera de Batista sería relatada por mí al Departamento de Estado...” Eso manifestó
el embajador norteamericano y consta en el libro “El cuarto piso” (Smith, Earl E. T. “El cuarto piso”. Editorial
Diana, SA. 1963).

-EI: Entonces Tabernilla es una personalidad histórica de muchos matices.

-RB: Tal vez él pensó en una solución a la crisis; pero al intentarla, no hizo más que complicar las cosas.
Pero además, Batista se entera de la entrevista. Recuerda que había entre ellos una amistad, que se trataban
con apodos cariñosos; a Tabernilla se le podía ver casi a diario en casa. Bueno, cuando Batista se entera se
reúne con Tabernilla y le dice: “Pancho, ¿es cierto que tú has ido a ver al Embajador americano?.” Tabernilla
lo reconoció, pero le dijo a Batista que lo había hecho por su bien. A lo que Batista replicó: “?Tú no te has
dado cuenta Pancho que me acabas de dar un golpe de estado?.” Esto lo relata mi padre en su libro
“Respuesta...”.

-EI: Y entonces Batista hizo lo más lógico: destituyó a Tabernilla.

-RB: Pues no. No lo destituyó. ¿Sabes por qué?. Bueno, primero te cuento algo. El mismo día 25 yo voy a
Palacio y me encuentro a Batista hablando con dos señores; eran Jorge Barroso (Ministro sin cartera, pero el
contacto del gobierno con los azucareros) y Gastón Godoy (Vicepresidente de la Cámara, una personalidad
entre los abogados). Cuando ellos terminan de hablar, yo me acerco a saludar a mi padre. Le pregunto qué
hablaban y me dice que esos señores le acababan de informar que la Asociación de Hacendados iba a
reunirse para pedirle la renuncia. Eso el día 25 de diciembre de1958, antes de la entrevista. El día de navidad.
Y se queda pensando y me dice que debería destituir a todos los Tabernilla; y entonces agregó: “Pero ya es
tarde”. Yo me digo que si él destituía a los Tabernilla, que eran en apariencia sus hombres más leales, pues
ahí mismo colapsaba el régimen.

-EI: Bueno, eso significa que ya alrededor del 25 de diciembre Batista debe saber que tiene que
salir del país.


-RB: Pero yo creo que él no decidió salir ese día. Yo creo que él trató hasta el último momento de mantener
aquello. Basaba sus esperanzas en la batalla en Santa Clara, que se pierde casi el mismo día de su salida.

-EI: Hablábamos del día 25 de diciembre, le quedan entonces unos seis días...

-RB: Ten en cuenta una cosa. El 26 es la citada visita de Tabernilla al Embajador americano; poco tiempo,
poco tiempo... Los hechos se van acumulando. Las mismas fuerzas conservadoras, por llamarlas así, ya se
viraban. Los únicos que se mantuvieron leales hasta el final fueron los obreros. El movimiento obrero. Los
líderes obreros en ningún momento titubearon. Es un enredo esta historia. Las clases conservadoras se le
viraron a Batista, se le pusieron en contra. Ya lo habían dicho varias asociaciones cívicas y profesionales.
Después, cuando alguna gente me preguntaba en el exilio, aquí en Miami: “Bueno, y por qué se fue Batista”,
yo les respondía: “Pues porque ustedes lo pidieron.”

-EI: ¿Quién en particular pidió eso?.

-RB: Pues ya te dije que los hacendados y otras organizaciones. Esos mismos señores lo pidieron. Algunos
de los cuales después me lo preguntaban. Ellos lo pidieron. Se reunieron los hacendados, los mismos que
habían ido a palacio a vitorearlo, le pidieron la renuncia. Pero bueno, así es la vida, así es la política. Pero
mira, la cosa en verdad empieza desde que el gobierno americano en marzo del `58 le hace el bloqueo de las
armas a Batista. De ahí el ejército, no los cabos, no los sargentos, no los soldados que eran leales, sino
algunos oficiales pensantes dijeron, bueno, si dicen que la URSS está apoyando a Castro, porque eso se
decía, y los mismos americanos no envían armas a Batista, entonces todo está decidido. Algunos oficiales lo
vieron así.

-EI: ¿Qué lógica le ve Ud. a la decisión americana? Es decir, bloquear las armas a Batista era
apoyar indirectamente a Castro.


-RB: Yo tengo un libro por ahí de los años `40, “Con el rifle al hombro”, del Coronel Ferrer, que tuvo mucho que
ver con el derrocamiento de Machado. Él dice en ese libro, a partir de un alzamiento en Oriente, que mandan
a liquidar... Él decía que la guerrilla que no se fulmina sobrevive, crece. Pues eso fue lo que pasó con Castro,
además de una campaña propagandística muy bien orquestada. Hay una teoría interesante. La primera vez
que yo leí esto fue en un panfleto que publicó Gastón Baquero en Madrid, posiblemente en el mismo año `60,
donde él dice que bajo el gobierno de Batista se empezaron a lastimar intereses americanos. Pero además de
Baquero lo señala un economista boliviano que trabajaba en el Banco Nacional llamado Julio Alvarado; lo
señala en su libro “La aventura cubana.” (Artes Gráficas Edic. SA. Madrid, 1977).

Por ejemplo, el túnel de La Habana lo iba a tener firmas americanas, y se les dio a los franceses. Y se les dio
porque era la mejor opción, porque parte del pago se produjo en azúcar, que estaba almacenada, porque la
zafra producía mucho e incluso había que aguantarla para que no bajara el precio. Había almacenada mucha
azúcar, y se financió parte del túnel con eso. Por otra parte, cuando se fue a renovar los ferrocarriles, que
estaban nacionalizados; cuando fueron a comprar las locomotoras, en lugar de comprárselas a la General
Motors, se las compraron a los alemanes. Yo tuve la suerte de ir a Alemania en una misión relacionada con
eso, fui con Martínez Sáenz (ex ABC), Presidente del Banco Nacional. Un tercer caso fue la decisión de
construir un molino de harina en Santiago de Cuba que le quitaba el monopolio al de La Habana, que era de
ellos. Otro estudioso también me explicó que todo el papel de la prensa cubana se compraba a Estados
Unidos y se le quitó ese monopolio del papel a los norteamericanos cuando Cuba empezó a poner varias
papeleras que usaban bagazo de caña como materia prima. Yo no lo he comprobado, pero me dijo que
accionistas de “The New York Times” eran a la vez socios de esas papeleras. Por otra parte, se iba a una
revisión de las tarifas proteccionistas que perjudicaría a los Estados Unidos; además de que se hicieron
planes para producir materias que hasta el momento eran compradas básicamente a los Estados Unidos,
como el cemento y el arroz. Yo no digo que esto determinó, pero digo que pesa. Si tú lees la correspondencia
de los embajadores americanos, yo tengo varias compilaciones, tú no ves ahí nada contra el gobierno de
Batista. Hasta fines del `57 y el `58, que se empieza a notar el distanciamiento. Quizás ellos pensaron
trabajar con otro tipo de oposición, pero se les fue de las manos. Batista sin duda era aliado y amigo de los
Estados Unidos, pero tenía su propia agenda nacionalista como legado de la propia revolución del 4 de
septiembre de 1933. Todos los gobiernos cubanos durante esa época fueron nacionalistas; un ejemplo: de
1939 a 1958 los ingenios azucareros en manos cubanas habían subido de 56 a 121 (del 22% al 62.13%)

-EI: Herbert Mathews, además de autor de célebres artículos sobre Castro, fue un entusiasta de su
causa, ¿le dijo Batista algo del rol que este periodista jugó en esa parte de la historia cubana?.

-RB: Mira, te cuento algo. Una vez un agente de inteligencia de Estados Unidos que hacía una investigación
sobre Mathews me pidió, cuando yo vivía en Madrid, que lo llevara ante mi padre en Lisboa, Portugal, pues
tenía que hacerle una pregunta importante. La pregunta trataba de precisar si, como se decía, Mathews le
había pedido dinero. Y mi padre dijo que no, que en ningún momento. Ahí hubo otras cosas. Pero de esa
naturaleza no. El embajador Gardner fue muy amigo de mi padre. Él le pidió a Batista que atendiera a
Mathews y se le atendió bien. Y después él hizo lo que estimó pertinente.

-EI: Bueno, de aquella noche del 31 de diciembre de 1958 que tanto gusta al cine y a la mitología
política cubana. Recuerdo aquel día que le pregunté si se había producido una fuga y su esposa me
retó: “¿Cómo una fuga si salimos tranquilamente delante de todo el mundo?.”

-RB: Claro, fue una salida tranquila. Nada de fuga. Incluso se firmó, y hasta se publicó, creo que en la revista
“Carteles” el 4 de enero de 1959, un acta de renuncia que suscribió mi padre aquella noche. Nuestra última
noche en Cuba. Existe ese dato relacionado con la salida de Cuba y existe también el relato, hecho por mi
propio padre, de su posterior salida de República Dominicana donde estuvo unos meses. Otra historia muy
intensa.

-EI: Pero volvamos a esa famosa fiesta... ¿cómo Ud. la recuerda?. Ud. era joven, también su esposa,
¿presentían algo?.

-RB: El asunto es que no hubo tal fiesta. Al menos no la fiesta lujosa que han inventado. Que nos íbamos a ir
esa noche no lo sabía yo, pero que había una crisis sí. Era evidente. Mi padre sí me dijo que estuviera en
contacto, que no me perdiera. Yo recuerdo que ese día tuve algunas reuniones. Una en la CENCAM,
organismo para-estatal que yo había presidido, situado en la ladera de la fortaleza de Atarés, con jóvenes
políticos y simpatizantes; recuerdo que me acompañaba Raulito, Raúl García Cantero, el padre del hoy
magistrado de La Florida, que se casaría con una hermana mía. Después fuimos a Columbia, al club de
oficiales, y después a casa de mi madre Elisa y Máximo Rodríguez, su nuevo esposo, donde también estaba
mi hermana Mirtha con su esposo el Dr. Elmo Pons-Domenech, mi hermana Elisita con su novio Raúl García
Cantero. Entonces, después de esperar el año con mi madre, me llama de Columbia (donde por cierto había
nacido yo) el padre de Carmita, mi esposa, el general Robaina, para que fuera para allá. De casa de mamá
fuimos a casa de Robaina: Raulito manejando, Elisita mi hermana, Carmita y yo, y mi hija María Aleida, que
tenía un año, en payama. Fuimos derecho para casa de Robaina. En otra máquina fueron mamá (Máximo se
quedó), Mirtha, mi tía Pastorita y el Dr. Elmo Pons-Domenech manejando. Entramos al campamento militar
por el obelisco a Finlay, que originalmente fue erigido al 4 de septiembre. Pero no cambió el nombre Castro
sino Grau, y ya después se quedó así. Batista no lo cambió más. Pues por esa puerta entramos a Columbia.
Yo iba bien preocupado, pensé que el campamento podría estar alzado, íbamos sin escolta. Llegamos a casa
de Robaina y allí estaban celebrando: Luisito mi cuñado, con la novia de entonces, celebrando sencillamente
con otros familiares. Pues allí dejo a mi gente y solo, caminando, fui a la residencia principal que estaba al
lado. Nada de grandes vestidos, mi hermana Mirtha andaba en pantalones, mi hija en piyama, mi esposa en
un vestido normal; nada de ropas fastuosas, como se ha dicho. Fui al lado, la reunión era en el segundo piso,
subo y había algunos militares, algunos políticos y algunos miembros de la familia... Y mi padre, claro está.
Aquello no parecía una fiesta, sino todo lo contrario.

-EI: ¿Puede citar algunos de los políticos presentes?.

-RB: Bueno, algunos de los que recuerdo: estaba Anselmo Aliegro, que era el Presidente del Senado, estaba
Justo Luis del Pozo, Alcalde de La Habana; Santiago Rey, que era el Ministro de Gobernación; Andrés Rivero
Agüero, que era el Presidente electo; estaba Gastón Godoy, que era el Vicepresidente electo; estaba allí
Oscar Figuerola, Presidente de la Cruz Roja; estaba el Dr. Lama, Director de Mazorra, que se había casado
con mi prima hermana, una sobrina de mi padre; también Manolo Vieites, casado con una prima hermana de
mi padre; Ramona... que yo recuerde, ellos estaban; yo no recuerdo a nadie más. Había otras gentes del
ejército, pero nada que tenga que ver con la película “El padrino”. Y toda esa gente estaba ahí sentada,
tranquilamente. Entre los militares recuerdo a Rojas, Pedraza, Robaina,Tabernilla, el padre y el hijo, Silito,
muy cercano a mi padre hasta el último momento. También algunos ayudantes. Ah, y estaba también Jorge
“Yoyo” García Montes, que había sido Primer Ministro, senador; Gonzalo Guell, Primer Ministro, Andrés
Domingo y Morales del Castillo, Ministro de la Presidencia. A mí me llamaron a Columbia después de las 12
de la noche. Ya muy tarde, en un momento, mi padre baja al despacho de Silito Tabernilla. Unos se van, otros
bajan. Yo bajé a ver a papá. Santiago Rey y Julio Luis del Pozo se fueron sin esperar cuando mi padre bajó.
Hubo otros que bajaron pero no se quisieron ir, como Anselmo Aliegro y Yoyo García Montes. Yo estaba allí.
Mi padre les dijo: “Vengan conmigo”, y García Montes y Aliegro le dijeron que no, que no era necesario.
Después ellos se asilaron. Políticos y funcionarios que se fueron con mi padre, que yo recuerde: Andrés
Rivero Agüero, Gastón Godoy y Oscar Figuerola; Gonzalo Guell y Andrés Domingo Morales. Yo lo recuerdo.
Eso en el avión de mi padre, porque salieron tres aviones.

A la reunión llega el General Eulogio Cantillo, que había tomado el mando de Columbia y relata la situación
militar. Lo mismo hacen otros jefes.

Se podía haber resistido allí, en Columbia, pero no se podía vencer, ya las fuerzas armadas estaban
derrotadas en el sentido del país entero. Batista dice que se marecha para evitar más derramamiento de
sangre. Entonces me dicen que busque la familia en casa de Robaina y fuera al aeropuerto militar. Todo fue
muy calmado, hubo incluso quien no se fue. Pasaba algo surrealista, estábamos en la escalerilla del avión y
había soldados que todavía gritaban “!Viva Batista!”. Había tres aviones, nosotros subimos creo que al
segundo, donde también se fueron los Tabernilla, y fuimos los primeros en irnos. Yo estaba ya en el avión y
veo que mi padre está abajo, entonces bajé del avión para darle un abrazo, y mi esposa Carmita se disgustó
pues pensó que corría peligro. Después nos marchamos.

-EI: Pero, ¿esos aviones ya estaban preparados?.

-RB: El jefe de la aviación los tenía preparados, pero dewconozco más detalles.

-EI: ¿Quién preparó la referida renuncia formal?.

-RB: Quizás fue Andrés Domingo, Secretario de la Presidencia. Yo no sé los pormenores. La presidencia le
correspondía a Guás Inclán por ser Vice-presidente, pero estaba de cacería. El que estaba ahí en sucesión
era el Presidente del Senado, Aliegro, que fue presidente del país solo un minuto (un récord), ya que
inmediatamente renuncia a favor del magistrado más antiguo. Y se queda Cantillo a cargo de Columbia y el
ejército. Yo recuerdo a mi padre aún en la escalerilla aconsejando a Cantillo. Si no es por Cantillo de allí
hubiera sido muy difícil salir. Él había regresado de Oriente, y llegando se reúne con Batista esa misma noche
sobre las 10:00. Mi padre le dice que iba a renunciar para evitar derramamiento de sangre y que él tomara el
mando de Columbia. A esas altas horas se transfiere el mando a Cantillo. Cantillo llama a algunas figuras
para que lo ayudaran, y fueron a buscar al Magistrado Piedra a la casa, el magistrado más antiguo, y le dicen
que él era el presidente. Esa fue si se quiere una misión constitucional de Cantillo, que acabó siendo sacado
por Barquín y no por Camilo Cienfuegos como cree la gente. Cantillo y Barquín habían sido compañeros de
curso.

-EI: ¿Puede dar un breve perfil de Cantillo?.

-RB: Había estudiado mucho. Tenía mucho prestigio. Era el número uno en su curso, y Barquín el segundo.
Estuvo preso mucho años y murió en el exilio. No tenían de qué acusarlo. Jefe militar de toda una región y no
tenían nada contra él. Era una persona muy decente. Cantillo entró en el ejército después del `33. Pero él no
era septembrista. Había militares viejos en su familia. Un hombre muy capaz. Él tenía varios hermanos, pero
Carlos era su hermano militar. Cuando mi padre deja la presidencia en el `44, Cantillo debía haber sido
teniente o capitán. Cuando el 10 de marzo era Coronel. Jefe de la Fuerza Aérea de Prío. Fidel Castro lo
condena por el 10 de marzo pero él no tuvo que ver con el 10 de marzo. Después se unió, pero no estaba en
la conspiración inicial. Cuando mi padre le pide que se quede como Ayudante General del Ejército, le dice:
“Mire General Batista, anoche mismo yo estaba jugando dominó con el General Cabrera, Jefe del Ejército, y
es indigno que yo acepte esto ahora sin avisarle. ¿Usted cree que le podemos comunicar?.” Cabrera estaba
retenido en casa de Doña Emelina, la madre de Martha, la suegra de Batista. Allí llega Cantillo y le comunica
a Cabrera lo que le había pedido Batista. Y estuvo de acuerdo.

Esto me lo contó el Coronel Martínez Suárez, que fue con Cantillo a ver a Cabrera. El mismo coronel José J.
Martínez Suárez, que había sido enviado por Cantillo a contar a Batista la orden de entrevistarse con Castro
que le había dadoTabernilla, me envió una carta fechada en junio 29 de 1995, donde relata hechos que se
relacionan con lo que hemos conversado. Era su voluntad que esa carta se diera a conocer, por lo que puede
formar parte de esta entrevista, parcial o totalmente. (*)

-EI: Bueno, respecto a Ud., ¿qué siente hoy en relación con Cuba?.

-RB: No te niego que durante un tiempo quise manejar ese sentimiento. Mi familia había caído en desgracia y
éramos azotados por una propaganda internacional en parte para justificar las arbitrariedades de los que
habían ganado.

Pero desde hace unos años he recuperado mi interés por la historia, el amor por Cuba que siempre estuvo
ahí. Tengo proyectos de rescate de su historia, hemos donado muchos documentos a la Universidad de
Miami. Estamos activos en esto mi hermano Roberto y yo, un grupo de familiares y amigos. Hay algunos
estudios sobre el papel de nuestro padre en marcha en universidades, todo eso nos da aliento. Toda esta
suerte ha implicado un dolor, pero todos nosotros nos hemos superado mucho. Cuando salí de Cuba estuve
en los Estados Unidos un par de semanas, pero después me fui para España. Allá me fue mucho mejor de lo
que me hubiera ido aquí en aquella época. Estuve aquí en New Orleans y New York. Recuerdo que yo llamé a
mi padre a Santo Domingo y le dije que quería irme de aquí, que esto era insoportable.

-
EI: ¿La gente le era hostil?.

-RB: Un ambiente horrible; por parte de los americanos y mucha otra gente. Tuve una serie de incidentes y le
dije que si podía me iba para Dominicana. Y él me dijo que no, que era mejor que no.

-EI: ¿Pasaba algo con Trujillo?.

-RB: Esa es otra historia, otro sábado.

-EI: Una de las cosas que se ha dicho es que Trujillo era el gran aliado de Batista. Y que Batista voló
a Santo Domingo y no a los Estados Unidos porque lo iban a proteger allá.


-RB: Todo lo contrario. Igual que esa llamada conspiración batistiano-trujillista que nunca existió. Trujillo
quería invadir a Cuba en el `59, y fue Batista quien dijo que eso no era razonable ya que Castro estaba en un
momento de mucha popularidad; además, mi padre pensaba que en Cuba se alzarían hasta las piedras para
combatir a Trujillo en caso de una invasión. Esto no quiere decir que no hubieran exmiitares valientes
involucrados en esta aventura.

-EI: ¿Y Miami?.

-RB: Pensé que no tenía futuro en España, por eso en el `62 vine a Miami. Yo tenía que ver como me
orientaba en Miami; era difícil. Varias gentes le escribieron a mi padre diciéndole que debía impedirme venir a
Miami. Me lo decían algunos amigos también. Como te decía era el 1962. Ya había pasado Playa Girón, y la
cosa estaba más calmada. Pero todavía esto estaba lleno de enemigos y mucha gente nuestra aún estaba
resentida por lo sucedido. Yo vine, y decidí desde el primer día irme a la calle para que me vieran, para que se
acostumbraran a verme. Yo no tuve aquí un problema con nadie; ni con amigos ni con enemigos. Había una
situación económica muy mala, difícil en política, pero yo no tuve problemas con la gente.

Yo traté de ser lo más natural posible. Ayudé en lo que pude. A mí me dolía ese odio contra mi familia, pero
seguí adelante.

-EI: Si Ud. tuviera que definir la posición política de Batista, en general, ¿cómo lo haría?.

-RB: Un día yo le pregunté eso mismo a mi padre. El se consideraba un hombre de centro; con mucha
sensibilidad por los más necesitados, por las clases menos favorecidas. Incluso, después de la Guerra Civil
Española llegaron muchos refugiados republicanos que fueron bien recibidos; así como miles de otros países
europeos.

En cuanto a la pregunta podría decirte que políticamente mi padre fue de centro; es decir, creía que era
necesario apoyar a la clase obrera pero que al mismo tiempo había que dar las garantías al capital para que
invirtiera en el progreso. Yo creo que en la primera época podría considerarse hasta de centro izquierda; el
problema es que en Cuba en esa época, casi todo el mundo era de centro-izquierda. En los años `30 se
competía por lucir bien “progresista”. Hasta el Partido Conservador se cambió el nombre. El conservador
cubano era de centro. En Cuba, ¿cuál era en verdad la clase conservadora? Ciertas familias muy ricas, parte
del clero, el “Diario de la marina” en la prensa... pero si el “Diario de la marina” era de derecha era una derecha
de tipo muy flexible porque en él escribía muchísima gente, gente muy diversa. Mañach escribía ahí y era de
centro-izquierda. Baquero también y era de centro-derecha. Y era el mulato, fijese Ud. El conferencista
graduado de Harvard tiraba a la izquierda. El poeta mulato a la derecha. Así era Cuba.

-EI: En el plano personal, ¿tuvo relaciones Batista con algún comunista?.

-RB: Con Batista fueron Ministros sin cartera dos comunistas: Juan Marinello, que después renunció para
aspirar a otra posición y fue sustituido por Carlos Rafael Rodríguez, el segundo de sus Ministros comunistas.
Y eso fue en el `43, cuando el gobierno de unidad nacional. Se hizo una política de frente unido, en la que
participaron todos menos los auténticos; aunque fueron invitados. Y aún así varias personalidades del
autenticismo participaron en el gobierno, como Carlos Hevia y Rubén de León.

-EI: ¿Otras fuerzas importantes de aquella coalisión?.

-RB: En la coalición entró también el ABC, que era un partido de oposición. Entró con Martínez Sáenz, que
había sido muy enemigo de mi padre, incluso de retarlo a duelo. Martínez Sáenz entra de Ministro de
Agricultura. Más adelante (1952-1958), como Presidente del Banco Nacional, Martínez Sáenz llevó la política
económica de Batista, fue el gran impulsor del desarrollo económico. Una personalidad muy destacada
Martínez Sáenz. Estuvo preso y murió aquí. Un hombre muy nacionalista; como era la doctrina “abecedaria”.
Incluso, yo creo que él pensaba que estaba implementando la doctrina del ABC dentro del gobierno de Batista

-EI: ¿El pacto con los comunistas fue un ardid político o ambas fuerzas tenían puntos de vista
conciliables?.


-RB: Cuando formaron parte del gabinete de Batista, en plena II Guerra Mundial, los Estados Unidos eran
aliados de Moscú; en aquella época los comunistas la verdad que no dieron ningún problema. Anteriormente
habían apoyado a Batista para la presidencia en 1940, como también lo hizo el Partido Demócrata
Republicano (conservador), el Partido Liberal y otros (un total de siete partidos). Cosas de la Cuba de
entonces: los comunistas y los conservadores formaban parte de la misma coalisión política. En las
elecciones de 1944 el Partido Socialista Popular apoyó a Carlos Saladrigas, que era el candidato del gobierno
de Batista. Después, durante la guerra fría, nade quería pactar con ellos en las elecciones presidenciales,
aunque sí pactaron con distintos partidos en las elecciones municipales.

Mi padre tuvo un secretario que se llamaba Raúl Acosta Rubio que escribió dos o tres libros sobre Batista y
su época. Después también una serie de artículos y entrevistas en una revista que habia aquí que se llamaba
“Alerta”. Son interesantes algunas cosas que dice respecto al 10 de marzo, cuando él sí estaba muy unido a
Batista. Recuerdo que a raíz del 10 de marzo a Batista le da como una varicela. Y tuvo que aislarse. Pues
Acosta Rubio, que estuvo a su lado, cuenta que él mismo recibe un recado del PSP donde se asegura que
quieren reunirse con Batista. Finalmente se reúnen con el propio Acosta Rubio, al cual Batista le dice que le
transmita a los comunistas que se queden tranquilos; pero que no es el instante oportuno para un
entendimiento. El no podía, no era prudente políticamente. El embajador cubano en Washington, Aurelio
Fernández Concheso, que había sido embajador ante Hitler y Stalin y lo era ahora ante los norteamericanos,
ha estado enviando información y manda una carta muy importante donde previene a Batista sobre un
entendimiento con los comunistas, a partir de lo que podía captar en un Washington en guerra fría con Moscú.
Después rompe relaciones con la URSS un mes después del 10 de marzo de 1952 y más tarde ilegaliza al
PSP.

A finales de 1957 el embajador soviético en México se encuentra con nuestro embajador Oscar de la Torre y
le dice que deseaba hablar con él a solas. Así lo hacen y el embajador soviético le sugiere al nuestro que la
URSS desea mejorar las relaciones con el gobierno de Batista. De la Torre viaja a Cuba a informar a Batista,
quien le ordena que finalice esos contactos. Esto se cita en la “Historia del Partido Comunista de Cuba” (Edic.
Universal, Miami, 1970), de Jorge García Montes y Antonio Alonso Avila.

Tengo la impresión que desde ese instante crece el apoyo a Castro. Batista creía que en plena guerra fría esa
posibilidad no era conveniente. Ya él, en la Reunión de Presidentes en Panamá, en 1956, había dicho que un
gran peligro acechaba el continente: el marxismo-leninismo. Su advertencia y postura le costaría caro.

Eso hay que estudiarlo bien, porque al final lo que tumba a Batista es precisamente su anticomunismo;
específicamente en su segunda etapa (1952-1958).

EI: Por último, ¿qué balance haría del papel político de Fulgencio Batista?.

RB: Hace algún tiempo se me preguntó qué hecho consideraba como más importante en la historia de
Batista, mi padre. Contesté que aunque importantes habían sido sus obras públicas, su labor educacional y
sanitaria, su impulso a la economía (sobre todo en su segunda etapa) y las leyes sociales que había
implementado, lo que más admiraba era como había encaminado el proceso institucional que culminó con la
Constituyente de 1940. Hay que advertir que el proceso político cubano desde 1933 hasta 1939 había estado
lleno de conflictos, algunos violentos. Batista, en solo seis años como “el hombre tras el trono”, auspicia que
regresen todos los exiliados políticos tras una amplia amnistía y se celebran las elecciones para la Asamblea
Constituyente de 1939. En estas participan todos los partidos –desde los conservadores (Pertido Demócrata
Republicano) hasta los comunistas; los liberales (Partido de los machadistas) y hasta los enemigos de esos
liberales, el ABC, el Partido Revolucionario Cubano y muchos más. Para completar, la oposición gana la
mayoría y se respetan los resultados. Este es un proceso que no es típico dentro de una situación política en
la que predomina la influencia de un supuesto “dictador”.

Esta institucionalidad tiene como colofón la celebración de unas elecciones presidenciales que gana Batista
con el apoyo de siete partidos. Gobierna cuatro años sin que existiera un solo exiliado político; sin un preso
político y con la aprticipación de todos los sectores de la nación.

Al celebrarse las elecciones de 1944, pierde el candidato del gobierno y gana el mayor enemigo político de
Batista. Pero acata el resultado de las urnas y entrega el poder.

-(*)-Apéndice:

Carta del Sr. José J. Martínez Suárez al Sr. Fulgencio Rubén Batista.

Junio 29, 1995.

Estimado amigo:

Leyendo en estos días algunos libros que cuentan los hechos de la caída del gobierno que presidiera su
padre, encuentro que se confunden los acontecimientos y las fechas. Como fui testigo de un hecho de gran
trascendencia, he querido darle este testimonio como contribución a la verdad histórica, me refiero a la
entrevista, el 28 de Diciembre de 1958, entre el General Eulogio Cantillo y Fidel Castro.

En el mes de Agosto, el General Cantillo recibió una carta del cabecilla rebelde, a través del padre Guzmán,
en la que le proponía una entrevista. Esta propuesta fue informada al Estado Mayor y el Presidente Batista.
Se le pidió al General Cantillo que fuera a Varadero, donde se runió con el Presidente, ya que se trataba de la
posibilidad de una solución nacional. Aunque el Gral. Batista veía con escepticismo esta gestión, le sugirió al
Gral. Cantillo que enviara a otro oficial.

Fue designado el Teniente Coronel Fernando Neugart, el cual tuvo varias conversaciones con Fidel Castro sin
resultados positivos, por lo que el Gral. Cantillo suspendió esas gestiones.

Ya en el mes de Diciembre la situación en Oriente había empeorado considerablemente. Al acudir a La
Habana el 22 de ese mes e informar al Gral. Francisco Tabernilla Dolz, Jefe de Estado Mayor Conjunto, de
esta realidad, este le preguntó al Gral. Cantillo si él tenía algún contacto para concertar una cita con el Jefe
rebelde, recordando este al Padre Guzmán. El Gral. Tabernilla le ordenó que regresara a Santiago de Cuba a
la mayor brevedad. El Gral. Cantillo cumplió la orden pensando que tenía la aprobación del Prasidente de la
República.

El día 25 de Diciembre regresa nuevamente a La Habana el Gral. Cantillo y recibe la orden del Gral. Tabernilla
Dolz de entrevistarse con Fidel Castro para que lo tanteara. Mientras tanto el Gral. Cantillo había solicitado
una audiencia con el Presidente a través de su Jefe de Despacho, el Gral. “Silito” Tabernilla Palmero. Al no
recibir noticias de este general y como la situación en Oriente apremiaba, tuvo que marcharse.

Antes de irse, sin embargo, me dijo que le extrañaba mucho que el Presidente no lo llamara y lo orientara al
respecto, preguntándome si yo podía hacer algún contacto para ver al Presidente y le informara de la orden
recibida.

(...)

Siguiendo mi relato, el día 27 de Diciembre, se trasladó el Gral. Cantillo para Santiago de Cuba. Siguiendo yo
sus instrucciones, decidí visitar al Dr. Antonio Lamas, casado con una sobrina del Presidente, a quien le
informé, sin más detalles, de la urgencia que tenía de ver al Gral. Batista, fuera de los conductos
reglamentarios. Fue entonces que hicimos contacto con usted para que gestionara esta cita. Usted se
comunicó con su padre el cual le dijo que nos recibiría esa noche. Yo le insistí en que no podíamos esperar
tanto por la urgencia del caso. Usted habló nuevamente con su padre y nos comunicó que me esperaba a las
tres de la tarde en Palacio. Usted se reunió conmigo en el Restaurant El Carmelo de la Calle Calzada y de allí
partimos juntos. Recuerdo que usted trataba de saber lo que estaba sucediendo pero yo no le dije nada, tan
solo que recordara a Brutus, uno de los asesinos de Julio César, al cual este quería como a su propio hijo.

Cuando llegamos a la ante sala del despacho de su padre, usted entró para notificarle mi presencia y luego
regresó para acompañarme, dejándonos solos.

Al preguntarme cuál era la urgencia de mi visita, le informé que el Gral. Cantillo me había pedido que hiciera
gestiones para verlo, y le contara sobre la orden que había recibido del Jefe de Estado Mayor Conjunto,
extrañado de no haber recibido ninguna orientación de su parte.

El Presidente se paró y me dijo: “?Usted está seguro de lo que está diciendo?”, y yo le contesté: “Estoy
cumpliendo con lo ordenado por el Gral. Cantillo.” Hablamos más de dos horas, durante las cuales pude
percibir que el Presidente no estaba siendo bien informado, pues ignoraba la deserción del Coronel Florentino
Rosell (mientras cambiábamos impresiones, le llegó el informe de este acontecimiento). Al concluir, me dijo
que haría pasar a través del Jefe del Ejército, Gral. Rodríguez-Avila, un mensaje por la micro-onda al Gral.
Cantillo para que dejara sin efecto la entrevista ordenada. Tembién me dijo que pondría un avión a las seis de
la mañana para que me trasladara a Santiago de Cuba e informara al Gral. Cantillo que desistiera de la
misión. Recuerdo que al salir de Palacio nuevamente trató usted de averiguar lo que pasaba pero yo guardé
silencio.

A las 2: 00 a.m. del día 28, recibí una llamada telefónica del Cmt. Dole, ayudante del Gral. Tabernilla Dolz
para que me personara en el Estado Mayor. Lo llamé a usted nuevamente para que le preguntara a su padre
si debía acudir a la cita, contestándome, a través de usted que cumpliera la orden. Me presenté al Gral.
Tabernilla Dolz, me apartó para que nadie nos escuchara y me preguntó: “?Tú sabes algo de la orden que se
le dio al Gral. Cantillo?”. Le contesté que algo había oído. “Hay un avión para usted mañana para que lo
traslade a Santiago de Cuba y le diga al Gral. Cantillo que le dé largo a la orden que se le dio.”

A las 6: 00 a.m. estaba en el Aeropuerto Militar de Columbia pero no pude salir hasta las 10: 00 a.m., ya que
me dijeron que el avión se estaba reparando. No llegamos a Santiago hasta la 1: 00 p.m. y en el mismo
aeropuerto pregunté por el Gral. Cantillo. Se me contestó que volara en helicóptero, solo con su piloto, el
Capt. Izquierdo. Al regresar y verme, se paró y abrió los brazos sorprendido por mi presencia. Le informé de
mi conversación con el Presidente y de la contra-orden del Gral. Tabernilla Dolz. Me contestó “Too late
Martínez, too late. Acabo de tener la entrevista ya que no había recibido ninguna contra-orden. Mañana
regresaré a la capital e informaré al Presidente.”

Esa noche regresé a La Habana en un avión comercial. Al otro día, 29 de Diciembre, me comuniqué con usted
para informarle que el Gral. Cantillo regresaría ese día por la tarde, para que se lo dijera a su padre. Al poco
rato, me telefoneó usted para decirme que el Presidente le había indicado que esperara al Gral. Cantillo en el
Aeropuerto de Columbia para llevarlo directamente a Kuquine. El Gral. Cantillo llegó a las 2: 00 p.m.,
esperándolo varios altos oficiales; pero, siguiendo las órdenes de su padre, marchamos a verlo. Usted iba
delante en su automóvil y nosotros lo seguimos.

El Gral. Cantillo entró solo al despacho del Presidente, pero luego me contó la conversación. El Presidente le
había preguntado por qué no había ido a verlo antes de cumplir la orden dada por el Gral. Tabernilla Dolz. El
Gral. Cantillo le explicó que el Jefe de Estado Mayor Conjunto le había ordenado que se marchara
rápidamente. Cumplió la orden porque pensó que el Presidente estaba informado, lo cual no era cierto según
pudo constatar.

También me contó que cuando le iba a relatar los detalles de la entrevista, el Presidente lo paró diciéndole:
“No me cuentes nada, ya es demasiado tarde.”

Espero que esta carta ayude a esclarecer la verdad histórica y, con tal propósito le autorizo que haga uso de
la misma en la forma que estime conveniente.

Afectuosamente,

Tte. Col. José J. Martínez Suárez.

Ayudante del Gral. Cantillo.


EIM.
Mayo-2006.


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