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La simpatía adversa
Ventana Mágica
Zambranistas.


Dicen que en su ardorosa juventud a Gustavo Pittaluga lo apodaban Gustavo “Pitolongo”. Dicen
además que María Zambrano, brillante y pícara, fue uno de los entallables objetivos del
Maestro, rebosante además de temperamento, carácter y personalidad.
Un albacea lujurioso dejó saber que durante su retiro en Galapagar, cuando le comunicaron
que Il Signore Pittaluga rogaba por un último encuentro, ella preguntó con inocencia:
-“¿Todavía la tiene igual?”
Refiriéndose, claro está, a aquella belleza facial masculina aún corroborable en las
amarillentas fotos del personaje. Para redondear la leyenda, el discípulo asegura que Don
Gustavo llegó hasta la puerta de la Zambrano y que ésta no lo quiso recibir argumentando que
ya había pasado demasiado tiempo.
La Zambrano es sin duda un personaje encantador, lleno de modulaciones, casi inagotable.
Por un lado el frenesí; por otro, la paz meditadora que conduce, por ejemplo, a la escritura de
El hombre y lo divino y a las hidropercepciones sufí.
Cuentan también que cuando llegó a España, a recibir el Premio Cervantes, al Alcalde de
Vélez-Málaga se le ocurrió la idea de ponerle su nombre a una de sus calles. Cuando se lo
consultaron, ella se limitó a comentar con altivez: “Mira que ofrecerme una calle, cuando a mi
edad lo que una mujer desea es una esquina.”
En Cuba tiene la Zambrano admiradores varios. Toda la cáscara del moralismo senequista y
cristiano que se puede encontrar en la obra de la filósofa, pero sin una gota de su gracia, sin
una escoria de su mística y de su irreverencia, es lo que uno encuentra en los trabajos de sus
estudiosos cubanos. Enlisto algunos de sus nombres, al menos de los más aventajados:
Prats Sariol, Jorge Domingo, Efraín Santana y Jorge Luis Arcos. Después de monopolizar los
archivos cubanos acerca de la escritora y otras lindes, después de posar como los grandes
zambranistas y orteguianos de algunas instituciones cubanas como el Instituto de Literatura y
Lingüística y La Gaceta de Cuba, parece que se aprestan a asaltar con su estilo parroquial las
una vez beligerantes revistas del exilio.
Se acabó la esquina. Ahora, si las incursiones se convierten en procesión, volveremos al
rincón. Nos asomaremos a conocidos estudios sobre la idea de perdón en María Zambrano,
su concepto de lo sagrado, su ansia de paz, la textura del silencio, la miel de las palabras y
miles de boberías más que vertebran un pensamiento que solo merece un adjetivo: “cheo”.
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Sábado 9 de septiembre 2006