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La simpatía adversa
Ventana Mágica
El tumbe del siglo.


En ese antológico ejercicio de identidad que es El laberinto de soledad, Octavio Paz afirma a la
“ingenuidad” como una de las características que la percepción latinoamericana induce en el
estereotipo del “norteamericano”. Independientemente de las suspicacias a que me obligan
los prejuicios del “construccionismo”, que es  la epistemología “fashion”, creo que hay algo de
verdad en ello.

Mi primera experiencia reveladora de esa ingenuidad gringa fue hace muchos años, durante
un juego de béisbol entre un equipo infantil de USA y Los Textileritos, una novena improvisada
en Bauta en nombre de la Textilera Ariguanabo. Había que ver a aquellos “patos bobos”
blanquísimos, criados con “cuáquer” y “sheep milk”, correr sanamente las bases, esperar el
toque del compañero con el pié pegado a la base o saludar a cada contrario cada vez que
hacían una buena jugada. Nuestros chamaquitos, con cincuenta centímetros menos de
estatura pero con más calle, parecían enanos de grandes ligas a su lado: con once años ya se
tocaban los cojones en las bases, horadaban la grama con sólidos gargajos, se deslizaban
en segunda con los pinchos amenazantes y tiraban cal en los ojos de los gringos cuando se
paraban en home.  

Cuando hacia 1991 los profesores de marxismo se reciclaron a la “historia común” con
España, y a la academia norteamericana después, esa ingenuidad se hizo patente de nuevo.
Los gringos  se gastaron (y gastan) millones de dólares financiando a “profesores
encubiertos” que deberían haber contribuido a la democratización de la isla, para no hablar de
los libertarios y filántropos de Miami. Tumbe en la ecología, tumbe en los estudios de la mujer
y en la investigación afrocubana, tumbe en los “gays and lesbian studies”, tumbe en el registro
de esclavos, en la historia municipal. Tumbes y más tumbes.

No obstante, creo que el tumbe más sonado de todos lo está dando en La Habana un
espectacular líder musulmán criollo aparecido en La Lisa. Se llama Alí Nicolás y sus señas
pueden encontrarse en la red www.google.com

Basándose en una regla coránica que obliga al amparo mutuo entre musulmanes, Alí ha
persuadido a la Embajada de Irán en La Habana para que lo apoye en el rescate de de la fe en
Alá. Los segurosos no saben qué hacer, toda vez que los iraníes, aunque son “extranjeros”,
son amigos de Fidel y de Chávez.  

La Embajada iraní dice estar muy satisfecha por la feligresía creciente en Cuba, sobre todo en
las zonas de Marianao, Arroyo Arenas y El Cano, primer pueblo “socialista” de Cuba. La “meca
criolla”, por supuesto, está en La Lisa.

A Alí Nicolás le han puesto una tubería inobjetable desde la sede diplomática. Los
musulmanes cubanos celebran almuerzos, se distribuyen honestamente artículos para el
hogar y desatan sus fiestas habituales. Por supuesto, a leche limpia.
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Sábado 30 de septiembre, 2006