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| La segunda inocencia. La consecuencia natural de vivir en una sociedad totalitaria que ya alcanza el medio siglo es el descreimiento en la importancia de la política como cultura, el escepticismo en cada uno de los líderes y hasta en su concepto, y el impedimento lógico (con fundamento moral) de discernir con claridad en ese ámbito. No sabemos, no podemos saber lo que en política sucede en Cuba. Participando de ese estado espiritual tuve la oportunidad de conocer en North Miami Beach al senador colombiano por el Partido Liberal Juan Fernando Cristo. El senador proviene de una familia política tradicional y es él mismo un político de profesión. Entiéndase bien: es un político profesional porque las regulaciones al uso no permiten que los senadores se involucren en negocios que puedan ser sensibles a la posición que se ocupa. Es una prevención contra la corrupción, uno de los graves problemas de la política contemporánea que en Cuba, para colmo, tiene incluso problemas de formulación: ¿contra qué normas morales se va a establecer, si hasta los mismos raseros se han perdido? Ya que en la isla, en sentido estricto, no hay políticos (Castro no ha hecho política interior jamás), el encuentro con Juan Fernando Cristo fue una lección. Conocedor de la historia y la praxis de la política colombiana, maneja también con soltura (con mirada interior) la política latinoamericana. Por demás, su trabajo diplomático en Grecia, Venezuela y otros lugares del mundo le dan una perspectiva global en su análisis del poder. Respecto a Cuba, uno de sus posicionamientos más interesantes consiste en distinguir entre Fidel Castro y el modelo social que ha creado. En sentido general, las simpatías que el comandante posee en Latinoamérica no son transmisibles a su esquema de gobierno y mucho menos a su ``utopía''. El senador fue un enfático crítico de la presidencia de Andrés Pastrana. Sus más sobresalientes trabajos periodísticos fueron recogidos en el libro A un año del cambio (Imp. Nacional de Colombia, Santa Fe de Bogotá, 1999), que pudiera ser muy útil para considerar una manera decidida y respetuosa de ejercer la oposición. Cuenta el autor que, por haber sido editado por el Senado de la república, el libro le fue impugnado y tuvo que responder a un proceso de ``de- sinvestidura''; una suerte de monitoreo cívico a través del cual un legislador puede ser confirmado o despojado de sus atributos. No sólo supo sortear el proceso, sino que como político considera que este tipo de monitoreo es saludable para la política nacional. El Senado colombiano posee una página electrónica desde la que puede monitorearse con bastante transparencia el funcionamiento de la institución hasta el nivel de sus agendas semanales. Por demás, la Universidad de los Andes tiene un programa de supervisión política cuyo estudio es de especial importancia en los momentos en que Cuba se plantea la posibilidad de edificar una sociedad democrática postotalitaria. La duda, la ironía y el sarcasmo sin objetivo son inocencias comprensibles después de tanto malestar en la política insular. No digo que sea saludable creer en todo, pero es menester, para salir adelante, creer al menos en algo. |