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| Revistas Cubanas del Exilio en la Universidad de Miami. En el segundo piso de la Biblioteca Otto Richter de la Universidad de Miami se encuentra la Cuban Heritage Collection, que guarda una parte importante de la memoria del exilio y apoya su quehacer cultural. Belleza, calidez y eficiencia signan el trabajo de un grupo de profesionales que dirige la Dra. Esperanza de Varona y que, entre otros, integra un quinteto de lujo: Lesbia Orta de Varona, Gladys Gómez-Rossié, Annie Sansone y Zoe Blanco-Roca. Son personas a las que se puede consultar con confianza, gente con respuestas y soluciones que me recuerdan los días en que la presencia de Ana Cairo, Tomás Fernández Robaina y Aracelys García Carranza facilitaban el trabajo en la Biblioteca Nacional José Martí. En el "lobby" de la Colección Cubana, escoltada por un cuadro de Humberto Calzada y un retrato de Roberto Goyzueta, se encuentra hoy la exhibición Chronicling the Cuban Exodus: Cuban Exile Periodicals: 1959-1954, que trata de mostrar al menos una porción de la enorme Colección de Publicaciones Periódicas del Exilio Cubano, que cuenta con más de 1000 títulos y sobrepasa los 170 000 ejemplares. Esta reserva se fue acumulando a través de los años gracias a la certeza destinal que tuvieron esas personas que no se retiraban del banco de la esquina, de la mesa de la fonda, del estanquillo de la callejuela sin llevarse un ejemplar de las locuras que ahí aparecían. No dudaron de la textura intelectual del exilio y le dieron vigencia a su futuro. Cuando algunos meses antes de morir M. Foucault decía que una de las epopeyas de la Ilustración fue proyectar una "ontología del presente", se estaba refiriendo al riesgo que entraña discernir, pre-morten, entre lo que puede perdurar y lo que puede perecer. Esta labor es también una apuesta, una adivinación. Y las bibliotecarias cubanas apostaron y adivinaron con certeza. La muestra Chronicling the Cuban Exodus... está presidida por una frase ejemplar de Gastón Baquero. Uno lee sus palabras con cierta envidia: el poeta estaba libre de los prejuicios literarios que el sobreuso nacionalista ha grabado en una generación de escritores que resiente emplear el imaginario patriótico, al que consideran "cheo". Baquero puede escribir sin complejos y sin servilismo sobre la bandera y la palma; lo puede hacer el poeta verdadero. Acerca del periodismo del exilio dice, más bien canta: "Pero en ese periodismo modesto, y aun modestísimo a veces en lo material, en la disponibilidad de recursos, hay un doble y excepcional heroísmo. Eso que con frecuencia y con injusticia se llama desdeñosamente `un periodiquito` es una de las demostraciones mayores que pueden dar de su supervivencia el amor a la patria y el amor a la cultura". En la primera vitrina se exhiben algunas de las publicaciones que en el exilio trataron de continuar la línea que tenían en la isla; añadían, eso sí, alguna adjetivación que advirtiera la nueva circunstancia exiliar. En el amplio grupo destaca Avance, que su director Jorge Zayas rescató como El Avance Criollo; el Diario de la Marina, que por su carácter semanal en el exilio José Ignacio Rivero rebautizó como 7 Días del Diario de la Marina; y desde Venezuela Miguel Angel Quevedo convirtió a Bohemia en Bohemia libre. Sobrevivieron con sus nombres El Mundo, dirigido por Amadeo Barletta y Zig-Zag, gracias al esfuerzo de Angel Cambó Ruiz, José Roseñada y José Hernández Toraño. En el segundo espacio destacan un grupo de publicaciones cuyo principal objetivo era la crítica de la ideología comunista; tratada primero como "denuncia" y después, cuando Castro reconoce ese rumbo, como ideología rival. Entre estas publicaciones se encuentran Acción Cubana: semanario informativo y de opinión contra el comunismo, que se empezó a publicar el 5 de noviembre de 1959, presuntamente en Luxenburgo. Las investigaciones realizadas por Lesbia Orta de Varona, así como la certificación titular ambigua de que está publicado "en Europa" por "Rocaner", hacen suponer que igual pudo editarse en España. Se cuentan además Cuba libre, publicado por José Ignacio Acosta; Latin American Events, editada en Washington por Emilio Núñez Portuondo; Mambí, por Ignacio Mendoza y un curioso Patria: el periódico de Martí, sin Martí, pero con Martí, que comenzó a publicarse el 25 de julio de 1959 por Armando García Sifredo, y que alcanzó hasta el 26 de diciembre de 1990. En otra vitrina se encuentran las revistas literarias. Destaca por su belleza Alacrán Azul, editada por Juan Manuel Salvat, dirigida por José Antonio Arcocha y Fernando Palenzuela e ilustrada por José María Mijares, quien también la conducía artísticamente. Se publicaron solo dos números entre 1970 y 1971. Mauricio Fernández ha sido uno de los grandes editores de revistas literarias en el exilio, hizo Caudernos del hombre libre, Cuadernos del desterrado, Punto cardinal: revista de acción poética y Enlace junto a Eduardo Rossardi, además de apoyar otros proyectos. En 1976 Matías Montes Huidobro comenzó a editar Caribe, desde Honolulu, Hawai y en la primavera de 1996 Jesús Díaz lanza en Madrid Encuentro de la cultura cubana, que dice en su programa editorial: "La revista... tendrá como objetivo primordial el constituirse en un espacio abierto al examen de la realidad nacional. En nuestras páginas hallarán cabida tanto contribuciones de cubanos que viven en la isla como de aquellos que residen en otros países..." Esta revista se sigue publicando aún bajo la misma concepción editorial. Se muestran además publicaciones de los diferentes gremios y de las organizaciones religiosas del exilio: desde los médicos a los constructores, y de los católicos a los masones. Chronicling the Cuban Exodus: Cuban Exile Periodicals 1959-2004 logra transmitir la sensación de un movimiento editorial orgánico, de una historia que se inscribe en una historia mayor: la historia de Cuba toda que es en verdad la historia de una conversación entre grietas. Sería curioso añadir en algún momento las publicaciones castristas del "exilio"; esas ínsulas editoriales, situadas a veces a la izquierda del mismo periódico oficialista Granma. Ellas ofrecen una nota pintoresca y a veces descarada en medio de este esfuerzo mayor y, de paso, constituyen una prueba de que el exilio cubano es más diverso y tolerante de lo que suele reconocerse. |