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La simpatía adversa
Ventana Mágica
La prensa y el equilibrio chavista.

Uno de los más importantes “slogans” de nuestro tiempo asegura que lo que no dice la
prensa, sencillamente no existe. Para decirlo de manera radical: la prensa es lo real.

Tal situación, empero, no provoca ningún tipo de novedad espistémica: solamente reporta un
desplazamiento de las tensiones tradicionales hacia un segundo orden. Averiguamos ahora
en el discurso, no en el fundamento del discurso. Si la prensa es lo real, y desechamos como
real lo real mismo, pues hay que investigar dentro de la prensa: discriminar entre la noticia
significativa y la noticia fútil; descubrir los intereses tras las opiniones; creer y dudar de la nota
gráfica como se duda y cree de los sentidos; ver algunas de las películas que se promueven,
asistir a unos pocos de los teatros que nos venden, leer casi ninguno de los libros que se
reseñan.

Esta situación exige una nueva profesión: el periodista de periódicos; es decir, hace posible (y
necesario) que aparezcan personas que detecten, leyendo periódicos, cuál es la noticia más
efectiva respecto a algún fin determinado. Y esto de la determinación de la finalidad es exacto:
la tarea aquí no es seleccionar lo verdadero entre lo noticioso, ni siquiera lo que más crédito
tiene entre lo que se publica, sino aquello que mejor “funciona”, lo más “práctico” según el
objetivo previamente trazado.

Tiene hoy mucho éxito este periodismo de periodismo que ofrece lo más “óptimo” de lo
publicado según los intereses (demanda efectiva) y expectativas (demanda inducida) de una
determinada comunidad de receptores. En la radio matutina de Miami, y en los noticieros del
Canal Telemiami, por citar un ejemplo, destaca por sus habilidades narrativas en el campo del
periodismo de periodismo el Sr. Tomás Regalado, quien es además comisionado de la
ciudad.

En Cuba se aseguraba que el periódico Granma lo decía todo. La afirmación, un poco
descarada, es sin embargo cierta si le añadimos un “adhocismo”: “El periódico Granma lo dice
todo... si se lo sabe leer.” En este asunto hay incluso evidencisas históricas. Yendo más allá
de la letra, se podía percibir que Granma apostaba a una victoria de Iraq en su conflicto con
Irán aún cuando dijera que la política de no-alineamiento le hacía permanecer neutral; también
sabía que los argentinos perderían la guerra de las Malvinas aún cuando se elogiaran los
golpes tempranos de la aviación sobre la flota real; tenía la certeza de que Elián sería devuelto
mientras decía que la batalla estaba amañada por la complicidad entre el exilio cubano y el
gobierno de Clinton; así como hoy sabe que nadie cree en la inmortalidad del castrismo aún
cuando se repita esa frase relativa al hundimiento en el mar y la invasión extranjera.

Algunas personas se quejan también de los rumbos informativos del diario miamense El
Nuevo Herald; hasta lo retan a cambiar diciéndole “viejo”. Pero El Herald de Miami es un gran
periódico que, como Granma, lo dice todo; aunque no de la forma o en la página que la gente
quiere.

Por ejemplo, la gran noticia acerca de la realidad venezolana y el porvenir del chavismo no
salió en primera página ni se ha visto jamás una versión suya en titulares. Apareció hace un
tiempo, el viernes 22 de julio de este 2005, en la página 5-A. Ni siquiera encabeza ese sitio
interior; está ubicada, con un titular menor, debajo de otra considerada más sensacional: A
prisión dos pilotos acusados de ebriedad antes de despegar.

La noticia referida está firmada en Caracas por el periodista Rafael Noboa (AFP) y se titula
Empresarios venezolanos intentan reconstruir relación con Chávez. Después de constatar una
diversidad democrática al interior de FEDECAMARAS, la principal organización venezolana de
propietarios de empresas (el frente capitalista antitotalitario “per definitionem”), el autor de la
nota certifica sin embargo que, a pesar de todas las discrepancias: “Los tres candidatos a la
presidencia de FEDECAMARAS coinciden en que deben dialogar con el gobierno...”

Esta operación, por demás comprensible en una profesión esencialmente utilitarista, ha
generado un nuevo lenguaje que moraliza el ardid participativo o colaboracionista. De esta
manera, digamos que semántica, se protege de la posibilidad de una interpretación crítica del
diálogo. Según la nueva terminología, no se trata de una resignación, acomodamiento o
traición a la democracia, sino de un intento por “...insertarse en el modelo económico de
Chávez con un fuerte papel del Estado, tras las sucesivas y aplastantes derrotas que sufrieron.”

Sería entonces el realismo empresarial y no la derrota política (es decir, una virtud y no un
déficit), tan celebrado por el liberalismo hispanoamericano (Vargas Llosa(s), Montaner, Aznar,
etc.), quien induciría a esa transacción (antiliberal) con el chavismo. Rafael Noboa cita las
palabras de uno de los candidatos a la jefatura de la organización por el sector pecuario, el Sr.
José Luis Betancourt, quien después de haber roto en la televisión un ejemplar de la Ley de
Tierras chavista asegura que “hay una necesidad de restablecer espacios de comunicación
con los poderes públicos” (chavistas, por supuesto).

Por su parte el Sr. Alberto Cudemus, otro de los líderes al interior de FEDECAMARAS
pertenenciente al sector porcino, reconoce según la nota de Noboa: “No hay la menor duda de
que yo participo en un diálogo con el gobierno (chavista-EI), y que lo hago con independencia
de criterio”. Esta sería hoy, pues, la tendencia dominante en la misma organización de Pedro
Carmona, efímero presidente venezolano tras el golpe de estado a Chávez, exiliado en
Colombia.

El totalitarismo, como el golpe de estado y otros ejercicios políticos, tiene su “tecné”. No hay
que llevar un pueblo a la revolución o masacrar una aristocracia para instaurar un nuevo tipo
de “socialismo real”: basta con que un gobierno doblegue a los diez empresarios más
importantes del país en cuestión, quienes serían el frente del fundamento económico de una
sociedad abierta para conseguirlo. A esos empresarios se les puede manejar si se les
asesina, si se les exilia, encarcela o se les seduce.

Es esto último lo que está pasando en Venezuela: galeristas, actores, deportistas, profesores,
empresarios y otras fuerzas sociales están dando ya al chavismo como una realidad inevitable
que es mejor sortear que enfrentar. Esta inclinación, que ciertamente no es general, es la gran
noticia de la Venezuela de hoy.

El chavismo está generando desde sí la moral de “escape” de los pueblos sitiados, de
pusilanimidad y resignación que, por cierto, muchos venezolanos consideran propia de su
“identidad”. ¿Recuerdan los cubanos?: fue precisamente el venezolano Oscar de León y no
Juan Formell quien soneó en La Habana aquella frase identificatoria: “Defiéndete tú, y déjame
a mí, que yo me defiendo como pueda.” Esa incitación a la sobrevivencia tenía, por sincera,
mucho más crédito que aquella melosa y normativa respuesta que Juan Almeida forzó en la
voz de una joven cantante.

El chavismo ni se está cayendo, ni impide hacer dinero y mucho menos es  antimperislista.
Quizás esto pueda ser una eficaz noticia.
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Octubre 2005