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| Los premios de Oscar. Oscar es un magnate del cine que vive en Los Ángeles. Oscarito conoce a Cuba casi como nosotros mismos. Más que nosotros mismos. Sabe de su ritmo (histórico), de sus compases, de sus sombras. Simpatiza con todos los cubanos, los de adentro y los de afuera (que él no se cansa de referir como los de dentro y los de fuera). Cuando en 1984 el dúo Almendros-Jiménez Leal ganó notoriedad con la película Conducta impropia, denunciando la intolerancia del castrismo, Oscar decidió compensar esta subjetiva inclinación nominando a su premio la película Fresa y chocolate. Un trabajo del dúo alternativo Gutiérrez Alea-Tabío, que en 1993 insistía en que ya el criterio de impropiedad conductual había cambiado en la isla. Si descontamos las aglutinantes excepciones, por supuesto. La guerra fue entonces de metafísica: Alea, varón filoportuario, declaró que él no había hecho una película contra la represión a los homosexuales, sino contra la intolerancia. Pero ni así logró rebasar la altura donde Almendros había puesto el listón: lo que es impropio en el castrismo no es la mariconería, sino la diferencia. Muchos años después a Oscar le informaron que al actor Andy García le había dado por dirigir y producir una película. Dicen que The lost city (2005) le gustó mucho. No obstante, consideró afectado el balance y preguntó si no había algo por allá por La Habana que sirviera para restituir el orden. Dicen que cuando Oscarito terminó de ver la última escena de El Benny (Jorge Luis Sánchez- 2006) exclamó: “Incomoda un poco lo del Benny con los milicianos… pero está bien, nomínenla. Es mejor que estos cubanos se dediquen a bailar su música que a matarse por la historia”. Y fue así que entonces… |