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La simpatía adversa
Ventana Mágica
La Politica de la Urgencia.

El 31 de julio del presente año una buena parte de la comunidad cubana de Miami interpretó
de manera hedonista el anuncio del traspaso de poderes de Fidel a Raúl Castro. No se habló
de muerte explícitamente, por lo que parecía más una celebración antifidelista que
anticastrista. Continuaba el régimen político, pero al menos había un descanso en la
omnipresencia simbólica de Fidel Castro.  

En los días sucesivos la isla flotó inercialmente entre un vacío de poder y un vacío de saber.
Raúl Castro no se decidía a dar la cara y la mayoría de los intelectuales cubanos,
explícitamente, consideraba el tema demasiado complicado. Hay que reconocer que algunos
“blogs” de Miami y Barcelona cubrieron el vacío analítico de la prensa.

Desde entonces la política cubana ha caído en un peligroso marasmo. Es probable que lo
sucedido en las calles de Miami no se vuelva a repetir porque nos hemos conformado con una
solución lingüística del problema cubano: Castro no “ha muerto” pero “está muriendo”. Pura
gramática.  

Hasta el momento la administración republicana ha enviado dos mensajes bien distintos a la
comunidad cubana de Miami. El primero es una recomendación de paciencia, el otro, un guiño
bastante indefinido de necesidad de acción.

Los dos documentos conocidos como “Informe de la Comisión para la ayuda a una Cuba
Libre”, suscritos bajo las Secretarías de Estado de Collin Powel y Condoleeza Rice contienen
un protocolo que sugiere que la “transición” es algo que debe solucionarse principalmente
dentro de la isla. Solo después de consumado el proceso el exilio cubano, y el propio gobierno
norteamericano, tendrían una participación si un gobierno reconocido “solicita” dicha ayuda.
Otra palabra, esta vez un verbo esencial, en el epicentro de la política cubana.

Es decir, el exilio tiene ante sí dos opciones muy definidas: la paciencia, una actitud
ciertamente justificada de espera hasta ver qué sucede en Cuba; y la urgencia, la imperiosa
necesidad de hacer algo efectivo, toda vez que se corre el riesgo de que el entierro de Fidel
Castro signifique también el entierro de la comunidad exiliada.

En un reciente encuentro en New York con políticos y profesores de la comunidad cubana de
ese estado y del vecino New Jersey, percibí una legítima ansiedad por lograr desde ya un
espacio en la política cubana a través de una inserción en los centros de elaboración de la
política norteamericana hacia la isla. El lema de quienes así piensan puede resumirse así: en
estos momentos, la táctica es la única estrategia.

Al contrario de lo que mucha gente cree, existe un período de oportunidad política para el exilio
cubano desde hoy mismo hasta la muerte de Fidel Castro que hay que aprovechar. Es hasta
conveniente que convalezca un poco más pues, cuando lo inevitable suceda, el grupo a cargo
en la isla tendrá que ser forzosamente considerado por la comunidad política internacional así
solo sea para cumplir con la formalidad de unos funerales que, por demás, pueden durar años.

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Jueves 14 de diciembre, 2006