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| La otredad lejana. Recuerdo nítidamente aquella madrugada habanera en que el estudioso cubano Jorge Ferrer disputaba en voz alta con Zequeira y Milanés acerca del discurso cubano sobre la “excepcionalidad”. El cubano medio cree que el Almirante sentenció para su isla y solo para ella que era la tierra “más fermosa” que ojos humanos habían visto. No una tierra bella entre las bellas, o de las primeras en hermosura, sino simple y definitivamente “la más fermosa”. Paradójicamente, también estamos convencidos de que fue (sin serlo) Jose Martí quien aseguró que Cuba y Puerto Rico eran “de un pájaro las dos alas”. Nada de eso. No hay más que visitar un restaurante o una factoría de La Florida para darse cuenta de que aún el cubano más simple cree que hay algo que lo distancia del boricua, aún si este pertenece a un estrato económico mayor y está ajustado al sistema linguístico-cultural y jurídico-político norteamericano con mayor soltura. Más aún, el cubano medio no se considera caribeño, y ese sentimiento es algo que la propia revolución castrista ha potenciado, coincidiendo así con la imaginería de una parte del exilio. A nivel administrativo e ideológico, por ejemplo, en la isla se habla de “Cuba y El Caribe” (como también, por cierto, de “Cuba y América Latina”), donde la conjunción “y” expresa un distanciamiento ilegítimo. Analíticamente, el “discurso de la excepcionalidad” puede resultar masoquista o narcisista. De más está decir que un pueblo que se considere el más infeliz o desgraciado del mundo opera también con una cláusula de singularidad, pero busca la diferencia a partir del automaltrato. La excepcionalidad cubana procede de forma narcisista. La técnica es muy simple: hiperbolización de virtudes; exageración de méritos incluso hasta el nivel de defectos. Un querido amigo me dijo un dia bromeando que, junto con Ruben Darío, hay un aporte importante de Nicaragua a la cultura universal: el dulce conocido como “Tres leches”. Sin embargo, cualquiera puede visitar hoy el restaurant Versailles, en plena calle 8 miamense, y disfrutar de un postre cubano nombrado “Cuatro leches”. Y según me ha comunicado otro amigo, en alguna cafetería cubana de Westchester ya han empezado a servir un “Cinco leches”. Lo curioso de todo esto es que el cubano no forja su excepcionalidad en un autismo cultural, la quietud o en la falta de curiosidad; una de las claves de la cuestión está en que esas mismas pretensiones de grandeza se sustentan en el cotejo con la otredad lejana. En un determinado punto de nuestra evolución cultural se empezaron a considerar algunos eventos como indicadores de eso que suele llamarse identidad cultural. Así, serían símbolos de cubanía la propensión al chiste, ciertos manjares como los frijoles negros, la calidad del béisbol, una musicalidad rítmica, la gracia del baile, la hermosura de la simbiosis racial sintetizada en “la mulatez”, etc. Cuando el cubano realiza el sueño Cuando el cubano realiza el sueño de viajar a la seductora otredad lejana, digamos a Viena, París o Roma, no hace más que potenciar todo esto que considera distintivo. Es difícil que encuentre en Salzburgo un ritmo como el suyo; o en Praga una malanga tan amasada como la de Güines, un mango tan dulce como el del Caney o una piña tan olorosa como la de Ceballos. Viajeros de esa otredad, ya sea el gran Humboldt o la inquieta infanta, no harán más que mostrar fascinación por lo nuevo encontrado. Pero, ¿qué sucedería si el cubano se confronta con la otredad cercana, si se asume como parte de esa rica microcivilización que se llama el Caribe? ¿Qué pasaría si escucha los tambores de Islas Caimán, si ve batear o fildear al dominicano Alex Rodríguez, si prueba las habichuelas puertorriqueñas, si le repasan los récords de Bob Marley o entra a una rueda de baile con mancebos y mulatas de las Bahamas? Creo que el cotejo con la otredad cercana aliviaría mucho la carga política e histórica que la "excepcionalidad'' endilga a la cubanía; aligeramiento muy propicio para fundar una Cuba de cara al futuro que se avecina. Pero esto es algo que abordaré en el próximo artículo. |