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La simpatía adversa
Ventana Mágica
El derecho a comerse a cuco en paz.

Mi hermana Ludmila ha hecho una llamada a una amiga del pueblo habanero de Corralillo.
Pido perdón a Diego y su hermano Mango macho, pero no sé definir a Corralillo sino como una
sucursal de Bauta. Le ha preguntado si está bien, si saben lo que van a cenar en Navidades y
si hace falta algo. La mafia siempre atenta a sus hermanos de la isla.

La amiga le ha respondido que no hay problemas; bueno, que no hay demasiados problemas.
Resulta que Cuco está congelado desde hace una semana, lo que indica que la carne está
garantizada; pero la niña se dio cuenta.

Cuco es un gallo que sobrevivió a la urgencia del año y quedó destinado a la cena de Navidad.
La niña se familiarizó con él, corría a su lado mientras hacía la tarea y era el único que estaba
despierto cuando el papá madrugaba para ir a trabajar a Balkán, la lechería de la zona.

Pero hay un lío adicional: aun cuando persuadan a la niña, aun cuando ella entienda que Cuco
dio la vida, su vida de gallo engallado, en aras de la reunión familiar, incluso cuando los
abuelos rememoren todas las gallinas y guanajos sacrificados por la familia, la cena puede
malograrse por falta de información.

Dicen que Castro ha muerto y que las autoridades de la isla están esperando el momento
oportuno para dar la noticia. ¿Cuál es ese momento? ¿Qué concepto tiene el gobierno cubano
de lo que es ''oportunidad''? Pues, siguiendo la lógica de la revolución más impertinente de la
historia, se trata del minuto exacto en que la gente está más feliz.

El castrismo es muy exigente con nuestro tiempo: aparece mientras hacemos el amor,
mientras conversamos con la madre, cuando escuchamos las anécdotas del tío Alberto,
cuando Manolo habla de arte mientras sirve comida a su perro Albino, cuando Alcalde trae una
película de Antonioni mientras uno quiere ver a Scarlett Johanson.

Así que, siguiendo la lógica de esa historia, la muerte de Castro se anunciará el 24 de
diciembre a las 8 de la noche mientras mi prima Nelita sirve su brócoli hervido en agua
inolvidable, o el día 31 cuando James rompe la piñata, o el día 6 de enero cuando Luis Soler
lleva a Heidy al cine. El problema es fastidiar a las gentes, ocuparlas, meterse en las vidas y
hacerse notar. El castrismo no es más que un fleterismo político, una invasión de la privacidad.

Mi propuesta es la siguiente: olvidémonos por unos días de Castro y su revolución.
Apaguemos Radio Mambí, América TV, Megavisión, Radio Rebelde y Cubavisión. Si quieren
anunciar al muerto, que esperen a mediados de enero. Queremos divertirnos, queremos amar
y, sobre todas las cosas, tener la libertad mínima de comernos a Cuco en paz.
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23 de diciembre, 2006