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| ¡Muy bonito, muy bonito!. He aquí una historia posible. El último gobierno de un veterano de la guerra de independencia convertido en Presidente cubano, el General Machado, terminó en una revolución popular que fue aprovechada por el Sargento Batista para convertirse en el hombre fuerte de Cuba. Ese hombre gobernó con la complicidad del imperialismo norteamericano y contra los comunistas, a quienes perseguía porque le molestaba lo bueno que estos querían hacer por las personas humildes. Como el Sargento era un hombre muy malo, cuando fue electo democráticamente en 1940 se debió a que las elecciones estaban amañadas y la gente confundida; y cuando dio el golpe de estado en 1952 (cuartelazo), lo consumó gracias al apoyo militar extranjero y contra la voluntad democrática de un pueblo que rechazó en bloque la interrupción de nuestra historia democrática. Como parte de ese descontento general un grupo de jóvenes comenzó una guerra para reinstaurar la democracia en Cuba, contando para ello con la simpatía nacional; incluyendo a los comunistas que, si bien preocupados por la suerte de esos muchachos en su enfrentamiento con el Sargento dictador, no dejaron de apoyarlos en todo momento. Finalmente los jóvenes vencieron al Sargento y al imperialismo que le apoyaba. Entonces su líder, Fidel Castro, fue aclamado por el pueblo que se identificaba con sus ideales y se abrió una era de felicidad para la isla. Fin de la historia... ¡Muy bonito, muy bonito!, habría que decir ante el cuento como aquel personaje de “Vampiros en La Habana”; ¿verdad que parece un pastelito?. El punto referido al repudio general al golpe de estado del 10 de marzo de 1952 es muy caro a la historia oficial castrista; de él dependen una serie de cosas: 1-La justificación de la rebelión armada y todas sus muertes. 2-El velo al elitismo y “vanguardismo” del castrismo. 3-El aval de revolucionario a un proceso conspirativo. 4-La posibilidad de interpretar como guerra un grupo de escaramuzas militares. 5-La reconstrucción como apoyo popular consciente de esa reacción básica que es la simpatía por el vencedor. 6-Ligar el batistanismo al proyanquismo, al clasismo y al anticomunismo para poder definir por oposición al castrismo como antimperialismo, democratismo y socialismo sustantivo, no táctico. Me limitaré ahora a certificar que para lograr lo anterior la historia ha tenido que ser mirada de manera unilateral. Aquí sí vale eso de que la historia ha sido “reinventada”. He querido hacer esta introducción para presentar una pieza musical que habla de otra actitud popular diferente a esa referida acerca del rechazo del pueblo al golpe de estado de Bastista al Presidente Carlos Prío el 10 de marzo de 1952. La discutimos un buen viernes de este mes, en la tienda de música que el Sr. Santana tiene en la 7 St. y la 30 ave del NW de Miami. Santana es un gran conocedor de la música latinoamericana; visitar su negocio no es solo un gesto comercial sino la experiencia de una nueva posibilidad. Esa tarde nos mostró una colección de la cantante peruana Yma Sumac, raras apariciones del chileno Lucho Gatica y, finalmente, una guaracha de Luis Plá titulada “El madrugón” interpretada por el trío de Servando Díaz. Compuesta hacia la fecha, “El madrugón” habla de la reacción de un cubano en la madrugada del 10 de marzo de 1952, cuando su mujer le comunica que “el hombre/se metió en Columbia”. Nos cuenta del antiheroísmo de la gente, del sentido común del sobreviviente; de esos gestos de adaptación que los moralistas critican, los historiadores obvian, los ideólogos falsean, los poetas padecen y seguramente Dios comprende. La guaracha advierte y se divierte con el gesto que sucedió a la noticia: “En la república entera/se formó la cambiadera/y yo también me cambié”. El golpe de estado no fue pensado en términos políticos por el pueblo sino, como era de esperar, en cifras cotidianas: “enseguida yo pensé: se me cae el altarito”. Y se fue rápido a “cambiar la chapita” puesta en el “cola de pato”: “La chapita que decía: pa` presidente fulanito”. Lo que provoca un cambio político brusco no es indignación sino “susto”. Si alguna meditación acompañó aquel evento político-militar fue con seguridad esta: “Por que si sigo comiendo bolita/ y no digo que viva.../ y no digo que viva...” El personaje de la historia se convierte a “la papa otra vez”; logró posicionarse convenientemente ante el nuevo hecho sin dificultad: “anduve liviano/me levanté temprano”. Casualmente ese día se encontraba en el establecimiento del Sr. Santana un amigo y cliente suyo que también había “cambiado la chapita”. Era un hombre elegante y se conducía de forma tan seria como amable, por lo que me atreví a preguntarle si ese cambio repentino no le parecía un poco oportunista. Respondió con naturalidad, sin afectación alguna; contó que tampoco la chapita se ponía con mucho pensamiento, lo que quitaba también gravedad al hecho de quitarla. Dijo que eso era algo que estaba ahí, como en el ambiente. La “chapita” se volvió a cambiar el 1ro de enero de 1959, y propablemente se cambie nuevamente en el futuro. Como dice el trío: “¡Figúrese usted!”. . |