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| El llamado de la selva. Qué pasaría si un aguacerito reformista originado en La Habana deja caer sobre esta ciudad un rectorado, par de ministerios y media docena de embajadas? El chance no sería para los simpatizantes del régimen, por supuesto (no se compra lo que de antemano se tiene en la despensa), sino precisamente para aquellos que hoy ejercen profesión antidictatorial, magia liberal y devoción constitucionalista. Por lo pronto existe la cobertura histórica. En la televisión y la radio de Miami se insiste cada vez más en que los procesos de cambio en la Europa del este fueron capitaneados por los propios comunistas; sólo que, en su apreciación, se trata de comunistas más inteligentes, más tolerantes y, lo que es muy significativo, ``más organizados''. La lógica es impecable: si los comunistas mismos son capaces de autodestruir el sistema que crearon, es civilizado y conveniente ayudarlos en la tarea. O ''sacrificarse por la patria'', que es la frase más trajinada en estos casos. Para ser más específicos en el razonamiento: si Raúl Castro es capaz de encabezar el propio ''desmerengamiento'' del castrofidelismo, ¿qué de malo tiene largarse con cartas credenciales a Burundi o reconvertir la Escuela Superior del Partido Ñico López en un Instituto de Marketing e Inversiones? Bueno, tendría de malo la pateadura moral al exilio que esto significaría, toda vez que si se puede colaborar ahora, muy bien se pudo haber colaborado desde el principio. Así, el totalitarismo hubiera sido absoluto, pero la patria no estaría escindida, al menos demográficamente. Lo que sucede aquí es que la justificación retórica es ya obsoleta: la época del entusiasmo con las reformas comunistas ha pasado. Ya no es Castro quien duda de ellas, son las propias fuerzas democráticas, la gente misma, quienes se preguntan si un proceso resuelto a medias vale la pena. Lo que han hecho los comunistas aperturistas en Europa no amerita ser emulado. Sobre la evaluación de esa realidad hay dos tendencias opuestas: 1. Unos creen que era mejor haber dejado las cosas como estaban; por lo menos, había paz, rutina, tranquilidad. 2. Otros aseguran que el comunismo sólo puede superarse si se amputan de manera radical las fuerzas directamente comprometidas con su funcionamiento. Nada de comunistas o ex comunistas en la transición. Los comunistas, a su casa. ¿Qué puede enseñarle hoy Europa del este a una Cuba estupefacta en una situación límite? En verdad muy poco. Las Memorias de Havel son tristes. En Polonia, ni siquiera hermanos: ¡unos jimaguas regentan el poder! En Hungría se reedita la revolución callejera, Chequia se debate en escándalos políticos y Eslovaquia se aburre. Anexionismo quizás, correr, correr mucho, valientemente, en pos de una tutela. |