Menú Principal
Artículos  
Cuba  
Ensayos
Crítica  
Entrevistas
Literatura
Galería  
Libros
La simpatía adversa
Ventana Mágica
Historia y turismo en Cuba.

La “Colección Cubana” de la biblioteca Otto Richter de la Universidad de Miami está
presentando una exposición que demuestra la asombrosa continuidad estratégica del turismo
cubano. Con el tiempo, señalaba Alexis de Tocqueville, las revoluciones entran en la lógica de
la tradición mostrando la futilidad de sus ansidedades. Para el turismo en Cuba vale lo que
decía Eugenio de O`rs, supongo que refiriéndose al arte: “Lo que no es tradición, es plagio.”

La muestra se titula “Destination Cuba: Tourism to Cuba, 1902-1958” y fue curada por las
bibliotecarias Lesbia O. de Varona e Isabel Ezquerra, destacadas especialistas de la referida
institución.

Ya antes de 1959 las propuestas turísticas cubanas integraban hoteles, playas, clubes,
restaurantes, buen transporte, ciudades acogedoras y gente feliz. La elegancia de los
paseantes que muestran algunas de las imágenes es admirable, y uno se pregunta cómo es
que la gente podía andar La Habana, a pleno sol, con trajes y guayaberas de mangas
estiradas. Un enigma esperanzador que, por supuesto, no puede ser resuelto afirmando que
Castro trajo más churre y fogaje a la ínsula.

El aeropuerto de Rancho Boyeros estaba presidido por dos vallas: una de la “Compañía
Cubana de Aviación” y otra de la “Pan American World Airways”, que tenían una conveniente
sociedad. La “Pan American”, por cierto, publicó un interesante diccionario que proponía a los
viajeros cubanos un conjunto de “Frases útiles en inglés”.

Al igual que los aeropuertos modernos (el Miami International Airport del Condado de Dade,
por ejemplo), el Aeropuerto de Rancho Boyeros tenía un salón de máxima comodidad. Algunas
fotos muestran al “Havana Clipper Passenger Club”, del cual era muy famoso el “Bar La
Rumba”.

En los estantes de la Biblioteca pueden verse también fotos del “Gran Casino Nacional”, que
dejó de existir un día y cuya fuente, después de ser demolido su edificio central, fue instalada
en “Tropicana”. Se muestran además imágenes antiguas de los hoteles “Comodoro”, “Sevilla-
Biltmore”, “The Royal Palm”, del “Club Casablanca” y el Restaurant Bar 1830”, la mayoría
sobreviviente en el las actuales ofertas del turismo revolucionario.

Así, como si la isla no hubiera cambiado y persistiera más allá de su política, se puede
curiosear en las ofertas de viajes a hermosas plazas como Trinidad, Santiago de Cuba,
Viñales, San José del Lago (Las Villas) y varias de las iglesias y catedrales.

Más vinculada al perfil de la biblioteca, la exposición incluye una extraordinaria selección de
libros relativos a la naturaleza hedonista de la experiencia en la isla. Goce que, como muestran
los títulos, conducen también a la vivencia profunda.

Entre los volúmenes que pueden admirarse se encuentra el “A trip to Cuba” (Boston, Ticknor
and Fields, MDCCCLX), de Mrs. Julia Ward Howe; así como el de Samuel Hazard (London, Low
and Searle, 1873), cuya edición de 1870 vendió miles de copias (la de1873 es la segunda), lo
que obligó a hacer una edición limitada para Inglaterra que se agotó rápidamente. Entre
muchos otros, llama particularmente la atención el título “El Toro. A Motor Car Story of Interior
Cuba. (Detroit, Packard Motor Car Company, 1909), que trata sobre un viaje en automóvil a
través del entonces intrincado territorio cubano.

Pero es interesante también que De Varona y Ezquerra hayan mostrado que paralelamente a
la promoción comercial de la isla, existiese un movimiento investigativo capaz de darle
cobertura intelectual. Y es así que pueden observarse, junto a postales y anuncios, a folletos y
libros fabulosos, otras publicaciones sobre la naturaleza y la sociedad de las regiones
cubanas firmadas por sobresalientes estudiosos de la isla: “Pinar del Río”, por Emeterio
Santovenia; “La Habana”, por Julio Le Riverend Brusone; “Matanzas”, por el Dr. Francisco J.
Ponte y Domínguez; “Las Villas”, por el Dr. Rafael Rodríguez Altunaga; “Camaguey”, por la Dra.
Mary Cruz del Pino y “Oriente” por Juan Jeréz Villarreal.

Cada visita a la Colección Cubana de la Biblioteca Otto Richter de la Universidad de Miami
implica, por lo menos, una hora de asombro ante las interesantes muestras que organizan
sus especilistas. Una razón para llegar por allá regularmente.
e m i l i o  i c h i k a w a / All rights reserved.
Junio 2006