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La simpatía adversa
Ventana Mágica
La ocurrencia de Garciandía.

En torno a Cuba todo presupone política. Cuando el compromiso político es muy riesgoso, es
político evadir la política. Incluso negarla. ¿Es que no pueden los cubanos hablar de
meteorología, pasteurización de lácteos o de batazos sin caer en política?. No, infelizmente no.
Y no pueden porque desde los tiempos de su fundación en Cuba la política es la médula de la
cultura. Y desde 1959 la cultura es (acaso) la médula de la política.

A propósito del recién finalizado Campeonato Mundial de Béisbol un grupo de políticos del
exilio movió (e instrumentó) la tesis de que no estaban contra los peloteros, sino contra el
tirano que los “apadrastaba”. A difererencia de otros tiempos, ya no establecían una relación
de identidad entre una instancia y la otra; pero no lo hacían por objetividad deportiva sino por
racionalidad política.

No es la experiencia deportiva sino la experiencia política la que ha hecho comprender al exilio
(o a parte de él) que no es “conveniente” pasar a los visitantes de la isla las cuentas que
deben pertenecer a Castro. Esta personalización de la responsabilidad, dicho sea de paso, si
bien pudiera parecer moralmente cuestionable o históricamente errónea, es sin dudas
políticamente eficiente. Esta es una ecuación posible: mientras menos responsables, mayor
velocidad de transición.

Por supuesto que Higinio Vélez y demás dirigentes gubernamentales también se ceñían a la
política cuando decían que no querían opinar de política. Cosa que, de hecho, hicieron de
veras. Se mintió doblemente: el tema de la participación cubana en la World Cup I fue político
de una parte y de la otra aún cuando ambas se pusieran de acuerdo en negarlo. Lo fue desde
el inicio, cuando el congresista Díaz-Balart, Republicano por La Florida, interpuso condiciones
a la participación cubana; y también cuando el representante Serrano, Demócrata por New
York, criticó las mismas.

Cuando empezaron a aparecer sorprendentes antologías con autores “de dentro” y “de afuera”,
se trató de legitimarlas alegando que buscaban la unión, el diálogo, el abrazo entre todos los
cubanos. Sin embargo, el resultado fue paradójico. Al menos adverso al objetivo declarado.
Como se comprenderá, en una antología diseñada de esa manera no cabrían todos los de
afuera en el espacio otorgado al exilio, ni tampoco todos los de adentro en el que
correspondería al insilio. Así, a la preconcebida separación dentro-fuera, se incorpora una
querella, cuando menos una sospecha, en las dimensiones dentro-dentro y afuera-afuera.

¿Por qué unos poetas o unos ensayistas del exilio entran en una selección y otros del mismo
exilio no? ¿Siguiendo qué criterios se eligen a unos escritores de la isla y a otros de la misma
isla se les exlcuye?. Estas interrogantes merecen una reflexión aparte.

El día 1 de abril, a propósito de la IX Bienal de La Habana, la Agencia Prensa Latina emitió una
noticia bajo el titular “Abren en La Habana exposición de relevantes artistas cubanos”. Decía:
“Bajo la convocatoria del notable representante de la plástica latinoamericana Flavio
Garciandía, se dieron cita pintores de aquí y de allá...” A continuación se agregaban algunos
nombres, que los rumores rectificaron y hasta tergiversaron con creces. Se trataba al perecer
de otro gesto altruísta, uno de los llamados puentes para subsanar rupturas entre “aquí” y
“allá”. Pero solo al parecer.

La nota citaba una exhortación del propio artista: “Te invito a colaborar en mi exposición -...-,
consiste en pintar, a partir de mi carta de colores, una banda de color plano en un cuadro de
1.50 por 20 en un proceso que durará 2 semanas.” Certifica Prensa Latina que “el convite fue
aceptado” y que los artistas se estaban dando banquete con esta “ocurrencia de Garciandía...”

Se asegura en la nota que se trata de otro de los “experimientos” finiseculares de Garciandía;
algunos han asegurado que es una broma, o un desafío, o un trivial “preformance”. Pero lo
cierto es que a la bola, después de rodar, se le han verificado peores consecuencias mientras
mejores intenciones se le adjudicaban.

La noticia, que imagino no pasaría el examen de un reportero profesional, cierra de una forma
estrambótica: “... los artistas que por una u otra razón no pueden asistir pero desean participar,
estarán presentes simbólicamente por medio del propio Flavio que pintará la banda de color
correspondiente.”

Retomando el dicho: con puentes como estos, no necesitamos abismos.
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Abril 2006