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| Tom Fiedler: ¿cabalista? . En Florida suelo realizar trabajos de geometría con Mr. Eugene Crane, un piloto de helicópteros ya retirado. Gene es un “american quiet” que satisface casi todos los requisitos del estereotipo “gringo”. Veterano de la guerra de Viet-Nam, nació en un “town” de la América profunda y no comprende con muchísimo éxito mis parrafadas en idioma inglés. A veces, cuando medimos una distancia donde un milímetro es despreciable, se lo escatimo (o no) según se me acomode a la pronunciación. Si la magnitud es, por ejemplo, ochenta metros, treinta centímetros y trece milímetros, le digo que los milímetros son twelve o fourteen, pues me entiende mejor que cuando le digo thirteen. Pues bien, cuando Tom Fiedler habló, refiriéndose a periodistas de Miami, de “pequeños perros chihuahuas” que arengan a “22 personas que escuchan la radio cubana” , no me sorprendió tanto la raza o el tamaño del can metaforizado como la cifra escogida para significar su táctica de ninguneo. ¿Por qué 22? Lo primero que me vino a la mente fue que a Fiedler, cuya “first language” es el inglés, le había pasado con Bernardet Pardo (la entrevistadora) lo mismo que a mí con Gene: se le daba más fácil la pronunciación de ese número que la de otros, al vez por el doble puente al que podía echar mano, o lengua: “veín-di-dó”. Pero como no estaba seguro, decidí hacer algunas consultas. Oye, ¿por qué 22?, le pregunté a un amigo periodista: Bueno, porque de la Lisa a Prado y Animas abarcas casi toda La Habana. El pobre estaba perdido. Le repetí la pregunta a un tío intransigente y respondió: El Bulldog nos dijo sapo, que es el 22 en la charada. Ingenioso el tío, pero poco convincente. Entonces fui a ver a la Negra, la Diva de la Ceiba, y concluyó: 22, claro mijito, por los apóstoles. Además, ese señor es medio comunista y no olvides que el yate Granma trajo a 22 expedientes. Por cierto, ¿cuántos esclavos tenía Céspedes, no eran 22? (No, la mitad Negra, pero eso ahora no importa). Sigo sin saber. Lo único cierto es que Miami todavía hace “surf” sobre un océano de interpretaciones. A mí se me ocurre que 22 es un 2 detrás de otro 2; un par detrás de otro par, es decir, un cuadro, un pastelón, una tortilla, como esta tremenda revolcadera que han causado los números de Míster Fiedler. |