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La simpatía adversa
Ventana Mágica
Exilio y transición.

Demasiado tiempo. Desde 1956, en que orquestó “el affaire Moncada”, hasta este minuto,
Fidel Castro no le ha dado tregua al espacio público. Ubicuidad enredada en una bicromía que
se ha fugado del verde olivo al rojo mangle (así como nosotros nos hemos fugado de ti. Amén).
Esa longevidad ha provocado que los cubanos percibamos como “Naturaleza” lo que
realmente es “Historia”. Es decir, hemos asistido al nacimiento y muerte de muchos eventos,
pero siempre en el contexto invariable del castrismo; por este motivo le adjudicamos a su
régimen efectos que dependen de un nivel superior, como la presencia misma de Castro.
En Miami muchas veces repetimos la frase: “Oye, pero esto es como en Cuba”. Y es cierto,
porque la maldad y la bondad humana no las inventó Castro, aún cuando estemos entrenados
en percibirlas como si fueran sus dones exclusivos.
Algunos fenómenos “naturales” revisten para nosotros la apariencia de “logros de la
Revolución” o, por el contrario, de “logros del Exilio”. Ya lo decía: el tiempo transcurrido es
demasiado. Hace tanto que Castro está en el poder que, por ejemplo, precede al uso público
de Internet. No hubo, no podía haber Internet en la época de Machado, por lo que las pocas
computadoras que hay en Cuba, en efecto, entraron en “la era de Castro”. Lo anterior no es un
logro de la Revolución sino una fatalidad de la longue durée.
Por lo mismo, no estamos aquí “gracias” o “por culpa” de Fidel Castro. La emigración a los
Estados Unidos es un fenómeno postmoderno, que incluye todas las nacionalidades. No se
dice mucho, pero en Estados Unidos también hay ciudadanos daneses, canadienses y
españoles sin papeles. Cualquiera que lea el prólogo a la primera edición alemana de Das
Kapital (Londres, 25 de julio, 1967) puede comprender las razones de este corrimiento del
enigma capitalista desde Inglaterra a Estados Unidos.
Algunas personas en Miami sostienen la creencia de que una criatura expuesta por tantas
décadas al castrismo incuba una suerte de gen adquirido. Un gen maldito del que hay que
protegerse. La actitud defensiva ante sus portadores es lo que llamamos “racismo de
sociedad”.
La definición de “cultura” que daban las escuelas de sociología era bastante ridícula: valores
humanos de transmisión extrasomática. Pero así visto, la relación entre biología y sociedad
quizás sea más estrecha de lo que estamos dispuestos a reconocer.
Aunque no en la misma proporción, creo que de cualquier modo a esta altura igual
hubiéramos estado aquí. La existencia de una comunidad cubana próspera y pluricultural en el
seno del imperialismo mundial se catalizó por un evento político, pero tiene causas más
profundas.
Sin la enemistad de su embajada, sin la vigilancia extraterritorial de los policías de Castro, sin
las concesiones bochornosas que hay que hacer para visitar la isla, la vida de la comunidad
cubana en los Estados Unidos podría estar más compensada. Por eso es que un cambio
democrático en Cuba le conviene a todo el mundo, incluyendo a los que vivimos aquí.
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Sábado 9 de septiembre 2006