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| El otro `weekend` en La Habana. "El próximo año en La Habana": dicen que así se brindaba en Miami en antiguas navidades. Dicen también que eso es cosa del pasado. ?Es que acaso ya no se sueña con el regreso?. Por supuesto que sí; lo que ha caducado no es el viaje sino el propósito. Por un lado, hay demasiada lentitud en el anhelo. La urgencia por recuperar el tiempo perdido y las posibilidades ofrecidas por los mercaderes de ruta seducen demasiado. Llegar a la Habana es más una pasión que un proyecto. Un año es una eternidad cuando se ofrece sexo barato, diversión y hasta la posibilidad de recuperar la dignidad perdida. A Cuba también se viaja para jugar al gran personaje que viene "de fuera". Contrariamente a lo que parece, eso habla bien del cubano, quien apuesta por una reivindicación en la vuelta. Todo esto, claro está, dólares en mano, pues a pesar de la prédica sacrificial del guevarismo el "hombre nuevo" de Castro es una bestia ávida. Lo ha dicho Raúl Rivero con ironía: los cubanos somos hiperbólicos, a una sociedad sin moral le decimos que la tiene doble. Pero el clamor vuelve a errar, esta vez por exceso: le sobra decencia. Mientras "el próximo año en La Habana" refería el regreso condicionado, la vuelta bajo cláusulas de mutua respetabilidad, "el otro week end" es una frase de brindis de mala muerte, de "party" de tercera categoría. No obstante, la confesión "yo me voy a La Habana a gozar" tiene una franqueza (o un descaro) que le da supremacía ética sobre ciertas justificaciones que "embarajan" una decisión similar. La gente hipócrita está casi forzada a la sublimación de ese viaje. Se esgrime, por ejemplo, la necesidad de reconsiderar las palmas, el pueblo natal, las viejas amistades. A veces hay quien sube la parada: "Yo voy a Cuba para reafirmar mi anticastrismo". La experiencia señala que las personas que viajan a la isla porque tienen un familiar enfermo, porque extrañan algo esencial o porque sencillamente les da la gana, no sienten culpa y, en consecuencia, no tienen necesidad de dar una explicación mentirosa. Los "dialogueros", aquellos que ufanándose de estar con la isla y con el exilio no hacen más que sembrar la discordia, la confusión y el enemigo rumor entre las dos orillas, esos sí elaboran coartadas tramposas. Con gente así es preferible la aséptica separación que ese oportunismo que llaman diálogo. Hay también móviles muy prácticos para ir a Cuba: hacer negocios, consumir barato, acceder a zonas de influencia y representatividad que son casi imposibles de conseguir en un espacio cultural tan vasto como el norteamericano: ?cree Ud, estimado dialoguero, que podría tener chance de contarle sus tonterías a Robert Redford si lo intentara "del lado de acá"?. Algunos académicos e intelectuales del exilio viajan a La Habana para crear en las instituciones una doble ilusión: 1-La ilusión de objetividad (sé lo que pasa porque investigo in situ, entrevisto y consulto archivos). 2-La ilusión de participación efectiva en un supuesto cambio democrático en la isla (me relaciono con gente que estará en el futuro gobierno, con "los actores de la transición"). Muchas de las publicaciones aparecidas después de esos viajes demuestran una radical ignorancia del problema cubano. A falta de espacio, voy a referir una técnica para detectar el equívoco intelectual: se trata de la detección del detalle significativo. Inmensas historias del castrismo yerran, por ejemplo, en dar la fecha en que murió Ernesto Guevara, o aseguran que Batista y Zaldívar fueron dos sargentos que en los `30 derrocaron al presidente cubano de turno. No es broma. Más allá del número de páginas embarradas, esos deslices en las partes testimonian la ignorancia del todo. Los viajes a Cuba deberían buscar un acercamiento real entre la gente para garantizar una cohesión a través del trato; sin embargo, hay demasiado afán de lucro y politequería en el asunto. Tanta, que resulta curioso que cada día se alberguen más dudas sobre la convivencia entre las dos orillas. Antes no se preguntaba tanto: "Oye, ?cómo va a ser el encuentro?, ?tú crees que funcione?" Tal parece que los mercaderes han descubierto que la idea de "viaje", de "mulería" y "trapicheo" solo es posible con el mantenimiento de una división real, aunque se practique la demagogia del amor y el diálogo. "El próximo año en La Habana", sueña uno de mis amigos de Miami. Mientras, en La Habana, otro alza su copa clamando: "El próximo año en Miami". *Como se sabe hoy (Julio-2004) las medidas tomadas por la administración Bush han afectado la realización de este proyecto; pero se trata solo de un aplazamiento, confiemos en que la tendencia es indetenible. |