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La simpatía adversa
Ventana Mágica
Duende y morbo.

En su disfrutable cuaderno Manual de la tentaciones, Abilio Estévez critica un arraigado dogma
intelectualoide: la tonta belleza de El pequeño príncipe. No nos habíamos dado cuenta,
estábamos anestesiados. Fue entonces que empezamos a hablar de otras tonteras, entre las
que estaba el famoso sistema no sistemático de Paradiso, o la oculta filosofía de Platero y yo.
Otra que se las traía, y es la que quiero referirme, tiene que ver con el abultado asunto del
“duende” de García Lorca. Jamás he visto tantos cerebros reverenciando una broma.
Como quiera que sea el duende, en general tienen gracia, salero, aché. Por eso es que
siempre que se habla de un duende se habla de un niño, de un cosito o de sí. Pero mi duende
es distinto. No voy a hablarles de un duende común, este duende vive en Miami, es virulento,
chantajista y traidor. El Duende se llama la hoja electrónica que distribuye un “grupúsculo”
procastrista de Miami (ojo, en Miami hay procastristas, castristas y requetecastristas muy
decentes) acaudillado por Max Lesnik.
Lesnik es un exiliado que no quiso hacer la larga cola del anticastrismo y le entró a la fama en
Miami por la puerta del fondo. Es decir, en lugar de ganar notoriedad en la escala que le
correspondía como “exiliado histórico” y “traidor a la revolución” (porque hay un exilio histórico
de izquierda), cedió su turno y se coló por el fondo, por el sospechoso traspatio, como
simpatizante de la revolución castrista.
Como sucede otras veces, cuando esa retorcida orientación política y moral se traduce en
palabra impresa, no deja de ser interesante. A diferencia de otras publicaciones miameras
muy previsibles, El Duende tiene la agilidad del sarcasmo, la picardía de quien escribe, o cree
que escribe, en contra de la corriente. Al lado de su maledicencia, esa otra criatura inquieta, La
Jiribilla, es poco menos que un mantel de funeraria.
En las primeras páginas de su Poética, Aristóteles comenta ese interés que sienten algunas
personas por contemplar los animales muertos. La podredumbre, la corrupción, la
destrucción, también seducen. Es eso lo que llamamos morbo. Algunos periodistas
anticastristas de Miami sienten morbo incluso ante el olor de El Duende. Lo leen y lo releen. Lo
atacan y disfrutan el ataque; se lo imprimen a sus amantes, se lo comentan a los amigos.
Max Lesnik se hizo conocido entre el exilio postcastrista de Miami por una frase de
inacostumbrada sinceridad: “Fidel no me engañó: Fidel Castro me ganó”. En lo profundo de su
corazón, muchos anticastristas agradecen esa franqueza.
Ya lo dijo quien lo dijo: cada cual tiene los contemporáneos que se merece.
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Sábado 16 de septiembre, 2006