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La simpatía adversa
Ventana Mágica
Cabeza de puerco (un modesto homenaje)

Casa por cuadra.
Cuadra por barrio.
País en lucha. Revolución.
Canción de los CDR

Corrían los días de a fines de guerra, septiembre de 1991, y el manjar tenía la consistencia de
una libra de maicena extraída de la Textilera Ariguanabo en una caja de talco “Brisas”. “Sin el
cuajamen y esa sensación de hartura que sólo da la grasa, ese caldo no sirve”, dijo la Doctora
y se fue a su casa.
La Doctora era la única especialista en Filosofía del Derecho que había dado una revolución
empírica, pero hacía poco había sacado una licencia notarial y se ocupaba de arreglar los
divorcios de los poetas de Párraga. (Cuando éstos se metamorfosearon en novelistas
exitosos, agradecieron a la Doctora haciéndola aparecer en algunos capítulos. Leyéndose y
releyéndose, ella también preservó el amor originario a sus vecinos de pueblo. Y de cuadra).
Esta latitud emocional explica su regreso diez minutos después, cabeza en mano, a la zona de
cocción. “No es nada del otro mundo, pero sirve”.
Antes de la Revolución, es decir, antes que Fidel Castro convirtiera en sutiles cirujanos a los
matarifes criollos, las cabezas de puerco parecían papalotes realistas a punto de elevarse al
cielo; con sus coágulos de grasa, sus tendones y venas jugosas, aquellos vellocinos cubanos
epilogaban las borracheras con razonable eficacia.
La ofrenda de la Doctora, en cambio, estaba cercenada magistralmente desde el occipital
hasta el hocico. Mostraba también sendas hendiduras en los cachetes, donde el artista había
fileteado las hostias rojas de la apariencia.
Depositada en el bullón, junto a viandas y raíces que ni el peor funcionalismo polaco podría
sublimar, la cabeza de puerco ora se hundía en el potaje, ora emergía regularmente a cada
minuto. Una vez mostraba los verdes colmillos de jabalí reprimido; otra, una oreja con hebras
de yuca entre los pelos, un ojo hinchado o la lengua con todas las papilas bien definidas.
Hecha pedazos hacia la medianoche, responsable de las islas grasientas que flotaban y de
los regios olores que brotaban del caldo, la cabeza de puerco dignificó un ritual angustioso,
una fecha recurrente en un tiempo indebido. Jarro en mano, perga con lágrimas de cera en
ristre, los vecinos de Víbora Park brindaron por un nuevo aniversario. Felicidades cederistas.
Felicidades federadas. Felicidades, pueblo en general.
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Jueves 28 de septiembre, 2006