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| La autovictimización de la izquierda. Pudiera comenzar este artículo aclarando que, cuando digo “izquierda”, no me refiero a la gente que lucha sinceramente porque al mundo le sea adjudicado un poco de justicia, sino a aquellos farsantes que hacen una carrera envidiando el éxito ajeno y traficando bondad. Pero esta precisión conduce al sofisma (muy de “izquierda” por cierto) que justifica una clasificación en términos de falsedad o autenticidad y, con este, a un pretexto retórico para practicar las purgas: leninistas verdaderos y leninnistas falsos, revolucionarios verdaderos y revolucionarios falsos, inventos tradicionales de la “izquierda” para librarse a sí misma de sus elementos más valiosos; un remedio para mantener la estupidez en una tendencia política donde los cretinos se han apoderado de lo mejor del discurso. Cuando digo “izquierda” me refiero a un sector del espectro político que todo el mundo sabe identificar, por muy difícil que sea su definición exacta. La izquierda es algo así como un ambiente, un malestar de la política. Mejor: una sospecha. Esta zona de las ideologías, es decir, la izquierda, ha creado un personaje bastante discutible: el “izquierdoso”. Una criatura dotada de un olfato muy fino para el oportunismo y con todo el tiempo del mundo para el cabildeo, la conspiración, la rumoración y el uso de la propaganda, sobre todo oral. El militante de izquierda no se equivoca sino que engaña; no es un tonto sino un mentiroso. Usa el lenguaje de forma equívoca y su escritura es una burla a la sinceridad. Abusa del ardid, el eufemismo, la perífrasis, la paráfrasis y es terriblemente grosero a la hora de polemizar. El número 147 de La Jiribilla publica un artículo de un izquierdoso español titulado La izquierda nunca lo ha tenido fácil que es pertinente para comprobar lo anterior. En él el autor hace profesión de víctima, renta el carisma de la rebeldía y descoloca totalmente al lector. Es decir, le miente. Lo que resiente el artículo no es la falta de definición de la izquierda, sino su carencia de votos en una España que se ha acercado como nunca al centro de la modernidad Occidental. La España de Aznar, para bien o para mal, ha opacado la retórica salvífica de la soledad que entristeció la llamada Generación del `98 y todos sus hábitos. No es el imperalismo quien vota por la derecha española, sino el propio pueblo humilde que la izquierda desea reivindicar para sí. Pero veamos como se usa el leguaje en el artículo en cuestión; la manipulación de fintas y evasiones que no llegan a decir lo que realmente se desea. 1-En la apertura de su texto el autor declara: “La izquierda nunca lo ha tenido fácil. Sus apuestas y sus deciciones no tienen que ver con las corrientes de opinión que se suben al carro del triunfo…” Eso es lo que dice, en verdad debió decir: La izquierda española no ha podido hacerse con el poder en las urnas, pero es lo que queremos. Mientras estemos lejos de la dictadura gubernamental, ejerceremos la discriminación en los espacios que nos han dejado: escuelas públicas, periódicos, revistas, sindicatos y partidos. 2- Escribió: “… conviene abrir los ojos… y ordenar nuestro equipaje con ropa limpia”. Debió escribir: purguemos nuestras filas para llegar al trono político; sancionemos a los compañeros de viaje y pasemos a otros la responsabilidad por nuestro fracaso. 3-Escribió: “La memoria solo adquiere sentido en la izquierda cuando ayuda a interpretar el futuro”. Debió decir: No queremos historia sino ideología; es necesario manipular el pasado y articular un buen expediente de cara a las elecciones. Lo importante es el poder, el futuro es una cuestión retórica que podemos manejar a nuestro antojo. 4-Escribió: “Hemos pasado de un país que exigía respuestas a un país que necesita preguntas.” Debió escribir: Cuestionemos lo que hacen los demás aunque seamos incapaces de convencer al electorado con propuestas positivas. No es tan necesario trabajar por un prestigio propio siempre que seamos capaces de mancillar el prestigio de los demás. Somos los fiscales del mundo y ni siquiera Dios se escapa a nuestro escrutinio. 5-Dice: “Hemos fracasado porque sigue habiendo miseria en el mundo y porque la libertad es un sueño con demasiado óxido.” Debió decir: Nuestras promesas de futuro son indescifrables para la gente con sentido común; nuestro problema es pasarnos de lo bueno que somos. 6-Dice: “La izquierda es necesaria, somos necesarios, hace falta abrir las ventanas y sustituir un aire viciado.” Debió decir: Voten por la izquierda. Mientras escribo esto llegan malas noticias de Madrid: sucesivas explosiones tratan de cubrir de miedo las inminentes elecciones; unas donde, como es de esperar, los españoles se la pondrán nuevamente difícil a estos raros soñadores que llaman revolución a los atentados explosivos y audacia de lenguaje a un manojo de mentiras evidentes. |