Gianni Vattimo: las trampas de la diferencia
El filósofo noritaliano Gianni Vattimo ha firmado una carta dirigida al Fiscal General de los
Estados Unidos, el Sr. Alberto Gonzales, pidiendo la libertad de cinco cubanos que La Habana
considera injustamente procesados por la justicia norteamericana. En un gesto recíproco, el
gobierno cubano le ha otorgado un título académico. La institución encargada de hacerlo fue el
Instituto Superior de Arte (ISA), sin dudas la más pertinente para el empeño. No solo porque
Vattimo es un respetado profesor de estética de la Universidad de Turín, sino porque es
precisamente el ISA, y no tanto la Universidad de La Habana, el centro que desde hace
décadas oficia como una suerte de vanguardia teórica habanera.
Lo fue sin dudas en los años `80 y `90, cuando la propuesta filosófica de Vattimo fue leída
como un cuestionamiento a las opciones ideológicas “duras” del castrismo, el marxismo y el
nacionalismo radical con formalidad antiamericana. Vattimo había propuesto, frente a los
arquetipos subyugantes de la modernidad, una doble actitud de crítica y piedad sintetizada en
el lema de “pensamiento débil”. Lo más consecuente con su punto de vista sería la crítica al
castrismo que, si bien parece un discurso emancipador cuando se proyecta hacia fuera, es
uno de los “imperialismos” más indecentes cuando apunta hacia su propia gente. El
castrismo es una forma perversa de anticubanismo.
Sin embargo, Vattimo ha entendido en La Habana que no es la disidencia cubana ni la
heterodoxia de sus artistas e intelectuales lo que está en consonancia con su filosofía sino
precisamente el discurso “holístico” y “antidiferente” de Fidel Castro. Considera que la
revolución cubana sigue siendo un buen proyecto y aún le cree a Castro su imaginaria batalla
contra los Estados Unidos.
Parafraseando a Lenin, Vattimo evidencia que el antiamericanismo no es más que la
enfermedad infantil del antimperialismo; una suerte de criticismo vergonzante pues, en lugar
de encarar al capitalismo en su misma esencia, se dirige a su manifestación más
espectacular y atractiva, que es su variante norteamericana. Si Vattimo de verdad quisiera ser
“antimperialista”, debería empezar por emanciparse del imperialismo alemán y no del
norteamericano. No son Emerson o Thoreau, Hollywood o Disney quienes han doblegado el
pensamiento de Vattimo sino la aplastante ontología alemana, la cual glosa y traduce desde
su tesis de juventud.
Después de graduarse en Turín, hacia 1959, Vattimo realizó un viaje de estudios a Heidelberg
donde le sedujeron los dictámenes de Hans Georg Gadamer y Karl Lowith. Regresó a Italia y
desde entonces se empeña en interesantes repasos de Schleiermacher, Nietzsche y
Heidegger. Se trata de un fenómeno conocido: la ocupación alemana de las facultades de
filosofía.
No es Estados Unidos quien evangeliza sino esa capital europea que impone su manera de
pensar y escribir, de producir y financiar. Al vislumbrar el empuje del “neoimperialismo
alemán”, un político francés ironizó con cierta alarma: “Me gusta tanto Alemania, que prefiero
que existan dos”. Vattimo debe de ser cuando menos tan sagaz como este político y no
reincidir en esa trivialidad del pensamiento político europeo contemporáneo que es el
antimperialismo.
Curiosamente, el núcleo básico del Departamento de Filosofía del ISA que introdujo su obra en
Cuba se encuentra hoy en el exilio o en una situación muy singular dentro de Cuba. Hay que
decir que los profesores Magalys Espinosa, Lupe Alvarez, Madeline Izquierdo, Ivette Martínez y
Jorge de La Fuente hicieron las cosas cuando tenían que hacerlas. Vattimo en La Habana del
siglo XXI, adulando a Fidel Castro, se parece a aquel Schelling que en 1841, aprovechando la
muerte de Hegel, aceptó la invitación del emperador Federico Guillermo IV para desacreditar a
los jóvenes seguidores de su antiguo amigo que se aprestaban a renovar la conciencia de
todo Berlín.
abril, 20006.