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| Del 13 de marzo al 7 de abril de 1957: el tema moral de la nación cubana. Existen temas en la historia de una nación que, aún cuando estén historiográficamente resueltos, siguen debatiéndose en el nivel ético-interpretativo. Esta fue, por ejemplo, una de las conclusiones a que se llegó después de la publicación del famoso libro de Víctor Farías sobre el fascismo. Si el investigador chileno, que trabajaba entonces en la Universidad Libre de Berlín, se encontró el carnet de miembro del Partido Nacional Socialista de Martin Heidegger, y ese carnet no era falso, entonces el debate “historiográfico” en torno a la pertenencia o no de Heidegger al nazismo queda resuelto. Lo que no significa que haya terminado el problema éticofilosófico acerca de los vínculos entre la política y el saber, que incluye la misma postura de quienes creen en la inutilidad de tal debate. Debo decir que el hito histórico cubano que quiero referir ahora no está precisamente agotado, historiográficamente hablando. Hay aún fuentes que estudiar, entrevistas que realizar, fechas por precisar, etc.; pero adelanto que, aún cuando lo estuviera, el asalto al Palacio Presidencial y a Radio Reloj el 13 de marzo de 1957 por un grupo de estudiantes quedará fijado en el universo moral de la nación cubana como un centro de fértil incordialidad. Anoto de paso que Norberto Fuentes, en La Autobiografía de Fidel Castro. I. El paraíso de los otros (Edic. Destino, España, 2004), avanza una interesante interpretación del asalto a Radio Reloj. En su opinión sería esta la primera vez en la historia moderna, por lo menos de Cuba, en que con toda conciencia el suceso periodístico va a la redacción y no a la inversa. Es como si el protagonista hubiera usurpado, o duplicado, el papel del corresponsal. Una vez derrotado militarmente el comando estudiantil que asaltó el Palacio Presidencial, se empezaron a producir reacciones, realineamientos y declaraciones acerca del evento. Pero pocas veces se ha pensado en lo que hizo el propio Batista. Incluso más, en lo que hizo la sociedad civil cubana, particularmente la habanera, ante el hecho del intento de liquidar al “presidente” con un golpe militar en una institución de servicio público como era el Palacio Presidencial. Uno de los efectos más interesantes, por los mensajes morales que tiene de cara a una historia de Cuba entendida como “nación rebelde”, fueron los resarcimientos verbales ofrecidos a Batista en los días posteriores al atentado. ?Por qué había que ofrecerle excusas a Batista en nombre de la nación?. Aquí hay contradicciones notables; ?o acaso la gente no estaba tan harta de Batista como se dice, ni odiaba su dictadura, ni le parecía tan despreciable la adulación, sobre todo cuando la frontera entre ella y la gratitud se torna tan imprecisa?. Posteriormente al ataque a Palacio se comenzó a hablar muy elogiosamente de Batista. El ataque le dio un segundo aire como “General ofendido” y, por demás, imbatible. Una mentalidad paranoica ha dicho que, por esa ganancia política, ha llegado a pensar que Batista se preparó el ataque él mismo. Pero ya esto forma parte de una psiquiatría de la historia (! cuidado con creer que es una broma!, alguien dijo, emulando lo anterior, que la caída de Castro en Santa Clara fue una treta del propio Comandante para reaparecer resurrecto). Ante Batista se habló del 13 de marzo como una muestra más de “…los sinsabores e incomprensiones de que parece que, fatalmente, han de ser objeto los redentores de pueblos.” Ahora mismo observo a ese héroe incomprendido ante los micrófonos de la COR, respondiendo a la aclamación de la masa. A su lado Martha del Pueblo, esposa del General, tratada por la prensa en términos de “Madre de todos los niños desdichados”. Si de verdad la gente le tenía mala fe a Batista, y vió con simpatía la acción estudiantil, estamos en presencia de un espectacular proceso de conversión moral que, por si fuera poco, daría otra voltereta en unos meses a favor de Fidel Castro. Más que un accidente, la conversión es una institución moral de la cultura y la historia cubanas. Durante los días restantes de marzo de 1957, y una buena parte de abril, la sociedad habanera desfiló por Palacio, y el pueblo le dispensó un desagravio en la teraza del edificio en un número que ascendía a los varios cientos de miles de asistentes. El 27 de marzo el Sr. Francisco de Pando, Pte. de la Asociación Nacional de Hacendados le ofrecía una disculpa social a Batista donde afirma que la acción estudiantil desdice “…del carácter fraternal y bondadoso de nuestro pueblo”; al que responde Batista asegurando que su voz “no puede traslucir amarguras”. Y concluye ante los colonos: “Puedo concebir que se atente contra mi vida, lo que no puedo concebir es que se atente contra la vida de la nación”. Ese día el Dr. Calcines llamaba a que la prensa se hicera eco de los desagravios, multiplicando algunas voces que se habían apresurado a admitir: “En muchos hogares se lloró, y muchos rostros de hombres luchadores se bañaron en lágrimas…” El 29 de marzo el Dr. Daniel Gispert, Pte. del Consejo de Veteranos, reverdecía el manido recurso de parcializar la responsabilidad, enfocando el atentado a Batista como una obra de “algunos malos cubanos”. Por su parte el Sr. Luis Varona apoyó el discurso del General Gispert, en nombre de los parientes y descendientes de los Veteranos de la Independencia. También habló ese día el Sr. Eusebio Mujal Barniol, Secretario General de la Confederación de Trabajadores de Cuba, quien dijo que “… los acuerdos (que) emanados de sus Congresos Nacionales, nos plantean de modo concreto y permanente, un alejamiento total de toda violencia e insurrección e ir siempre, a una lucha cívica y democrática, llena de responsabilidades”. Fue muy interesate el discurso pronunciado el 2 de abril por el Sr. Abel Mestre, Pte. de la Asociación Nacional de Industriales, quien trató de defender el apoliticismo de la alta clase: “…al ofrecer nuestros respetos reiteramos nuestra posición de institución ajena a los pleitos políticos nacionales, sin que ello quiera decir que no tengamos plena conciencia de que por encima de las pugnas partidaristas están los sagrados principios de respeto a normas universalmente aceptadas sobre la vida humana. Por ello condenamos todo procedimiento de violencia, parta de donde parta…” Entre otros, el 3 de abril ofreció su excusa el Sr. Nicolás Fernández Chontan, líder de la Cámara de Comercio China; el Sr. Francisco del Cueto, por la Asociación de Comerciantes e Industriales del Vedado; su homólogo del Cerro, el Sr. Agustín Fernádez Maldonado; los ganaderos y caficultores; los perforadores de pozos de petróleo; los tostadores de café; los magistrados de la nación; los fabricantes de cigarros; los almacenistas y cosecheros de tabaco; los transportistas aéreos; los productores de pescados y mariscos congelados; los ejecutivos de las sociedades regionales. El 5 de abril el Sr. Oscar Aruca, Pte. del Ejecutivo Nacional de Mecánicos y Técnicos, desagraviaba a Batista, así como el Sr. Amado Gemeil, Pte. de la Asociación de Porteadores de Carga y Pasaje; y un largo etc. de representantes de organizaciones variados estratos de la sociedad cubana. Pero lo más asombroso de este desfile fue la asistencia de centenares de miles de cubanos, bajo la convocatoria de “¡A Palacio!”, al desagravio popular a Batista el 7 de abril. Una marcha que se llamó patriótica, bajo un fuerte aguacero, que la prensa no tardó en considerar como una prueba a la intransigencia cívica de la nación. Comparados con esas multitudes, los asaltantes a Palacio no eran más que un grupúsculo afectado por la ansiedad revolucionaria. En las fotos se ven las pancartas de salutación y apoyo al General Batista; destacan las de Correos y las del Instituto de la Pesca; los convites de “A Palacio por Cuba”, “Con Batista”; las declaraciones de “El pueblo respalda su gobierno”, “Por el Bienestar de Cuba-P.U.R. de Las Villas”; “Batista: Paz, Trabajo y Progreso-Varadero”; otras de “Por Batista-Empleados y Obreros del Túnel de La Habana”, “Batista Construye Viviendas Campesinas”, “El Pueblo Respalda su Gobiernbo-C.I.M.A”; “Palmira Saluda”; y miles de ofrendas más. El pueblo cubano, al parecer, tiene una relación de balance con sus políticos; es decir, de “to flirt”, de seducción. Al igual que sucede con otras instituciones cubanas (el choteo, la adulación, el rumor, la envidia, etc.), no sabemos si son la prueba de una multitud pusilánime y “disponible”, o fintas de un pueblo agudo que sabe sortear con habilidad las imposturas de esas falibles criaturas que la historia nos ha dado como políticos. Un tiempo después, en ese mismo lugar donde se apoyaba a Batista por el ataque sufrido el 13 de marzo, la misma cantidad de personas (¡centenares de miles!) vitoreaba a Fidel Castro en contra del propio General Batista: ¿se trataba de otros convocados o era la misma gente que tenía para el caso una opinión diferente?. |