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| Raúl Rivero: el compromiso como arte. El lunes 4 de abril, en la Casa Bacardí de la Universidad de Miami, el profesor Enrico Mario Santí de la Universidad de Kentucky participó en un homenaje al escritor Guillermo Cabrera Infante. Le acompañaron la novelista María Elena Cruz Varela, el poeta Orlando González Esteva y la periodista Olga Connor. El profesor Mario Santí arriesgó al menos una tesis importante: Guillermo Cabrera Infante sería un “narrador político”, no un “pensador político”. Es decir, alcanzó a tener ideas y pasiones políticas, a acoplarlas en un bien dotado andamiaje biográfico-literario, pero no habría elaborado un pensamiento político al estilo en que lo hizo, por ejemplo, el poeta mexicano Octavio Paz. A las complejas relaciones de los escritores con el pensar político habría que añadir además las variadas formas que estos asumen a la hora de relacionarse con el poder, particularmente si se trata de una dictadura. Sin embargo, a pesar de que las decisiones individuales toman matices insólitos que certifican una gran diversidad, tampoco son infinitas las opciones. Si se lee analíticamente la obra de María Zambrano Los intelectuales en el drama de España (Edit. Trotta, Madrid, 1998) se comprobará que un escritor, entre las posiciones extremas de colaboración servil y contestación abierta, solo cuenta, a lo sumo, con casi una decena de posibilidades más: exilio, insilio, suicidio, cambio de profesión, fuga mística, y otras pocas. Esto, por supuesto, aplica también para los escritores cubanos, lo que debería llamar a la modestia. Entre todos los sucesos políticos donde han estado involucrados, como grupo social, los escritores e intelectuales cubanos, está el conocido arresto a 75 de ellos en marzo del 2003. Durante la protesta mundial por el injusto encarcelamiento, el Ministro de Cultura cubano se apresuró a rebajar la categoría de los condenados (y así del reclamo) afirmando que, entre todos ellos, solo había realmente un intelectual: Raúl Rivero. La urgencia del gobierno castrista y, por otra parte, la decisión innegociable de exigir su libertad, relegaron a un segundo plano el problema (y el chantaje) esgrimido por el Ministro: ? qué es realmente “intelectual cubano”?. Un problema que ya vemos resurgir en la medida en que varios de esos activistas, periodistas independientes, luchadores cívicos, son ex- carcelados y, sobre todo, cuando algunos comienzan a salir al exilio e intentan incorporarse a redacciones de prensa donde el valor moral de cada quien, si bien es importante a la hora de ofrecer empleo, es un rasero subordinado al curriculum, la competencia técnica e, incluso, la conveniencia empresarial. Habrán suertes muy diversas, algunas extraordinarias, pero en sentido general no cabe esperar que la suerte general sea la conseguida por Raúl Rivero, sobresaliente poeta, cronista y reportero sagaz, quien ha sido recibido en España por los más altos cargos del gobernante Partido Socialista, reconocido por el oposicionista Partido Popular, agasajado y hasta empleado por el periódico El mundo, que está entre los más importantes en el circuito hispanoamericano. Igual que su encarcelamiento y sus artículos, la solución de Rivero está siendo bastante comentada en determinados medios. Como todo creador verdadero, posee partidarios y enemigos. Valoraciones que van desde la irritación, la clemencia, la comprensión, hasta, hay que decirlo, una sospechosa complicidad. Personalmente percibo, junto a mi gran admiración por este escritor cubano, una gran distancia. Formativa, generacional, de “tempo” quizás. Creo que Raúl Rivero, por haber vivido una época de descomunal intensidad histórica, se forjó en el estilo de muchos escritores cubanos que creen que se debe estar cerca del poder; para criticarlo o celebrarlo, para ser castigado o premiado, pero en cualquier caso cerca del poder. En este sentido, y aunque defiendan causas distintas, Rivero está por actitud (incluso por reflejo) más cerca de Miguel Barnet y Pablo Armando Fernández que de Reinaldo Arenas. Certifico el abismo: le envío un abrazo y la mejor de las suertes. |