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| Perfil de Orville H. Platt. El sábado asistí al Colegio de jesuitas de Belén, en Miami, para la presentación de unos libros clásicos de la historiografía cubana. Entre los asistentes estaban los doctores José Ignacio Rasco y Manuel Hernández quienes, además de estar al tanto de lo que hacen ilustres historiadores de la isla (Oscar Zanetti, Fe Iglesias, Alejandro García, Aracelis García Carranza y otros pocos), poseen un pensamiento de muy alto grado de heterodoxia. Fue al profesor Hernández a quien consulté algunas ideas sobre Orville H. Platt, Senador Republicano por Connetticut cuando propuso al legislativo norteamericano la famosa enmienda que llegaría a convertirse en apéndice de la constitución cubana de 1901 y, por un curioso proceso, en un antivalor de la política cubana. El nacionalismo cubano, tanto de la isla como del exilio, se exalta cuando acusa o es acusado de “plattista”. La insólita combinación de “plattismo” y postmodernismo es una prueba de la vigencia de esa maldición. La sentenció Armando Hart en La Habana, y también algunas voces del exilio. La poligénesis también procede en política. El profesor Hernández aseguró que en Chapel Hill, North Carolina University, se hacía una muy buena investigación social, y que ahí podía haber algo sobre el Senador Platt, una figura tan sobresaliente en nuestra historia, a la vez que desconocida. En efecto, fue en su biblioteca donde encontré la tesis Conservatism in the gilded age: senatorial career of Orville H. Platt, que escribiera Edwina Carol Smith en 1976 para doctorarse en filosofía por el Departamento de Historia en la referida universidad. Este trabajo, junto a los materiales de Emilio Roig y la amplia (y parcialmente favorable) biografía que sobre Platt escribió Louis A. Coolidge (An Old Fashioned Senator: Orville H. Platt of Connetticut. NY and London, G.P. Putnam´s Sons.1910), permiten hacer al menos un breve perfil de nuestro personaje. Orville H. Platt vive una etapa signada por la emergencia de Norteamérica de una guerra civil; son tiempos de reconstrucción interna y de lucha por el protagonismo imperial. Una democracia que debe inventar nuevas formas de ejercer el imperialismo pues el tradicional enfoque de guerra y conquista entra en contradicción con el sistema de libertades. Platt vive en el Senado esta transición al neoimperialismo, defendiendo en el legislativo precisamente una forma de predominio que no implica la necesaria anexión de los territorios bajo influencia. Su enmienda es, desde este punto de vista, un paso hacia atrás del anexionismo físico. Quizás más hipócrita, diplomático, sibilino, es cierto, pero igual más “civilizado” y cooperativo. El problema cubano se aborda precisamente después de unas intensas discusiones acerca de la política hacia Filipinas y Puerto Rico, por lo que analizada en su contexto, la enmienda de Platt significa el punto de vista de la no anexión. El conservadurismo norteamericano tiene por la época un debate interno relacionado con la nueva situación internacional. Platt es un representante de la corriente más activa y goza de una notable influencia en el Senado. Perteneció al grupo conocido como “The Four”, eje de los líderes conservadores del Senado que, además de él, incluía a Nelson W. Aldrich (Rhode Island), William Boyd Allison (Iowa) y John Coit Spooner (Wisconsin). Platt sirvió al senado por 26 años, entre 1879 y 1905. Trabajó de cerca con los presidentes McKinley y Roosevelt, llegando a ser vocero de la presidencia en el senado. Nació en 1827, en el pueblo de Judea, en Washington, estado de Connetticut, donde sus padres pertenecieron al núcleo abolicionista de 1837. Trabajó en las tierras de su familia hasta los 18 años donde percibió de cerca la relación entre el capital y el trabajo. Una filosofía que después le inspira a emprender sus propios negocios. Vivió una etapa de rápida industrialización de Connetticut, a la que correspondió una modernización de la mentalidad política. En 1840 se hace discípulo de Frederick W. Guun, abolicionista notable, y en 1848 estudia con Gideon H. Hollister, de Litchfield, una autoridad en leyes. Hasta que en 1851 se traslada a Meriden, hermosa ciudad de la zona, donde vive 28 años. Es por esta ciudad del estado que aspira al legislativo norteamericano. Antes de participar en los debates senatoriales acerca de las relaciones internacionales norteamericanas en el nuevo contexto, Platt participó en una difícil discusión monetaria que le dio renombre. Hay que decir que Platt encuentra un contexto legislativo donde debe modelar su posición respecto al caso cubano y español; se trata de la Resolución Teller, que en sentido estratégico fijaba el control norteamericano sobre Cuba una vez terminada la guerra, así como la cláusula acerca de la temporalidad de la ocupación misma. El 25 de febrero de 1901 el senador Platt logra presentar la enmienda que modificaría la resolución conjunta de abril de 1898. Contenía ocho puntos de los cuales fue muy discutido el tercero, tanto en el legislativo norteamericano, como después en la constituyente cubana. Para comprender el proceso que condujo a la aprobación de esta enmienda, no sólo basta con revisar el récord del congreso, sino también toda la papelería concerniente al ejecutivo, pues el senador Platt tenía acceso directo al presidente. La oposición principal a la enmienda de Platt, vino especialmente de los demócratas del sur, liderados por John T. Morgan de Alabama, quien lo consideró un injustificado ultimátum a los cubanos. Después de un acalorado debate, el senado adoptó la enmienda de Platt 43 votos a 20, hacia la 1:00 de la madrugada del 28 de febrero. La enmienda también fue cuestionada por una parte de la opinión pública norteamericana, por lo que el senador Platt se vio obligado a realizar una intensa campaña de prensa explicando su propósito. El gran argumento era el del interés nacional de los Estados Unidos y su relación con esa enmienda. Creo que de igual manera el “interés nacional cubano” debe ser el criterio para valorar la decisión de la constituyente cubana que incorporó esa enmienda como apéndice de nuestra constitución, así como de cualquier documento que en el futuro contenga un proyecto para reestablecer las relaciones norteamericanas con Cuba. Es importante comprender que Platt no buscaba perjudicar el interés cubano sino defender el interés norteamericano. Es decir, su lógica procedía positivamente; los perjuicios a la soberanía cubana son un derivado de este planteamiento afirmativo, no su móvil inmediato. Creo que los cubanos debemos fijar un interés nacional de última instancia y movernos hacia él con resolución estratégica: no importa quien se beneficie con nuestra ansia: no importa quien se perjudique. |