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La simpatía adversa
Ventana Mágica
Lisandro Otero: los chances de la revolución.

La Jiribilla es un semanario electrónico que se califica a sí mismo como "cultural"; como tantas
veces sucede, esa confesión es correcta en lo que afirma, pero errática en lo que omite. Es en
verdad una revista ideológica, que tiene en el hecho cultural un elemento legitimante. Este
periódico renta la cultura cubana para darse un caché de justiciería y objetividad.

Ahor bien, es cierto que La Jiribilla da cuenta de un mundo cultural muy intenso que desarrolla
en el entorno insular, o vinculado a él, una legión de cubanos inquietos cuyo talento, que
conste, no tiene que ver con el régimen político instaurado por Fidel Castro. El genio artístico
no depende de ninguna condicionante política o subvención ministerial, así sea por el
elemento somático enrolado en ese ejercicio. En resumen: la cultura es en La Jiribilla un
pretexto para hacer política, pero en todo caso, un pretexto real.

Es por eso que considero errado hacer caso omiso de la existencia de esa publicación; aún
más, recomiendo su lectura. Ella comparte con otras publicaciones cubanas una visión de la
cultura como totalidad que abarca deporte, vida cotidiana, música, cine, literatura, etc. En ese
punto va más allá de revistas específicamente literarias, como pueden ser la Revista Baquiana
o Diásporas. Esa visión "totalista" de la cultura es loable y a la vez peligrosa, sobre todo
cuando el interés político ronda sus fronteras.

Los artículos y comentarios culturales publicados por La Jiribilla comparten un trasfondo
ideológico con dos pilares fundamentales:

1-Un nacionalismo de corbertura territorial que parece considerar "cubano" solo lo que se hace
en los contornos insulares, o fuera de ellos si tiene aprobación política. Esta posición apareja
una axiología excluyente.

2-Un anticapitalismo formal que solapa un acatamiento a la cultura del consumo. El eje
axiológico de esta prédica es la hipocresía.

El anticapitalismo que promueve esta revista puede comprobarse, por ejemplo, en el artículo
Arte y entretenimiento: entre virtuosos y malvados, que publica el Sr. Lisandro Otero en el
Número 144.

Lo primero que hay que aclarar es que criticar a Fidel Castro en el extranjero, incluso en
Estados Unidos, incluso en Miami, no es un buen negocio para hacer una carrera intelectual.
Solo talentos excepcionales como el de Reinaldo Arenas, ligados a una voluntad férrea, siguen
creyendo en la literatura sin interesarle los invenientes de una vertical postura antidictatorial.
Su caso no tiene equivalentes en el panorama actual, si descontamos a Zoé Valdés y
Guillermo Cabrera Infante.

Criticar a Castro enemista al artista con la izquierda ideológica, que es muy activa en el manejo
de galerías, universidades, festivales, premios, etc. La derecha suele ser indiferente a la
cultura, por lo que un beneficio en términos de solidaridad es casi siempre menor. Por demás,
la crítica a Castro impide la visita a la isla y el establecimiento de relaciones con las
estructuras dominantes, lo que obstaculiza la obtención de "grants" y otros favores del estado.
Técnicamente hablando, el trabajo intelectual con visitas a la isla y contactos extraterritoriales
con sus funcionarios cubre dos funciones:

1-Se alcanza la apariencia de objetividad mediante entrevistas, observaciones, anécdotas y
encuestas sobre el terreno.

2-Se satisface la creencia en la participación ocasional en un cambio que debería venir "desde
dentro". El viaje a la isla convence a los financistas de que la instrumentalidad de la
investigación está garantizada.

No mencionamos aquí los otros beneficios extra-intelectules en términos de hedonismo y
tráfico de influencias. En todo caso, los puedo entender.

Lisandro Otero, que conoce bien esta situación, tiene la picardía de vincular el elogio del
castrismo con el ejercicio de la llamada crítica a sus defectos. De esta manera, cosecha los
beneficios del régimen, aderezados con el elogio de la izquierda democrática, o simplemente
de personas con sentido común que no aceptan la irracionalidad castrista.

Pero su habilidad va más allá y logra un par de combinaciones adicionales:

1-Reside y viaja fuera del país y, sin embargo, es considerado como uno de los de "adentro"
(en el 2002 recibió, claro que merecidamente, el Premio Nacional de Literatura).
2-Critica el capitalismo y sus bienes de consumo y vive cómodamente en las arcas del
capitalismo mundial. "Un comunista no tiene que ser tonto", es una justificación a la mano de
los comunistas más pícaros que ha aportado la cubanidad.

El Sr. Otero se muestra inconforme con "los tiempos", culpa sutilmente al capitalismo global
de la falta de talento de la literatura contemporánea o, lo que es más exacto, de la falta de
perdurablidad de las obras. Hecho a la medida del mesianismo de la historia, cree que lo
perecedero es indigno de Dios, sin darse cuenta que nada es eterno, ni siquiera la revolución
que con tanta habilidad utiliza.Gunther Grass es el modelo de escritor que se le ocurre
proponer, y supone que fueron mecanismos éticos los que le salvaron de escribir para el
mercado. Parece decirnos que Grass pudo ser mejor de lo que es, al menos más
mercadeable, pero era demasiado sensible a los pesares de su tiempo para tal fechoría.

Como Grass es un escritor conocido, muy conocido, Lisandro Otero debe aceptar que algo le
salió bien al viejo en las relaciones mercantiles. Y es que hay otra forma de insertarse en las
vidieras, y es criticándolas. Hay un ardid para vender en el capitalismo, y es hacerle la crítica al
capitalismo. Otero dió a la literatura hispanoamericana una novela imprescindible titulada
Temporada de ángeles (1984). Angelical debería ser también su posición en política, y
abstenerse de engañar a quienes puedieran creerle; si quiere ser grande de verdad, y no solo
una temporada, que tire su flecha cargada de amor y no de la tan mercantil y vendible
hipocresía de izquierda.


(En el próximo artículo titulado Los amigos de "Cuba" el autor comentará las palabras de Alice
Walker en La Habana publicadas en el No. 145 de La Jiribilla).
 
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Febrero 2004