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La simpatía adversa
Ventana Mágica
Un libro para Cuba.

Se nos dice a veces que los cubanos hablamos excesivamente de esa isla. Que ni siquiera lo
hacemos desconociendo que las otras cosas existen, sino con la rara convicción de que
existen precisamente como pretextos para contar cosas de Cuba.

Acepto que esa monomanía puede llegar a ser impertinente, limitadora y, sobre todo, cursi.
Pero tengo una disculpa: tampoco fuimos solamente los cubanos quienes nos inventamos
ese particularismo que nos hace vivir lo más común con remisiones a la eternidad. Lo
aprovechamos, es cierto; y hasta lo disfrutamos o incluso nos servimos ocasionalmente de él.

Viajeros, intelectuales, turistas, hombres de negocios, amantes y poetas: todos han
contribuido a inflar esa maldición que constituye una insularidad asechante por todas partes.
Pongo algunos ejemplos. Con mi amigo Jason he visitado en unos meses un par de  
universidades: Brown, en Rhode Island, y Rutger, en New Jersey. En ambas pudimos ver
insólitas presencias cubanas en bares, calles y librerías. Particularmente en Providence
encontramos una cafetería especial: la Cuban Revolution, que se presentaba como Home of
the World´s Best Cuban Sandwiches.

Hace unos meses tuvimos que vencer un examen en el programa de estudios de SUNY. De
seis libros digamos que canónicos, solo uno de ellos no remitía a la isla directamente; era
lógico, se trataba de La Celestina. No obstante, se sabía en New York que en ese mismo
instante Carlos Díaz hacía una puesta atrevidísima del clásico español en La Habana, y salió
en alguno de los argumentos.

Ayer en una clase mi amiga Tania, decidida y brillante como siempre, me mostraba un
proyecto de ensayo acerca de la moda cubana en Madrid y, muy a propósito, un catalán erudito,
enredado entre las visiones de Bergman y Cocteau, me pasaba un libro curioso. Una suerte de
homenaje poético que participa de forma desmesurada en la inflación de esa mitología
cubana que nos tiene desde hace años, muchísimos años, enfermos de “excepcionitis”.

Me refiero al volumen España canta a Cuba, impreso en Francia por Ruedo Ibérico en el año
1962. Lo que esa España tenía que decir a esa Cuba resultó ser, en resumen, más de lo
mismo. Se trata de la vieja fascinación expresada en términos de percepción excepcional (“La
más fermosa”); la afirmación de un destino selecto para Cuba, que después incorporamos a
nuestra sensibilidad.

La antología incluye a varias decenas de poetas de la más disitinta cualidad. Algunos
desconocidos, otros sobresalientes en el ámbito de las letras hispánicas, como Alberti y J. A.
Goytisolo. Citaré algnos versos sin mencionar los autores; apenas quiero dar una idea de la
participacón de este libro en la preparación de esa mitología de excepcionalidad que seduce a
los cubanos y les inclina a vivir obsesivamente su condición.


El primer tópico que aparece es la ya conocida simpatía que la revolución de 1959 provocó en
intelectuales y líderes políticos de occidente. En uno de los poemas de la citada antología a
Cuba se la considera “lección” para una España que compasivamente es considerada
“pobre”. Esta estrofa es elocuente:

Si el oído español está cansado
De tanta nota falsa;
Si se doblan las piernas al esfuerzo
De levantar a España,
quiero volver a comenzar de nuevo
bajo el sol de La Habana. (13)

Cuba, contrariamente a lo que cualquier ciudadano común de la isla suele pensar hoy, se
convierte en una alternativa  al ya maltrecho mito del destino Español. Así, alcanza a decir otro
poeta:

Si me hiere la luz
Y me sonroja
La falta de honradez que anega a España,
Quiero encontrar el amanecer puro
De la azúcar cubana.  (15)

No es la cursilería el elemento que más debe llamar la atención en esta estrofa; la cursilería
es un ingrediete essencial del “arte político”. Aquí lo que importa es la transferencia, el  curioso
a-patriotismo de una fuerza política que está pretendiendo radicalmente la salvación de lo
español.

Está también presente la fascinación por Fidel Castro, líder de esa revolución. Este
deslumbramiento, por cierto, era algo que en la vieja escala de moralidad política del este
comunista se rechazaba bajo los términos cuasi condenatorios de “culto a la personalidad”.
En un poema titulado Mensaje a Fidel Castro se dice:

Fidel...
El nombre que hoy asoma
a la  sonrisa alegre de los niños,
cuando escuchan tu voz que les ofrece
la libertad que nace
de la mirada abierte,
de la cultura,
de la palabra amor,
del abrazo de todos los hermanos,
de tu paso en la tierra, Fidel Castro. (26)

Un tercer tópico refiere el tan conocido estereotipo del enfrentamiento a los norteamericanos.
Se trata en este caso de una de las operaciones más impresionantes de marketing político:
Fidel Castro es con mucha ventaja la figura más proyanqui de la historia política cubana. Su
discurso explícito desafía los poderes del norte, es cierto, pero su diplomacia secreta le sirve
con mucha diligencia.

Esta estrofa es significativa:

Con las barbas de Fidel
tienes que hacer una escoba
para barrer a los yanquis
de la América española.(78)

Por último vale la pena destacar el ambiente belicoso que envuelve a todos estos poemas; la
militarización de la sociedad cubana emergida de la revolución de 1959 tuvo también muchos
entusiastas, como revela una estrofa como esta:

Yo te envío,
Fidel,
Este poema
Para tu pueblo
Y sus uñas.
Este poema
De afilada punta,
En forma de fusil,
De bayoneta o furia. (81)
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