Menú Principal
Artículos  
Cuba  
Ensayos
Crítica  
Entrevistas
Literatura
Galería  
Libros
La simpatía adversa
Ventana Mágica
La ideología de la transición.

No se sabe aún si la transición, la sucesión, o como se llame al proceso que pondrá otro
rostro al frente del gobierno cubano, contemplará una capítulo relativo a la ideología. Quizás
las tareas sean demasiado urgentes para ponerse a argumentar: dar agua y comida a la
gente, controlar la violencia, evitar un éxodo a los Estados Unidos, capturar a personas que
traten de huir con las manos llenas de dinero y obras pertenecientes al patrimonio nacional,
rechazar, etc.

También existe la posibilidad, y creo que es una de las más factibles, de que la dirigencia
cubana se las arregle para conservar el poder. Esto no significa, por supuesto, que se pueda
mantener la unanimidad respecto al mismo; habrán disputas y conspiraciones entre los
propios políticos que están situados ya en la estructura política castrista.

Si el futuro político cubano rompe por alguna variante de continuismo, también pudiera darse
una querella formal en el nivel ideológico que enrolaría al menos dos capítulos muy
interrelacionados:

1-La relación con el legado del Comandante en Jefe.
2-El elemento temporal-generacional.

En una primera etapa ni el más radical continuismo castrista se consolidaría al margen de una
disputa ideológica por el merecimiento del poder, que podría girar en torno a cuál fue el
verdadero legado ideológico del Comandante en Jefe y quién sería su mejor intérprete.
Imagino incluso algunos profesores universitarios enrolados en el debate de la interpretación,
en la peor tradición teológica.

No se conoce el perfil político-ideológico de la gobernatura cubana según criterio formalmente
expresado de Fidel Castro. Salvo una ocasión, donde debió argumentar la sustitución del
Canciller Roberto Robaina por el actual Ministro de Relaciones Exteriores Felipe Pérez Roque,
solo tenemos chismes y comentarios de pasillo de dudosa credibilidad. No hay, en rigor, un
documento ambiguo pero veraz, como aquel afamado "testamento político" donde Lenin hacía
una caracterización general de sus posibles sucesores.

En la ocasión referida, por cierto, Castro afirmó que Felipe Pérez Roque había estado muy
cerca de él por bastante tiempo y era quien más familiarizado estaba con su pensamiento.
Eso, en términos mexicanos, es un claro "dedazo". Por eso provocó el celo y la protesta de
algunos fieles que se consideraban tan buenos sucesores como Pérez Roque; reacción que
el periódico Granma, órgano oficial del gobierno castrista, despejó asegurando que no se
había querido decir lo que se dijo.

Desde el punto de vista analítico, un sucesor de Fidel Castro tendría tres opciones:

1-Continuar los términos de su actual política.
2-Radicalizar la política castrista a la izquierda (provocar más decididamente a la Oficina de
Intereses Norteamericana y a la Base Naval en Guantánamo, aliarse más radicalmente a la
subversión, eliminar la circulación de moneda extranjera en la isla, etc.)
3-Mover el castrismo más decididamente hacia la economía de mercado e, incluso, permitirse
ciertas aperturas democráticas (por ejemplo, derogar la Ley 77-1995 y sus normas
complementarias, que es parte del "bloqueo interno" al pueblo cubano, legalizar la oposición,
etc.).

Cualquiera de estas alternativas podría encontrar cobertura ideológica en el legado discursivo
de Fidel Castro, que más que un sistema de pensamiento es un diario de tácticas. Es decir,
todo podría hacerse argumentando que era eso, y no otra cosa, lo que Fidel quería; gesto que
podría servir para obtener el sello de la continuidad y, de paso, infundir cierta tranquilidad en la
población.

Los jóvenes podrían decir que los viejos no tienen energías para cumplir con el "gran legado
de Fidel", mientras que los viejos podrían argumentar que para lo mismo a los jóvenes les
falta experiencia. Ahora bien, no se puede descartar tampoco que después de la muerte de
Castro los cubanos prefirieran un giro total hacia una sociedad que no les recuerde en nada al
castrismo. Pudiera ser, la sagacidad de los políticos estaría precisamente en eso, en
comprender qué cosa efectivamente es lo que en el fondo está deseando la gente. No estoy
seguro que lo sepamos.
e m i l i o  i c h i k a w a / All rights reserved.