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| Con esas mismas manos. (a propósito de un texto de James Petras). El castrismo fue un trabajo manual. No hay ideología castristra, aunque sí dominación y sometimiento. En el proceso de control de la sociedad cubana, justo es decirlo, el castrismo no solo castiga, sino que premia. La obediencia conseguida por amaestramiento de la criatura incluye el caro subproducto del agradecimiento y la dependencia moral, entrega más duradera que la directa represión de la rebeldía. No hay un equivalente cubano de Karl Schmitt, ni un "cuadro" universitario a la altura de Heidegger. Esa indigencia espiritual, por supuesto, es también la causa de la mediocridad del anticastrismo, quien tampoco ha producido, por ejemplo, un equivalente de Hans Kelsen, Arendt o Adorno. De ahí que el insulto sea una de las estocadas más frecuentes en el debate. Existe toda una antología de la grosería en la disputa en torno al castrismo, que en su momento vamos a tratar de conceptualizar para dar paso a su estudio concreto. Autores y títulos incluídos. Es una suerte, por tanto, que La jiribilla publique artículos de personas ajenas al corrillo cubano cuya indiferencia puede funcionar como amabilidad. Es el caso de Capitalismo frente al socialismo: el gran debate revisitado (No. 148), del profesor James Petras. La revisitación del referido debate, que es lo primero que trata de pasar Petras, no se puede conceder. El socialismo, el "real", el único que cuenta, fue un fracaso. Lo que queda en pie de aquella ideología es una crítica al capitalismo, aún más, al imperialismo, pero esa crítica se debe dar en el propio marco de una sociedad fundamentada en dos principios básicos que el mejor socialismo leninista no estaría dispuesto a aceptar: 1-Una economía basada en la propiedad privada. 2-Una superestructura fundada en las libertades individuales. Entendámonos bien. La derecha no puede dejarse usurpar por la izquierda la crítica del capitalismo. Un pensamiento, si quiere ser audaz, no puede ser apologético, complaciente. Lo que corresponde a la derecha es la crítica de la crítica que la izquierda hace del capitalismo, dentro y como parte necesaria y funcional del propio capitalismo. El comunismo ya no tiene ideólogos sino funcionarios, o sargentos, como Neruda le decía a Retamar. Elegir a Petras, Kapcia y cía como arquetipos de ideólogos del comunismo cubano es una trampa. Ellos jamás aceptarían una calidad de vida como la que propone el castrismo. Incluso, habría que ver si la toleraría esa plana intelectuales que le miente cada día a la gente honesta y humilde que cree que a ellos, realmente, les interesa su suerte. Pero esto es un tema de crónica, muy crónico, que no viene al caso. No estamos hablando de eticidad política. Lo que no dice Petras es que, si bien puede considerarse que las reformas en el este europeo no condujeron a los óptimos resultados esperados, tampoco las reformas han triunfado en Cuba. Por lo que se le puede reprochar a Castro alguna de estas dos cosas: 1-Que haya introducido mecanismos de mercado en un socialismo sacrificial, lo que explicaría esa suerte de "guevarismo de oposición" que hay entre algunos comunistas cubanos. 2-Que no haya radicalizado aún más el rumbo hacia el capitalismo acabando con sus premisas sociales de una vez. En Cuba, si descontamos la formalidad política que conserva la imagen de Castro en el poder, se ha operado el mismo proceso que en en el Este, mafia, emigración, corrupción y fracasos incluídos. En el artículo de National Geographic (marzo, 2004) que en su texto cita, debería considerar también que muchas de esas observaciones críticas aplican para el caso cubano. La reforma en Cuba ya fue, y salvo la sobrevivencia de un grupo de poder en nuevas circunstancias, todo lo demás ha sido fútil. Tanto, que algunos de los defensores de Castro en Miami aseguran con cinismo que, bien vistas las cosas, mantenerse en el poder no es una minucia, tan solo el cambio deseado. Se le atribuye a uno de estos acólitos el siguiente balance de la historia cubana del siglo XX: "Castro no me mintió: a mí Castro me ganó". El comunismo bolchevique ya no forma parte de la racionalidad histórica; puede resurgir, por supuesto, porque la historia no es solo cuestión de razón. Pero esto sería de interés para la policía, no para el debate intelectual que le ha hecho una crítica suficiente. Ahora estamos enfrascados, como en el viejo programa de la Escuela de Frankfurt, en una crítica del capitalismo. Debemos investigar si es, por fín, el punto de llegada de la historia, el régimen natural en que se organiza la convivencia humana, o si hay una salida al mismo. El capitalismo, como en época de Marx, puede ser criticado desde la izquierda y desde la derecha. El programa anticapitalista, antiglobalizador, como monopolio de la izquierda, es una de las tantas ficciones con que funciona la propaganda castrista. Respecto a Cuba repito que las circunstancias son nuevas, así solo sea porque el dólar y los signos del capitalismo han pasado a formar parte de la moral dominante; pero como diría al sargento, aún sin decirlo, las manos no son nuevas, son las mismas manos de encerrarte. |