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La simpatía adversa
Ventana Mágica
Evocaciones del fútbol cubano.

No hay que significar (todo el mundo lo sabe) lo modesto que es el fútbol cubano. Es un
singular ejemplo donde la calidad de la afición desborda el nivel de los deportistas. En Cuba
(en todas las islas cubanas) se siente pasión por este deporte; existen plazas de tradicional
gusto por lo futbolístico. Entre las más destacadas se encuentra Manatí, en la oriental provincia
de Las Tunas. Jugando fútbol en el poblado de Manatí se hizo Ramón Núñez, el delantero más
famoso del fútbol cubano, ambicioso para el gol y casi inmarcable en el área chica.

Núñez, por cierto, parecía un ruso en el terreno; su piel blanca, ojos azules y melena rubia
alguna vez le hicieron sospechoso de ruso nacionalizado. Pero él era un oriental de pura cepa,
con un gran acento regional en su palabra. Lo conocí ligeramente cuando se mudó para
Caimito, en Provincia Habana, donde se incorporó con éxito a los equipos de la zona.

La selección nacional que integró Núñez estaba formada por otros jugadores excepcionales.
Los porteros Reinoso y Griñán, que fueron pretendidos por algunos seleccionadores de
Latinoamérica; el “Bufalito” Hernández, defensa lateral con unos  saques de banda sobre el
punto de penalti que emularían hoy los de Roberto Carlos y, por supuesto, Jorge Masó, centro
campista elegante en la gambeta y sagaz en la conducción de la ofensiva. Masó fue inspirador
del equipo cubano en algunas dignidades olímpicas y regionales; estudió Derecho en la
Universidad y, por demás, era un excelente bailador.

Además de Manatí destacan como plazas futbolísticas importantes Caibarién, Consolación del
Sur y Surgidero de Batabanó. Este poblado del sur habanero llegó a ser una suerte de rincón
invencible y tramposo para los equipos del occidente cubano. En época de muchísimas
privaciones, donde se jugaba sin camisa y zapatos rotos (a veces con botas de trabajo) el
equipo de Surgidero consiguió vestir un uniforme negro y amarillo que desconcertaba al rival
cuando salía a la cancha. Batabanó, más que un estadio, era una emboscada. Los Hermanos
Pedroso, miembros de una familia de futbolistas de Batabanó, llegaron a integrar los equipos
más importantes de la isla, incluyendo a la selección nacional.

El pueblo habanero de Bauta es también una sede sobresaliente del fútbol cubano. Recuerdo
las calidades deportivas de Richard Lee, Raúl y Mario Socarrás, Raúl Mérida, Antonio Molina,
Miguel “el chino” González y muchos otros cuyo talento desbordaba las mismas posibilidades
competitivas que ofrecía el sistema deportivo cubano para esa disciplina.

Y por supuesto, tampoco puedo dejar de evocar al equipo de fútbol que representó a la
Universidad de La Habana a principios de los años 80, dirigido por el técnico Orlando de la Fé
e integrado por pujantes futbolistas como Cae Cruz, (un caboverdiano que capitaneaba la
selección), Musa, Ronald, Kapi (jugadores africanos), y Mitjans, Safora, Alexis Carvajal y
demás. El buen recuerdo de todos ellos nos permite olvidar, o recordar con felicidad, fracasos
como el de aquellos Juegos Nacionales Universitarios en el Instituto Superior de Ciencias
Agronómicas donde el equipo de “La Colina” llegó con el pretencioso lema de “Campeones o
subcampeones” sin poder superar siquiera la primera ronda.

En estos días de competencia es grato evocar estos momentos de fútbol y camaradería. Ojalá
que en Alemania 2006 resulte ganador el equipo de cada uno de esos viejos amigos de
siempre.
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Junio 2006