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| Hecho un Marx de lágrimas. (Carta a Omar Valiño ). Cayos de la Florida. Sr. Omar Valiño; Estimado amigo: Recuerdo con mucho placer las utopías que vivimos juntos: la de los amigos en Bauta y Caimito, la de los chistes en cualquier rincón de La Habana, la de aquel encuentro de teatro en Miami que propiciaron la profesora Lilian Manzor y el dramaturgo Alberto Sarraín. Sueño que despertamos como irrepetible. Se lo dije en secreto a una excelente actriz que fue laureada en aquella ocasión: esto no va a volver. Y no ha vuelto. Incluso si se volviera dar, los protagonistas tendrían que ser otros; los de entonces han perdido bastante ingenuidad. Nosotros, ya no somos los mismos. Hay un gran obstáculo a la reedición del suceso. Querido Omar, desde hace unos tres años se ha operado en la sensiblidad de acá un cambio que no te puedo explicar muy bien: ya no seducen, como antes, los intelectuales y artistas que llegan de la isla. No sé lo que ha sucedido. Será que todo cambia con tanta celeridad que en las dos horas de viaje, y de espera, se pierde actualidad. Pero entre nosotros no importa. Tus amigos están aquí, igual que antes. Recuerdo, Omar, y siento nostalgia. No sé por qué razón la machería cubana ha desprestigiado este sentimiento. La nostalgia amigo mío, como decía Simon Weil, es mucho más edificante que la solidaridad, esa suerte de filia impuesta entre compañeros de clase, partido o nacionalidad. Bergman tiene una película, Fresas silvestres, o salvajes (sin chocolate), donde la nostalgia aparece como un sentimiento muy viril, y donde un sueño de quince segundos haría callar a todos los profesores interpretacionistas que inventan ese tipo de cosas. Hay que volverla a ver. Siempre. ?No te da nostalgia Bergman?. ?Y la Vivi Anderson?. Dile a Arturo que te haga mi cuento con la otra. Estaba Almodóvar también, fue una noche interesante… Te quería comentar algo más específico. Un artículo aparecido en el No.166 de La Jiribilla que lleva tu firma y se titula Marx en El Vedado; pude entender que se trata de un comentario a la puesta en La Habana de la obra donde Howard Zinn imagina a un Marx sobreviviendo en el Soho. Déjame aclararte que la mayoría de la gente piensa que polemizar con La Jiribilla es algo peor que un acto fútil: es como reconocer la existencia del enemigo. Yo no pienso así. La Jiribilla, de verdad, asusta a veces. Uno se da cuenta lo imposible que resulta dialogar con un grupo de intelectuales que, como tú, tiene el respaldo de un estado. Pero ciertamente el quehacer cultural del que da cuenta esa publicación electrónica es impresionante. La isla está viva, a pesar de los pesares. A mí me es imposible hacer la vista gorda. Por eso leo La Jiribilla y, generalmente, selecciono un texto para polemizar. Cuando lo termino lo envío inmediatamente a la misma redacción de la revista en Cuba, deseándole suerte y recordando a sus redactores que la batalla debe ser de ideas y solo de ideas. Ni te imaginas la cantidad de cosas que suceden por acá. Un joven escritor, villareño por cierto, me acaba de asegurar hace unos días que criticar a Castro en La Habana era a veces menos riesgoso que hacerlo en Miami. La anulación del enemigo llega hasta tal punto que a veces uno ni siquiera puede defender a los amigos. Un ejemplo reciente: hay un escritor exiliado en Suiza que acostumbra a escribir de manera bastante ofensiva sobre una persona que yo admiro mucho. Pues debes saber una cosa: ese amigo me rogó que no le defendiera, pues criticar era de alguna manera reconocer. Y en eso de silenciar y ofender mi querido amigo la verdad que La Jiribilla es a veces insuperable. Yo no conozco a ningún escritor en la historia de la discursividad cubana que haya tenido un estilo más sucio de polemizar que Manuel Henríquez Lagarde; los peores bocadillos de los personajes de Arenas enmudecen ante sus andanadas. Pero entiendo, ustedes creen que son gente acosada por el imperialismo sin percatarse que, a nivel micro, el ejercicio de ese poder editorial es tan despótico como el imperialismo que dicen criticar. Imagínate Omar, !poner a Ignacio Ramonet como una víctima del monopolio mediático!. Se pasaron, crèeme. Tu artículo, vayamos a eso, me pareció genial. Creí que era un poco cheo, pero después quise leerlo en clave burlesca y de verdad me resultó más interesante; a veces me parece como encargado; una suerte de ejercicio que por necesidad o encono te fue merecido. Un pujito la obra, ?verdad?. Hay lances superaudaces, como imaginar que Jenny tenía gandinga para hablar de las masas con Marx; a este, por cierto, no le interesaban mucho los famosos obreros (lo que le diferenciaba de Engels), pero eso es otro punto que si quieres podemos discutir. Marx no era muy comunicativo con Jenny, sobre esa relación es muy interesante el estudio que hizo Francois Giraud en clave feminista en su libro Jenny, la mujer del Diablo. Es fácil encontrarlo en España. Por demás Omar, eso de decirle “Carlitos” a Marx es pasarse de confianza, tú sabes bien que el único Carlitos que hay en el mundo es Gardel, quien cada día canta mejor. No recuerdo haber escuchado jamás a Eduardo Albert Santos decirle “Carlitos” a Marx. Dicho sea de paso, te agradezco mucho haber hablado públicamente de este gran amigo y pensador cubano, uno de los pocos marxistas realmente heterodoxos que he conocido. Tu amigo Rubén Zardoya, que hoy dirige las escuelas bolivarianas en Cuba, primero lo copió y más tarde lo negó. Así vamos. Me molestó un poco el tono “jiribillesco” de algunas frases que no encajan con tu nobleza. Sobre todo esta: “…después de tanta porquería echada sobre él (Marx) desde siempre e incrementada hasta el vómito con la caída del Socialismo Real y la Unión Soviética.” La frase no solo es grave, sino también errada: hay verdaderas cosas que reajustar con Marx, entre ellas, el desprecio a la realidad latinoamericana y un racismo incipiente que descargó a veces sobre su propio yerno, cubano de origen por más señas. Respecto a lo político cubano una cosa más. Todos, incluso tú, participan de la política cubana. Pretender estar fuera de lo político, siendo este un tema que marca tan profundamente a tus congéneres, es cuando menos una falta de cortesía. Alguien inventó el pujo de que en el futuro se va a recordar a Fidel Castro como un político de la época de Juan Formell. Tonterías: ?o es que crees que Orfeo es más significativo que Apolo?. Castro es la personalidad más “famosa” de la historia cubana, aunque no nos guste. Igual que politiquería, hay en Cuba “apolitiquería” barata, un negocio con el “yo estoy fuera de juego”. ?Crees que Padilla estaba realmente “out”? Las “memorias” de profesor Said son interesantes en este sentido, curiosamente se titulan Out of Place. Hermosa ilusión. Pero ya esto es demasiado. Solo trataba de decirte que leo tus cosas. Que leo La Jiribilla y que yo, aunque grite, estoy siempre a tu lado.Oh mar, o Marx, Omar… ?reconoces los versos?. Un abrazo, Emilio Ichikawa. |