| volver menu |
||||
| El haiku: un arte matemática. El escritor Orlando González Esteva entrega a la cultura en lengua castellana el libro Hoja de viaje (Pre-Textos, Valencia, 2003), selección de composiciones del poeta japonés Kobayashi Issa, quien nació en la aldea de Kashiwabara, provincia de Shinano, un 5 de mayo de 1763. Es difícil resistir la tentación de indagar qué hacía Europa y Norteamérica por la fecha: preparaban revoluciones, confiaban en la razón, resumían el saber y redescubrían, en algún rincón neogótico de la Normandía o New England, ese mismo universo “oriental” del cual Issa forma parte. Las sutiles palabras de Issa (taza de té), que González Esteva considera como “phos” antes que como “graphie”, realizan un viaje linguístico con estaciones en japonés, inglés y español. Se trata de una matamorfosis tan compleja, que en el Prólogo del libro asoman con fuerza de necesidad algunas consideraciones teóricas sobre la naturaleza del Haiku y el arte de traducir. Son intererantes las referencias explicativas de González Esteva, pero aún más sus propios aportes a partir de la experiencia concreta del ejercicio del arte de la traducción. El Haiku es una estrofa poética de dicisiete sílabas, morfología resuelta aquí intercalando un heptasílabo entre dos pentasílabos. González Esteva lo logra a pesar de todo el riesgo: acopla y desgarra la sonoridad, sostiene y rompe la melodía, pero siempre “afina” bajo los rigores de la métrica de oficio. Los versos quedan dispuestos de manera tal que una voz emerge del trazo. No hay mucho que aportar a una poética de la traducción desde que Octavio Paz propuso entenderla como resurrección: vida nueva, milagro, nacimiento divino; eso acontece con los versos de Issa bajo el manto creador de González Esteva. El poeta advierte sobre las características de este tipo de composición. El Haiku es veloz, sutil, seductor, parece que dice poco y… es lo que parece. El Haiku es una insinuación, una sugerencia: “La riqueza de un Haiku es proporcional a la del lector”, sentencia González Esteva. Mide las vigas de mi casa un gusano, pulgada viva. Una definición propia de los más esotéricos bestiarios: “gusano: pulgada viva”. Reminiscencia imprevista de un atrevido ejercicio de juventud de Dulce María Loynaz. Geometría, albañilería y zoología involucradas en un poema. El Haiku viaja veloz. Issa preña la observación aguda con una finísima amabilidad simbólica: Algodonal De florecer la luna, sería igual. La belleza del Haiku es también auditiva. Es un juego para comunicar mares íntimos, ensoñaciones. Gozález Esteva rapta la música de Issa sin reincidir en la rima explícita: Oh, pobre nieve. Aferrada al horror de esas paredes. Quizás en contra de su propia concepción de la literatura como disfrute, más allá de ese lector ingenuo que tanto decía admirar, Jorge Luis Borges dejó una serie de ejercicios comprensivos de la poesía que igual nos sirven para aprehender a Issa. Según recomendaba, la formación de la metafora debe buscar una alquimia insólita; la “traducción” mutual de realidades que aparentan ser incompatibles. Así advendría la sorpresa, el hallazgo, la belleza incalculada. Metaforizar vendría a ser entonces un ejercicio de recomposición sísmica de las representaciones. Este Haiku, con elementos de humor, ironía, ágilidad e inteligencia, seguramente sería aprobado por el gusto exigente de Borges: Chorro de orina. Pero mira debajo: lirio que mira. Mas González Esteva recomienda la lectura feliz de estos poemas; no importa si hay o no entendmiento cabal. Y nosotros proponemos al lector lo mismo que González Esteva: una apropiación grácil de este libro; nueva pieza en el universo literario disponible en la lengua española. Issa, Kobayashi Hoja de viaje (Selección, versiones y prólogo de Orlando González Esteva) Edic. Pre-Textos. Valencia, 2003. 128 pp. ISBN: 84 8191 559 9. Emilio Ichikawa. Marzo-2004. |
||||