FOTOS, BAILE Y OJOS

La Calle Ocho se ha convertido en un emblema para los cubanos de las dos orillas; un símbolo de placer y
prosperidad. No por casualidad a una calle de Guira de Melena, donde han construido sus casas los nuevos
“macetas” de las fincas y los camiones, se le llama precisamente así. Sin embargo, hache en Miami el paseo se
hace al parecer menos cubano en términos demográficos y hasta comerciales, pues la propia prosperidad
permite la mudanza a otras zonas de mayor beneficio. El caso del Café Nostalgia, del Sr. Pepe Horta, es
simbólico con su traslado a Miami Beach.

Los últimos viernes de cada mes se realiza en esa Calle Ocho un gran esfuerzo por convivir culturalmente. Este
ultimo resulto muy singular por todo lo que convergió en torno a la exposición Imágenes at Lab6, de los
fotógrafos Pedro Portal y Héctor Gabino. Más que exposición fue una muestra donde el dueto se dio a conocer
como fotógrafos artísticos, faena que complementa su trabajo como profesionales de los medios informativos.
Gabino logró detener al público al menos ante dos fotos sobresalientes. Una donde aparecen niños haitianos
amontonados frente a un lente, que hacia insistir a muchos en que se trataba de una escena cubana. La otra
lograba ser original en un tema ya bastante manido: la tediosa espera de los viejos de La Habana. Pedro
Portal buscaba  ser más experimental y, sin embargo, más preocupado por salvar lo real. Y en este caso lo
mas real de lo real fueron las fotos de tres mujeres cubanas que su arte alcanza a  extraer  de cualquier
polémica circunstancial posible convirtiéndolas en iconos: Lily, Charín y Zoe.

Pero como Pedro, Pedrito, es además de fotógrafo una especie de “imán delmontino a la postmoderna”, por
aquello de que congrega a su alrededor mucha gente de la cultura, fue la coexistencia lo mas importante de
la noche. Brillaban  tantos, que voy a referir solo  una persona que completo la exposición de fotos
convirtiéndola en un amable gesto cultural, como quería Pedro Portal. Dijeron que se llamaba Tiffani y creo
que vive de rentar el misterio e invertir en la seducción; como era una bailarina de donde se toca el techo del
mundo, usaba otro nombre y ningún rostro. Hablaba algún idioma peculiar, quizás el del cuerpo, o el de los
ojos. Esas sendas lunas cerraron la exposición y se llevaron a la calle a bailar, casi ciegos, a gente que había
asistido allí únicamente a mirar.

 

Inicio | US-Mundo | Cuba | Colaboraciones | Crítica | Entrevistas | Ensayos | Literatura | Galería | Libros | Bio | Blogroll | Contacto | RSS |
Copyright © 2003-2008 Emilio Ichikawa. Todos los derechos reservados.