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SOBRE EL ROCK EN CUBA. (II).

El profesor de arte y estética Jorge de la Fuente, casi una inspiración de mi generación,  nos contó un día en la
Universidad de La Habana un paseo que había dado por el este de La Habana con un colega extranjero.
Logro enseñarle el proyecto comunitario de Alamar, símbolo de la arquitectura de la era castrista, ante el cual
el visitante prefirió callar; siguieron el viaje y ya un poco mas alejados, sonrió y le dijo: “Menos mal Dr. de la
Fuente, ya aquí Alamar se pone mas bonito”. Un fiasco: habían llegado a Santa Maria del Mar, que ya Fidel
Castro se encontró hecha en 1959.

Pues en uno de los parajes mas anodinos de ese “realengo” que se extiende entre Alamar y la playa, es decir,
entre una chapucería y un recuerdo, se les ha construido a los jóvenes cubanos el “rockodromo”. Si alguna
prueba faltaba para demostrar el potencial contestatario de este tipo de música, basta esta suerte de
destierro espacial para confirmarlo. Lejos del centro de la ciudad, de las miradas de los turistas y las rutas
habituales de los extranjeros en Cuba, la inconformidad es anodina, por lo menos discreta y  llegado el caso
fácil de reprimir. Se les dio el lugar a los rockeros, el “espacio”, porque un estado totalitario y paternalista trata,
es su obligación, de absolverlo todo. Incluso aunque ha fracasado en su intento, ha pretendido que se haga
música rock y chistes a su favor, que es tan contraproducente como recibir apoyo del enemigo. El castrismo
anhela controlar el “todo”, no la “parte”;  por eso es un “totalitarismo” y no un “partidismo”; el “unipartidismo”
es ya de por si una equivocación sociológica, además de un barbarismo lingüístico.

En el sentido estrictamente musical, del rock en Cuba sabe Tanya, que esta en el exilio; o Diego, que es
melómano; o muchachos bautenses como Ozzy y el  Peco; yo solo me atrevo a compartir algunos versos de
canciones  que muestran lo “heavy” que es este arte y, de paso, lo consecuente que es la policía castrista al
preocuparse por el. Algunos amigos de Miami recuerdan, como parte de la  memoria de los últimos excluidos,
el trabajo de Cosa Nostra, Paisaje con Río, Garage H, Combat Noise y, por supuesto, Zeus, que según el amigo
Dan es el equivalente cubano de “Metallica”. Lars lo definió de la siguiente manera: Zeus es como “Metallica”…
con menos watt de salida.

“Me embriago al verte junto a mi/ me exalto cuando te veo ir/ ven hacia mi”; no son versos de amor; o quizás
si, pero del amor postrero del ultimo castrismo: el amor al “Dollar”, que es el titulo de la canción a la que
pertenecen. El cubano sencillo es, respecto al dólar, un amante no correspondido: “Te estoy buscando/ en
donde estas/ Te estoy llamando/ven hacia acá”. Se trata de un amor riesgoso; carnal, casi omnipotente y con
frecuencia inmoral: “Limpia tu honor/ necesito ese olor”.

Hay otra canción donde el deseo de ruptura no puede ser mas explicito; se titula “LIBERAME” y dice: “Trato de
escapar/ trato de salir/ y regreso aquí/ven libérame”. En esa fuga de un país donde la propaganda ha
traficado y desprestigiado el sentimiento patriótico, los conflictos de identidad suelen resolverse sin mucha
tragedia. Donde no este la indecencia totalitaria esta el país. “Patria es aquel sitio donde se vive feliz”, como
dice un verso de una tragedia perdida citado por Aristófanes. El tedio acaba por rectificar el conocido axioma:
“Una verdad repetida hasta el cansancio se convierte en mentira”. El castrismo es también la erosión del
humanismo, el altruismo, la soberanía y demás valores que, como se dice en la isla, huelen a “teque”.

En el frescor del famoso rockodromo donde muchos amamos alguna vez el destello del genio, en las ondas que
vuelan hacia el Guanabo erótico del amanecer, aun se escucha el reclamo amnésico de Zeus: “Libera mi
mente/ de historias de ayer”.