Entre la lealtad y la traición.

Martínez, Ana Margarita. Estrecho de traición. Edic. Universal, Miami, 1999. 134pp.
Montane, Diana.


Acabo de leer, quizás con cierto retraso, este testimonio de amor y política, de corazón y administración, de
Ana Margarita Martínez. Es un libro donde se me confunden personas y personajes; es lógico pues en él se
entrecruzan también los hechos y la rememoración de los hechos, la confesión y la narración literaria.


Por momentos, mientras olvido que el libro es además una historia de muertes, me sorprendo pensando que
hay historias que se quedan en el aire, “personajes” que se escapan sin aviso. Por ejemplo, Germán, ese
padre emergente que era un meticuloso de la unidad familiar y que de buenas a primera desaparece. No
deja huellas, se convierte en un secreto; solo sabemos que su hermana y su hermano lo conducen a un retiro.

Pero como decía se trata de personas, no de personajes. Como se trata de la textura física, moral y emocional
de Ana Margarita Martínez y no, sencillamente, de “la protagonista” del relato. No tanto a través de la
escritura, pero si en el uso de ciertos lances escriturales, uno siente como la impresión de que la narradora
sigue enamorada del aviador, del espía, del traidor. No sé, es una sensación.

Y no es una sensación descabellada: en el amor muchos mecanismos de contención social se anulan. De ahí  
que muchos tratados medievales de medicina hayan comprendido al amor entre los “estados de
anormalidad”; es decir, de “supra-normalidad”.

Por esta razón el relato como que se pierde cuando Martínez trata de reconstruir la traición, o cuando busca
explicaciones para lo que legítimamente pudo haber sido una atracción cuerpo a cuerpo. Martínez, por
ejemplo, utiliza retrospectivamente algunos elementos de “identidad”para ingeniarse una relación de
cualquier modo condenada al fracaso. Menciona la educación en un medio “castrista”, el hombre de ego
exagerado que no comprende a fondo la intríngulis de este país. Pero Martínez debió ser justa aquí; todos
saben que ese “descarrío” o  “perplejidad” con que el homo totalitarius se presenta en una democracia
liberal, le crean una apariencia de torpeza y desamparo que igual estimula a una relación “psico-ilustrada”.
Mostrar, enseñar, diseñar al gusto es una torcida técnica legítima en el amor. Y no es solo cosa de hombres.

Se ven las fotos: Margarita y Roque eran una pareja hermosa. Aún más: una pareja exitosa. Un éxito
preparado y hasta inventado por las clases poderosas del exilio. Si en eso hubo fracaso, hay que decirlo, es
porque se fue más allá del amor.

Martínez duda: vino ya de espía o se hizo espía. Eso lo podrá aclarar solo el agente Roque. De cualquier
modo, siempre se podrá dudar de la declaración. Los temas cubanos reproducen la vieja polémica entre
creacionistas y evolucionistas: unos dicen que lo fueron siempre, otros, que alcanzaron una cualidad en
algún momento de su trayectoria.

El libro se lee con interés. Tiene buen ritmo. Hay elementos de suspenso y adecuada credibilidad narrativa. Es
un documento valioso sin duda, una historia de amor y de traición. Respecto a Martínez, hay que reconocer
que como persona ha vivido una tragedia apenas soportable por personajes de la gran literatura, Ella, como
mujer, ha dado un paso más allá de lo posible. Al final uno siente como que se ha salvado. Incluso, que esa
desventura la ha conducido al éxito. No sé. Quedan en pie las dudas de siempre; esa duda concerniente a
Dios como escritor, sobre la rectitud de su escritura y las curvas de sus renglones.

 


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