Jesús Rivera en la Universidad de Miami. (1)

Es un placer dar la bienvenida a este Centro de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de
Miami al artista y amigo Jesús Rivera, a quien con gusto llamé en un artículo publicado en El Nuevo Herald "el
maestro de Union City". Damos la bienvenida también a su esposa Betty, quien en este momento se encuentra
filmando nuestra reunión. Nos acompaña también en la mesa el gran pintor Gustavo Acosta, amigo de Rivera
y conocedor de su obra.

Es necesario dar las gracias por este encuentro a Jaime Suchlicki, Director del ICCAS, y los diligentes amigos
María Urizar y Gene Pons, con quienes ha sido un placer trabajar. También a la organización Herencia de
Cultura Cubana, representada aquí por los señores Lourdes y Eduardo Zayas Bazán, que siempre creyeron
en este evento.

Conocí a Jesús Rivera cuando empezaba mi amistad con el pintor Leonel Matheu. Resulta que la profesora
Sherisse Alvarez había organizado el pasado verano una exposición de pintura cubana en la Universidad de
Yale donde participarían reconocidos artistas cubanos como Leandro Soto, quien reside en Phoenix, Arizona,
el escultor Florencio Gelabert y el mismo Leonel Matheu, quien me refirió otro artista enrolado en la muestra.
Un pintor que residía en Union City, New Jersey, y que al cabo resultó el gran amigo que nos acompaña esta
noche: Jesús Rivera.

Lo conocí personalmente este otoño, en un viaje que hice a New York.

Pero quiero decir además que he podido hacer una especie de disquisión para significar la presencia de
Rivera y Acosta en esta noche de invierno apócrifo.

Por muchos motivos he tenido que leer bastante acerca de la teoría del arte, en especial de la literatura,
conformándome una suerte de idea general de la crítica que trato de llevar a la práctica. De la idea de la
crítica como ejercicio sucesivo de la duda hasta el nivel de la autocrítica, he varado en la convicción de la
crítica de arte como canal, como gesto propiciador de la propia voz del artista, que es, en definitiva, quien
sabe de qué cosa va el arte.

Tengo muchos amigos pintores, me gusta visitarlos en sus estudios, verlos pintar y escucharlos conversar entre
ellos. Las conversaciones entre pintores tienen una inspiración distinta que la que sotienen los críticos de
arte, y es diferente también el lenguaje que utilizan.

1-La inspiración: Un día fuí con un amigo a la entrega de un retrato que este le había hecho a otro amigo,
pintor también. El develado me mostró una interpretación cabal de la persona, ademas, era sin dudas "una
ofrenda sincera a la amistad". Fue lo que dije. La tontería que dije. El homenajeado, sin embargo, miró
ciudadosamente su imagen, se entretuvo un rato y después preguntó: ?qué pincel usaste en esta parte de la
mejilla?.

2-El lenguaje. Cuando hablan antre sí los pintores utilizan un vocabulario que tiene que ver más con Euclides
y Newton que con la teoría del arte y la crítica: "Se va de este lado", "pesa más por acá", "está en línea"... Y
esto plantea un problema de legitimidad: ?cómo pretende dar cuenta del artista, incluso del arte, un sector
profesional que se maneja en una lengua y con unos códigos ajenos al objeto que trata de descifrar?.

Estos argumentos me hicieron creer que quizás la crítica debería limitarse a encontrar soluciones literarias
que propicien la salida de la voz el autor. Conclusión que se me hizo definitivamente evidente en un texto que
escribí sobre el pintor Carlos Cárdenas, titulado Carlos Cárdenas: el buen crédito del arte, donde mezclaba
algunos párrafos supérfluos que solo tenían la función de dar paso a las opiniones de otros artistas que se
referían al trabajo de Cárdenas en un código de intercambio familiar entre ellos.

Imaginé también que la expresión extrema de esta concepción de la crítica de arte como propiciadora de la
voz del autor era "el viaje". Es decir, traer el artista y dejar que él, no nosotros, manipule su obra, su cuerpo y
su palabra. En este contexto, American, Delta, United, Jet Blue o cualquier otra aerolínea que lleve al artista al
lugar donde será consumido su arte, puede ser entendida también como una institución de crítica y teoría.

La presencia de Jesús Rivera esta noche también puede ser entendida en ese marco discursivo. Veamos
ahora cómo entendemos la de Gustavo Acosta.

Hace unos días terminó en el Miami Beach Convention Center la edición 2004 de "Art Basel". Las entradas
que utilizamos un grupo de amigo debieron ser recogidas en su momento en casa de Acosta quien, al
entregármelas, me hizo una recomendación general con una señal muy precisa: "Ve a la Galería Aqua Bella,
que está a la entrada a mano derecha y mira el cuadro X. Es impresionante".

Por supuesto que fui donde me dijo Acosta, quien es un gran conocedor de lo que se hace hoy en esta
materia; pero resultó que, aunque me gustó el cuadro indicado, preferí otro de esa Galería, al cual por demás
le encontraba cierta afinidad con su trabajo".

Cuando le comenté me dijo con seguridad, y sin ofender, claro está: "Te entiendo. Te entiendo perfectamente.
Lo que sucede es que lo que yo te decía de aquel cuadro solo lo
podemos percibir quienes pintamos".

Y tiene razón Gustavo Acosta, quien ahora me ha obligado a hablar de dos sentidos de la crítica de arte:

1-La crítica como "propiciadora".

2-La crítica como "impostura".

Hay, en efecto, un saber gremial al que solo acceden los iniciados. La pintura es, desde el medievo y quizás
antes, una suerte de "masonería estética" que guarda secretos e identidades de forma exclusivista. Quienes
han visitado los círculos tienen conciencia de lo que sucede en un cuadro, aunque este diga aparentemente
nada: "El lienzo virgen. Cuando lo ví en Malevich era algo distinto. No sé, no sé, no te puedo decir ahora por
qué".

Pensé entonces que no era yo sino Gustavo Acosta quien debía hablar sobre el trabajo de Jesús Rivera quien,
además de cómplice en el gremio, es su amigo. El les contará ahora."

Muchas gracias.

Emilio Ichikawa.
Dic.8-2004.

(1) Palabras de presentación al artista Jesús Rivera en el ICCAS de la Universidad de Miami.
Miércoles. Dic. 8/2004. Le acompañaba en la mesa, además del autor de este artículo, el
prestigioso artista Gustavo Acosta.
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