Fantasía roja

A pesar de estar regida por una dictadura totalitaria, y de haber precipitado un exilio muy
receptivo a algunos de sus hábitos, a Cuba no le faltan libros, oraciones, palabras. Las
letras cubanas no están afectadas por su cantidad, ni siquiera por su talento: el gran
problema del verbo cubano es su autenticidad. Es casi imposible encontrar en nuestro
panorama ese tipo de autor que lleva tatuado el mensaje en su cuerpo, a la manera en
que los poetas antiguos grababan sus versos en la memoria, en la carne.

En Cuba proliferan los autores listos, pícaros, cazadores de temas de actualidad que sin
embargo carecen de la audacia del periodista, para no hablar de la valentía del fraile o la
simpatía del juglar. Por esta razón, cuando uno encuentra un libro auténtico, un autor (en)
serio, debe celebrarlo sin contenciones.

Celebramos por eso la publicación y arribo a Miami de Fantasía roja (Ediciones Debate,
Barcelona, 2006), de Iván de la Nuez; su cuarto libro de ensayos, o el quinto, si contamos
la publicación temprana de su estudio sobre la Democracia Cristiana en Chile, que le valió
el grado en Historia Latinoamericana por la Universidad de La Habana.
Fantasía roja es un libro donde se cruzan la crítica de arte, la filosofía, el viaje, la historia,
pero es ante todo un texto autobiográfico. Lo trataba de apuntar: Iván de la Nuez, aunque
rechaza las confesiones, es un autor cuya vida se puede rastrear en cada palabra que
escribe o pronuncia. La filosofía, como decía Fichte en la primera parte de su Teoría de la
Ciencia, es ante todo ''egología''. Un estudio de uno mismo, casi siempre con resultados
apologéticos. O como decía Mario Puzo (autor de la novela ubicua El padrino) en una
frase que ayer mismo recordaba Luis Soler: ``Todo es personal''.

De la Nuez es hijo de un artista con un ideario político tensado entre la crítica y el
compromiso. Su educación ha sido, dondequiera que ha estado, básicamente urbana;
mas su familia es originaria de San Antonio de los Baños y aún hoy permanece mucho
tiempo en el pueblo pesquero de Baracoa, costa norte del municipio de Bauta. Trabajó en
La Habana con el historiador Sergio Guerra Vilaboy y después en Barcelona (donde
reside actualmente) con el filósofo Miguel Morey. Fue un deportista universitario de alto
rendimiento y es, entre todos los ensayistas cubanos de hoy, quien más cerca ha estado
de la práctica artística concreta, particularmente en el ámbito de la plástica.

Certifico lo anterior porque todas estas cosas pesan a la hora de concebir una obra como
Fantasía roja; aún más que los libros que se citan y las clases a que se asiste.
Fantasía roja emerge entre esta biografía como un documento crítico y polémico. Se
centra en la experiencia postcomunista que es, con mucha probabilidad, el ambiente
histórico que le ha de corresponder a una Cuba postcastrista, o postfidelista, que es un
término más ''fechable''. La visión que se ofrece de esas transiciones (por ejemplo, de la
transición en Berlín) se inclina más al optimismo, quizás a la fatalidad, que al pesimismo.
De la Nuez es realista porque ha vivido y viajado el mundo intensamente; no ha sido un
turista de la globalización sino todo un observador participante. Con todo, el elemento
utópico de la propia izquierda que sacude es perceptible en su trabajo. No creo que sean
rezagos de formación; acaso, una forma piadosa en que resiste la esperanza.


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