Dagoberto Valdés: hacia una política pascual

Dagoberto Valdés ha recopilado en el libro CUBA: libertad y responsabilidad (Edic.Univeral, Miami, 2005) un
grupo de artículos y discursos que conforman una coherente visión de la política cubana desde el
cristianismo. Tiene de testimonio, celebración, lección y profecía.

A pesar de que el “moralismo normativista” es uno de los grandes males de la discursividad cubana, en este
caso estamos en presencia de un gesto ético muy especial. Resulta que este estilo de pensamiento y escritura,
donde se hacen diagnósticos de sociedad y se dan lecciones de comportamiento, está muy sujeto a la calidad
civil del autor. Yo creo que entre todos los moralistas cubanos del momento es Valdés de los pocos que está
realmente avalado por una biografía moral que prestigia el mensaje.

El totalitarismo y el moralismo tienen una paradójica relación: si algún lugar es inadecuado para producir un
normativismo moral, dada la recurrente corrupción a que debe estar sometida la gente, moralista incluido, es
el totalitarismo; y sin embargo, ni siquiera la Edad Media fue tan pródiga en sermones como la sociedad
totalitaria.

Como se sabe, para sobrevivir en el castrismo es casi una regla practicar una serie de perversiones morales
que malogran per definitionem la credibilidad de la práctica moralista. La palabra de Valdés, contra lo que
acabo de decir, mantiene su hondura y su digninidad en medio del trajín totalitario. Pero no confundir: se
trata de una excepción.

No podemos decir que existan “pruebas” concluyentes acerca de todo lo que en este libro predica Valdés;
pero hay en el texto un buen amor, credibilidad, autenticidad. Es lógico, su autor no es un científico social, es
un predicador, un dirigente laico católico que tiene fe, además de en su Dios, en la gente con quien habita y
en la nación que, con una índole de isla, le sirve de continente.

He visto a Dagoberto Valdés un par de veces. La imagen que de él sostengo armoniza totalmente con lo que
he podido leer en este libro. El está hecho un poco a la medida de su orbe pinareño: con suavidad, humildad
y firmeza. Tiene todo él algo de la rítmica lentitud del son de Eliades Ochoa, deja caer sus criterios por el
silencioso canal que la llovizna abre en la cuesta de un mogote; es fértil como la tierra de Rancho Mundito,
acogedor como las mañanas en la Boca de Galafre y aromático como las picualas del principal teatro de su
ciudad.

Digo todo esto porque hay que ir con positividad y confianza a este libro de Dagoberto Valdés.

El primer paso de Valdés es concurrir a un linaje; es decir, presenta una genealogía cívica que opta por
originar en Las Casas y consagrar en el Padre Varela. Trabaja entonces con conciencia histórica y se
presenta como miembro de una tradición cultural. Valdés es diáfano en su elección: Podemos decir que el
Padre Varela  es, en su sentido más amplio y preciso el fundador de la Educación Cívica en Cuba cuando a
los 32 años el 18 de enero de 1821, inauguró la primera Cátedra de Derecho Político bajo los auspicios del
Obispo Espada en el Aula Magna del Seminario San Carlos en La Habana. (p. 31)

Valdés entiende el legado martiano como un “proyecto cívico”, lo que le permite equidistar de los extremos en
que se sigue asumiento esta obra fundadora: el de la apología y el del criticismo absoluto. Repite tópicos
intelectuales, como ese de que hay que …estudiar con más urgencia y profundidad que nunca, el proyecto de
sociedad que quería diseñar Martí. (p. 35), pero lo propone de forma racional, como parte de una estrategia
de acción que, desde ya, está siendo efectiva. Es decir, que no se pone a esperar a que tal “estudio” resulte
para asumir un compromiso de reforma social, en su caso, la “martianidad” ya ha engendrado una praxis.

Es curioso que Valdés no escoja una de las manidas frases martianas  para simbolizar su lectura, esas
sacrificiales que apelan al patriotismo como una suerte de masoquismo político. Para él Martí es fundación,
alegría, luz; es así como le evoca, el lema que prefiere: Ayudar a hacer casas de aire y luz a los que al cabo
de vivir a las sombras llegan a sentirla en el alma, y hacerla sentir… sino hacer barrios sanos, alegres, rientes.
(cit.en pág. 37)

Creo con Valdés que la dicha es uno de los valores humanos y políticos que más han desatendido los
estudiosos martianos. Por eso fue tan reveladora para mí la conferencia que en el año 1998 dictara Abilio
Estévez en el Convento de San Francisco de Asís, La Habana, titulada Una muerte feliz. La alegría de lo  
humano se funda estos tres autores.

De Las Casas toma el Valdés un elemento, digamos que “técnico”, muy importante: el ejercicio de la crónica.
Valdés sabe de lo que habla, y habla de lo que vive; de ahí que su trabajo tenga un gran valor testimonial.
Esas traducciones intelectuales de la mera existencia las vemos desplegadas, por ejemplo, cuando enfoca el
asunto de “la vulgaridad”, que diferencia muy bien de la exaltada “simpatía” criolla.

Valdés es diestro en su estilo de “crónica razonada”; como pensador católico acepta el ritmo de la autoridad,
pero cuando surge un conflicto entre el “dixit” y la razón, Valdés apela al estilo descriptivo para ir más allá de
la prescripción.

Aborda en su libro temas de politología, como son los de la autocensura y la corrupción, la cual define como
…consecuencia del mal uso que da cada persona a su libertad (p. 103), no por gusto ha destacado a “la
responsabilidad” en el título de su libro. Hay también otros asuntos interdisciplinarios; relativos, por ejemplo,  a
la psicología social, como es “el desgano de vivir” (p. 91), “el miedo” (p. 95); o la política en su sentido más
directo, como la soberanía, los compromisos, la democracia, la paz y la caracterización general el exilio.

Debo decir que en el tema del exilio Valdés se mueve en dos tesituras, no sé si excluyentes o complementarias:
por un lado, hay momentos en que uno siente que lo enfoca con aires de amoroso regaño, como abandono,
hasta evasión; pero a la vez existe una salutación general del mismo exilio y un reconocimiento entusiasta de
su lugar como parte de la nación cubana. Mas  estas son impresiones personales, apenas eso.

Me resultó de particular interés  lectura del Capítulo V, dedicado a los temas de “Cultura y Educación”; es un
capítulo que recomiendo y que puede ser leído comparativamente. Por demás, Valdés alcanza a inscribir en
él un texto de crítica de arte, en el sentido más profesional del término, cuando se lanza a consierar la obra El
Gran Apagón, del pintor cubano y pinareño Pedro Pablo Oliva, a la que considera como “un Guernica
cubano”. (ver p. 69 y ss)

Si tuviera que hacer un plan para seguir de cerca el pesamiento ético-cristiano de Dagoberto Valdés, me
centraría en los siguientes ejes:

1-Cristianismo.
2-Civilismo.
3-Nacionalismo.
4-Tradicionalismo moral “racionalizado”.

Es un plan que propongo a los lectores para emprender la lectura y estudio de este valioso documento.

Por último quisiera referirme a los avales que endorsan esta edición. Hay tres textos que acompañan a CUBA:
libertad y responsabilidad, de Dagoberto Valdés, un prólogo de Gerardo Martínez-Solana, que parece justo.
Una nota de María Cristina Herrera que está a la altura del texto de Valdés pues liga a su sobrio estilo un
cabal y piadoso conocimiento concreto de la dinámica social de la nación cubana fuera y dentro de la isla.
Herrera es toda una decana de la cubanidad, a la par estudiosa e intuitiva, y es muy difícil pasarle gato por
liebre. Ella dice que es bueno el texto y la textura de Valdés, y le juro a los lectores que es suficiente con que
lo diga para creerlo. Pero hay un tercer texto introductorio firmado por Rafael Almanza cuyo tono no me
parece adecuado como antesala de esta patria textual de pensamiento y civismo que es CUBA: libertad y
responsabilidad. Almanza bordea los límites de un autoritarismo dialógico, asume un tono profético que llego
a sentir a veces amenazante. Váyase, por ejemplo, a la página 16 para que se note ese estilo encendido que,
aún cuando propone el diálogo y el inclusivismo del “proyecto Varela-Martí”, nos deja un nuevo miedo, un
miedo a no pertenecer a lo que Almanza considera correcto y que es al cabo tan avasallador en su potencia
como el miedo totalitario en el acto.

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Valdés, Dagoberto. CUBA: libertad y responsabilidad. Ediciones Universal, Miami, 2005.
ISBN: 1-59388-033-2
414 pp.

 

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