Alvaro Alba: política y geometría
Es bien conocido que hasta la fecha la Teoría de las Paralelas
ha permanecido incompleta.
(N. Lobachevsky Sobre el V Postulado de Euclides)
Su libro es un alúd de referencias. Ráfagas de observaciones y vivencias que se congregan en un título: Almas
gemelas (Libros libres, España, 2002, 164 pp.).
Alvaro Alva, el autor, cuenta el destello genésico de este trabajo suyo: la noticia de los jucios de 1989 en La
Habana y la evocación espontánea, sin mediación aparente, del proceso contra el Mariscal Mijail N. Tujachevsky
en la URSS de Stalin. Otros paralelismos siguieron a este; analogías que fueron confirmadas, consultadas,
documentadas, de alguna manera redescubiertas, hasta conformar este libro.
Que Alvaro Alba haya tenido la oportunidad de conversar sus tesis con el coronel general Dimitri Volkogonov, el
gran biógrafo de Lenin, aumenta el crédito con que el lector puede asumir estas páginas. La biografía del líder
soviético, recomendada en Valencia en su traducción castellana por el profesor José Luis Villacañas, de la
Universidad de Murcia, fue uno de nuestros grandes hallazgos en la era Gorvachov. Uno tan grande como saber
que Alvaro Alba pudo tener acceso directo al prestigioso historiador durante la concepción de su libro. Existe, no
tengo dudas, una oculta genealogía del saber; una estirpe, un linaje de inquietudes.
Hay una división entre los biógrafos de Fidel Castro (y de Ernesto Guevara) acerca del grado de independencia
real que tuvo respecto a las directrices políticas del Kremlin. Mientras unos lo reducen a simple instrumento de la
URSS (aunque no es su biógrafo, pensó esto de Castro, por ejemplo, Alexander Solzhenitsyn), otros lo
consideran un político totalmente independiente, hasta un contradictor de la misma (esta perspectiva es muy
marcada en Norberto Fuentes). Alvaro Alba, además de observar la necesidad de considerar esta relación de
manera histórica, propone una solución muy interesante y para mí convincente: Castro habría sido bastante
independiente como personalidad, pero la estructura del país creado por su revolución emularía el título de
calcomanía. Este es un aporte importante en lo que sería una teoría de la historia de la revolución cubana.
Alvaro Alva es muy persuasivo en su libro al desplegar una afirmación que presenta desde el comienzo: “Lo que
sucede hoy en Cuba es imposible de entender sin recordar antes quien fue Iosif Visarionovich Dzugashvili, alias
Stalin...” (p. 24) Su argumentación es convincente; sobre todo si utilizamos el espacio dejado por el autor para
pensar también un paralelismo entre Castro y Lenin, sobre todo en el punto referido al liderato que ejerce sobre
una revolución “en estado naciente” y que le permite una legitimidad política con el carácter de “líder fundador”.
Es muy interesante asistir a la escena donde el autor reproduce un Castro que critica “los errores” de Stalin; es
realmente una sorpresa el punto escogido para comenzar a interponer una distancia: la política agraria. Desde
aquí logra Alba una pertinente definición teórica de lo que ha sido el castrismo: “...un híbrido en política estatal: el
marxismo leninismo, el antiamericanismo y el caudillismo latinoamericano.”
Este libro, además de poseer importantes valores documentales, y de presentar de manera funcional otro material
fáctico ya disponible públicamente en sus fuentes originales, incita a debatir temas generales. Podría discutirse,
por ejemplo, si puede haber en verdad un totalitarismo de derecha; toda vez que, si lo que le hace derechista es la
aceptación de un sistema de propiedades privadas, las mimas implicarían de por sí unas formas de libertad
inaceptables en el modelo totalitario. Lo mismo ocurre cuando Alba se sitúa en el nivel axiológico. Podría
discutirse si puede existir la “familia de izquierda”, o si solo se trata en este caso de una comunión consanguínea
cohesionada según otros presupuestos de lealtad.
Totalitarismo de izquierda y familia de derecha pudieran ser sobrentendidos. Y contrasentidos las otras dos
combinaciones. Pero como decía, son temas a debatir en el marco de este libro.
Alba demuestra además una comprensión sofisticada, técnica, de algunos tópicos del totalitarismo stalinista que
la prensa ha tratado con demasiada prisa. La utilizacón de las confesiones como pruebas han sido, en efecto,
objeto de denuncia, cosa que también hace el autor de Almas gemelas; pero este va más allá: Alvaro Alba
alcanza a considerar este asunto como un tema de historia del derecho, inscrito en la llamada jurisprudencia
soviética. Refiere en este pasaje un documento bibliográfico que apenas se conoce más allá del gremio. Me refiero
al libro Sobre la teoría de la Prueba Judicial, escrito por propio Fiscal General de la URSS Andrei J. Vishinski.
Respecto a un punto que entra en el derecho constitucional comparado, debo decir que la Constitución Socialista
de 1976, que Alba considera efectivamente inspirada en la ley stalinista, si bien atendió a la escritura
constitucional soviética, estuvo más bien calcada de la Constitución Búlgara, según pude escuchar en una charla
de una profesora de Fundamentos del Derecho (“Prestación de Servicio”) de la Universidad de La Habana y que
había tenido cierta participación en la concepción de la versión cubana.
Almas gemelas es un libro de historia y teoría; también, de memorias. El autor conoce de primera mano,
incluyendo la propia lengua en que fue escrita, tergiversada y rescatada, la historia de Rusia. Se trata de un libro
ameno, desconcertante, con tesis brillantes y narraciones dolorosas, a veces hasta repugnantes como cuando
Alba expone algunos casos de infidelidad y traición.
Alvaro Alba ha introducido la geometría en su análisis político al desplegar el paralelismo entre las almas de estos
dos políticos. Según Lovachevsky, uno de los fundadores de la llamada geometría no euclideana, las líneas
paralelas se juntan en el infinito; nos deja entonces el autor con esta duda terrible: ¿y cuál es ese infinito donde
se juntatarán al cabo las almas de Stalin y de Fidel Castro?.