YOSVANY TEIJEIRO
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Yosvany "El Peco" Teijeiro: el salto sobre la baranda.

"El Peco":  porque lleva eclipses en sus mejillas. Y una cabellera inmensa que enredó en los amostazados
limos del canal que media entre su casa y la Florida International University.

El canal del Peco infunde suspiros entre bautenses exiliados: ¡Oh, si esas carnes oscuras que la brea
emplumada permite acuatizar entre celajes, se paseara con ese manso estilo frente a los calderos del
barrio!... pero no...

Conocí al Peco cuando era casi un niño, de muy joven en cualquier caso; cuando tenía novia frente a
nuestra casa. El llegaba a deshora y volaba la baranda enamorada, con un par de metros de altivez. Reja
de aluminio que ribeteaba un verde-fachada muy descarado para los tiempos.

Lo seguí después en su taller de trabajo donde, en rigor, hacía lo que le venía en ganas. Trabajando
imágenes Peco es como María Callas manejando un aria de coloratura: es enteramente libre en sus
registros.

Cuando hubo que dibujar playas y lomas criollas para sacarle unos dineros a los turistas hambrientos de
otredad, Peco derribaba cocoteros sobre botes oxidados y les permitía de cúpula unos cielos virtuosos. La
más meticulosa academia al servicio del más inescrupuloso mercado. "Y en estas nubes, ¿te resultó
cómodo usar  el aerógrafo?". Y el Peco responde: "No, están hechas a pincel". De nuevo el otro: "Ah,
claro... interesante. Cuántos días te llevó hacerlas". El Peco al descabello: "Las hice en la mañana. Y
ahora te dejo que al mediodía tengo que coger la 235 hasta San Alejandro."

El Peco es también un restaurador paciente y un caricaturista vertiginoso. No me explico a veces cómo
puede operarse en un cuerpo ese abismal cambio de velocidad. La restitución de la realidad y el
cuestionamiento de ella; todo de la misma mano.

Cierto día en la Universidad Autónoma Metropolitana de México (Iztapalapa), cuando aún llegaban mensajes
de explosivos a la Biblioteca, me acompañó un "poster" del Peco mientras charlaba sobre Habermas y
Martí. Había en él una caricatura donde la muerte jugaba a los ceritos con un pobre hombre. El había hecho
su jugada y le tocaba el turno a la Señora quien, según podía apreciarse, ganaba por cualquier banda. Lo
conservo todavía pero no lo ha querido re(a)-firmar.

Trabaja además el diseño gráfico, la fotografía y el mosaico. Yo tuve uno de los mejores trabajos salido de
sus manos de ceramista. Un regalo que a su vez  regalé a mis amigos Megan y Javier Sandomingo,
honorables diplomáticos acreditados en La Habana. Peco siempre me preguntó por qué había cedido esa
valiosa obra; creo que ya tiene la respuesta: por esta vez no se trata de una mi mala costumbre: es que no
la podía cargar a Miami.

Cada mes escucho alguna de las anécdotas de mi amigo, o miro alguna pieza, o me viene cierto recuerdo.
Me agrada cuando me llega entrando a casa de Evelyn, o cuando venía a la nuestra a saludar a mi
hermana. El Peco, siempre en el aire, volando por encima de la baranda.

Emilio Ichikawa.


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