Silvio Fudissaku
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              Silvio Fudissaku: el arte de la familia.


                                                                                 "A vida é sonho
                                                                                      E os sonhos
                                                                                      Sonhos são"



El año se agota. El año intenso lleno de desesperaciones. No fue ni malo ni bueno: fue un año salvaje.

La única plegaria de este diciembre la comenzaría así: “Padre nuestro que estas en los cielos, improvisa  
menos…” “Lo que desees en tu arbitraria voluntad (¡vaya rengloncitos los tuyos!), pero pon a salvo de
abatimientos a esas familias que llegan.”

El año se agota pero me han aparecido, como del eter, unos viejos nuevos amigos enfrascados en el arte de
la familia. Gregorio Candelario, ingeniero químico asentado en Sacramento, casado con una tolerantísima
norteamericana y padre de unos hijos con nombres pontificales. OscarAlcalde, el único cubano que hizo la
carrera de cine en Rusia, en ruta hacia New York con toda su familia desde este Miami que se hiela a los 70
grados F`. Hector Veitia, que cena un 24 en Westchester y merienda en México un 31 junto a la ella sola
única Victoria Morales.

Y llega también, enamorado de prolongaciones centrípetas, mi primo Silvio Fudisaku, quien, junto a Rose
Ziegelmaier, una de las pocas alemanas que sabe “sambar”, ha alcanzado una estrella: un filho.

A Silvio Fudissaku lo conocí en Bauta, La Habana, y me fue presentado como brasileño. Lo es,
efectivamente, pero lleva esa doble naturaleza que le dio el “sushi-samba” a New York City y una fama
extraordinaria a un bar en la Universidad de Brasilia: “Mientras Ud. bebe, hay un japonés que estudia”.
Nipocariocas inteligentes como Fudissaku son responsables de carnales incitaciones: “Si quiere dejar a la
Universidad vacía, mate un japonés cada día.”

A Bauta Fudissaku llevó la “Caipirinha” que pusimos a emular con un mar de “mojitos”. Y llevó su fe de editor,
y algún ejemplar de la revista "Japao aquí", donde advertía que el gran Zico se iba de jugador al Japón.

Silvio Fudissaku es mi primo. Traduce. Escribe en portugués artículos ágiles y poemas rociados de ternura.
Conoce a Calderón de la Barca, quien suena muy bien en portugués. Sueña que sueña y sabe amanecer con
una rosa entre las manos sin preguntarse por que.

Junta versos y busca estrellas. El cielo infinito donde se le juntan es Rose. El hijo justifica los hallazgos.

Emilio Ichikawa.
Dec, 2004.


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Silvio, Luis, Rose

É hora de cessar o mundo
De extinguir o som
e calar o fogo
De abafar a agua
e reter o fôlego
O tempo parou, distraído,
para ver o menino chegar

                           Silvio Fudissaku.