Lili Rentería
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   Lili Rentería: la autenticidad.

                                
                                "¡Ya me acuerdo! Dijo que en tus ojos
                                 había un constante desfile de pájaros."
                                
  FGL. Mariana Pineda (Granada, enero 8 de 1925)



Robert Musil escribió una suerte de tratado novelístico sobre la naturaleza humana que se tradujo al
español como El hombre sin atributos; a Malraux no le pareció adecuada esa versión y optó por la de El
hombre disponible.

El hombre disponible es una criatura a la orden, servible y servida: se puede hacer con ella cualquier cosa:
picarla en trocitos, untarle grasa, tirarla a la basura y lo peor: llevarla a casa dentro de una "doggie bag"
para meterla en la nevera hasta que nos vuelva a hacer falta. El ser a disposición hará voluntariamente
cualquier cosa siempre que pueda obtener un beneficio. En este caso, la iniciativa queda del lado de la
sumisión; curiosa suerte de esclavitud de vanguardia.

Esta es la paradoja: mientras más miserable es la ganancia, más manejable será el hombre disponible.

Imagina un ser al que se lanzan sucesivos insultos y baja la cabeza sin defenderse; un cuerpo al que se le
dan patadas sin que le estalle un nervio, se le resienta un músculo o surta su natural vómito de sangre.
¿Ya lo imaginaste?: pues ese tipo es el hombre disponible.

Lo he querido definir con diafanidad, con crudeza, para que no se confunda con el hombre vulnerable;
aunque a veces no se comprenda, la vulnerabilidad es uno de los caminos más nobles y a la vez
intrincados hacia la autenticidad. El hombre vulnerable es un hombre valiente.

Hace unos años, ya se disponía a morir, la poeta Dulce María Loynaz contaba que su retiro social no
obedecía a una circunstancia política sino más bien anatómica, física: "Es que yo tengo el alma
demasiado a flote". Un alma en la piel, la piel como alma. Dulce María fue herida, la mayoría de las veces
sin querer, por casi todo el mundo: por su esposo, por su isla, por el río Almendares y los jardines de La
Habana, por García Lorca y Gabriela Mistral.

No hay que ser malo para ofender a una persona con el alma a la intemperie: la brisa, una flor, un desfile
de pájaros o el olor de la fresa pueden lastimar al ángel vulnerable. De ahí que no exista nada más grosero
y superfluo que ese  daño agregado a lo dañable. La dominación sentimental de un alma expuesta es
bochornosa.

La adoración, como ha dicho un artista, es la única actitud que corresponde cuando estamos en presencia
de un ejemplar de esta especie. Someter a un alma noble no es conquista: es abuso.

Lilian Rentería es un símbolo de la autenticidad. Ella se ofrece, más no está disponible.

Pero sucede que Rentería ha tomado el atajo de la vulnerabilidad para llegar a lo auténtico. Ha elegido
dejarse ser como es, ha decidido ponerse en medio de los desquites sin importarle consecuencias.

Atraviesa un campo minado en busca de su camerino; abandona la máscara y sale de cuerpo entero a vivir
los personajes. Su director la mira encaramado entre los hierros de la tramoya y, como le faltan palabras,
se le ocurre citar aquella frase admirativa que Horacio le dijo una vez a La Maga en la eterna Rayuela: "Te
arriesgás a que te entiendan mal, que es el colmo de las valentías."


Emilio Ichikawa.
Feb. 2005.
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