Leonel Matheu
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"Password" 2002
Painting and Drawing. Mixed medium on hand paper
23 X. 30 in. 58.42 X 76.2 cms.
"Anyways" 2003
Painting and Drawing. Mixed medium on hand paper 23x30 30

                                               
                                             
                            Leonel Matheu: “Mata Mua”.


                                                                   I.

                                              “La obra de Matheu puede definirse como
                                               neohumanismo”.
                                                                             (Jesús Rosado).



“In olden times”, un pintor de bicefálico destino decidió, consecuentemente, rastrear sendos rumbos: el
camino de vida y la vía de la muerte. Lo hizo con certeza y “consistencia”, rectificando el veredicto del
oscuro sabio de Efeso: todo cambiará en el río, pero yo soy básicamente el mismo.

No lo alcanzó la nota insistente, sino la melodía que rige.

El artista se dió una vez en Paul Gaugain quien, con una estancia en Tahití, trató de salvar la debilidad
metropolitana por las diferencias. Fue allí donde pudo rehacer lo francés, aún cuando se viera forzado
aincrementar esculturas y falsificar colores.

Más que observar, Gaugain escuchaba la voz de unas islas cuyas culturas superponía, falsificaba,
acomodaba. Sus “errores” como antropólogo le permitieron crecer como artista; dislocada alquimia que
también ha acabado por salvar a Claude Levi-Strauss del ciclo de obsolescencia académica: lo que no
sorteó el tiempo como legado científico, se disfruta hoy como hallazgo literario.

Fue así que entre luces y juglarismos Gaugain logra componer, hacia 1892, una escena pictórica dondeel
hedonismo del espectador se trueca con la devota placidez de unas figuras de encanto. Y viceversa.
Setrata del hedonismo perceptivo y la devoción en torno a Hina, la diosa de la luna.

Mata Mua se llama esa composición de óleo sobre lienzo (87.5 cm x 65.5 cm) que en lengua insular se
puede traducir como “Erase una vez…”, “Había una vez…” Como todo el mundo sabe, Mata Mua es la
frase con que se abren las leyendas antiguas; cuentos de buenos amores, hadas, encantadores.

Y en efecto, Gaugain pinta gentes y entornos, pero no es un retratista, ni es un paisajista: es un ilustrador
de historias. Mejor: un historiador.

El pinta como las culturas narran. Había una vez un océano que alimentaba un mar, y un mar que
toleraba una isla, y una isla con frutas, aves, brebajes apasionadores y mujeres suaves; mujeres rojas,
encendidas por un ardor subterráneo…

Mata Mua…

Pero el artista se dió otra vez en un pueblo llamado Bauta, ceñido al oeste de una ciudad incestuosa
como Corinto y estirada como Esparta.

Erase otra vez que el talento para pintar historias se dió en Leonel Matheu. El arcoiris de Gaugain tiene
en Leonel un rencoroso color, acento de arquitectura: cabilla y acero entre cemento cruel; donde uno
pone un árbol florecido el otro sitúa un pepino en conserva, pero ambos logran el milagro, la averiguación,la
historia.

En las pinturas de Leonel suceden cosas; hay un estatismo gráfico herido por el devenir narrativo. Habíauna
vez un grillo, una luna, unas zapatillas, un cabello con el filo de una hoz, una cierta y quevediana nariz,
padeciendo la tiesura de un yeso; y sin embargo, todo estaba bien plantado allí, como si a cada uno le
estuviera sucediendo una avalancha de historias.

Pero Leonel, que juega al mutismo, es también capaz de contar historias entretejiendo letras,
puntuaciones y espacios en blanco. Y es así que me habló un día del pintor, acaso de sí mismo, de un
artista entresacado del quitinoso temblor de los violines de un grillo.
Y yo imaginé un dejar hablar. Un escuchar. Salvar.

                                                                II.
                                               
                                                 “Matheu`s illustrations, while caricature like
                                                 and even anecdotal, introduce serious themes with
                                                 transcendental philosophical connotations…”
                                                                                             (Francine Birbragher).

Once upon a time, un pintor (que) vivía “just in time”. No se pudo explicar muy bien cómo lo logra, pues se
conducía siempre con una prisa desesperada. Mata Mua…

“Just in time” & “Just in time”: no me importa repetir los títulos porque los eventos también se repiten.
Nosotros, cada uno, no es que repitamos los destinos, es que vivimos hasta en una repetición diaria. Y lo
resolvemos; aunque tengamos que solucionar la misma cosa de manera diferente.  

Releo, por ejemplo, las Ficciones de Borges, o el Laberinto de la soledad, de Paz. Pero la lectura que me
ayuda, en el sentido de “servirme”, es la del periódico; me leo varios, sigo el evento, me gusta la prisa.
Parece como que detengo la velocidad; debo adquirirla para después atraparla. Vivo eso que transcurre; es
como si me pusiera en una polémica.

Estudio, hasta calculo, pero no insisto mucho. El arte debe valerse por sí mismo. Debe hablar solo. No lo
digo yo, lo dice Eco. El arte cuando sale del artista ya se va. Abandona. Lleva vida propia. Es una
sensación muy repetida en los pintores. Otros tienen que ver más con el producto, hasta esa relación
posterior forma en algunos casos parte del arte mismo, si se quiere. Pero en el caso del pintor no. No es
tanto así.

El “arte muerto” es peligroso. “Arte muerto” es el arte que no puede vivir separado del arista; donde el
artista es más importante que el arte. Ese sí es el arte decorativo. Quien debe ser decorativo respecto a su
arte, a veces hasta inerte, es el mismo artista. El crítico de arte ya ni hablar. El “dealer” es otra cosa: es
como un cómplice, un enemigo necesario.

Yo no caigo en “eso”, y eso que la base de mi pintura es la gráfica. Yo me formé como artista gráfico en la
Escuela de Diseño de La Habana. La pintura gráfica es más efectiva porque la interpretación es muy
rápida. La gente está familiarizada con la televisión, la prensa. La palabra es hoy parte de la gráfica. Las
oraciones son como “señales”. Si me cambian el leguaje esrito que contiene la señal de tránsito del “Stop”,
yo paro de todas maneras. Si mantienen la gráfica, aunque cambien la palabra, se conserva el código. Yo
sé entonces que hay que parar.

Mi trabajo es como una lectura; con elementos bien definidos. No es ni conceptual ni figurativo sino
gráfico. Mi concepción es puramente pictórica. Yo creo en un “pop” que no viene de la pluma sino del
pincel. Pero yo también uso texto, pienso mucho los títulos, que son en sí mismos historias, “historietas”;
pero el texto es también parte de mi mundo pictórico.

Todo es ver. Saber mirar. Yo viajo para ver arte, para estudiar la vida “ajena”; mucho más ajena que la
que uno siente fuera de sociedad. A mí me gusta mucho la política. No me molesta. Dentro de mí y mi
pintura puede haber rasgos de todo. Ver arte, mucho arte, es la única forma de educarse dentro de la
pintura.

Pienso la “ajenidad”, pero la experiencia de “exilio” como tal no creo que esté en mi pintura. Está como
fatalidad, como inevitabilidad, porque mi pintura tiene que ver con mi vida y yo soy un exiliado; pero el
tema es genérico.

Me interesa más el fondo, la raíz. Trato de juntarlo todo en una pieza y crear un estado de opinión
sucesivo, continuado. Así es como logra hacerse verdadera la frase de que “el arte carece de fronteras”.

Para mí el uso de elementos muy alegóricos a Cuba podrían mutilar la obra. De cualquier modo Cuba va a
ser importante. Como lo es Bauta, el agua que tomo, la amistad; todo es importante para mí. No le doy mi
tiempo a nada que no sea realmente importante; pero reconozco que yo en mi puntura no luzco muy
arraigado.

Hay quien ha dicho que mis colores no son muy “cubanos”. Ah, porque yo utilizo colores inventados; yo
puedo poner un cielo rojo; yo creo el evento, no reflejo la realidad.

Lo del reflejo de la realidad es más limitado; uno queda como subyugado. Crear es mejor. Hay mucha
gente que ha interferido en nuestra realidad. Yo vivo en el arte.

La única forma de vivir del arte, que es un poco distinto al vivir en el arte, es expandirse en el mercado.
Nada de prejuicios. Mientras más se abre el mercado, más se abre el arte. Más se abre la mente. Hay
muchas particularidades que hay que conocer. El mercado de Charlotte es diferente al mercado de
Miami. Yo, después de conocerlo, hago algo intermedio, bien pensado, para no tener que hacer
concesiones de momento, metamorfosis oportunistas.

Yo en Cuba pintaba, pero me hice artista aquí. Allá recuerdo que hice dos exposiciones, pero no recuerdo
bien. Una se tituló “Homenaje al tiempo”; la otra, en la galería de la Revista Mujeres, no recuerdo el título.

Yo tenía 20 años y se había ido la generación de los `80. Había como un vacío, como si se hubiera
gastado demasiada energía. En los `80 se abrieron oportunidades que hoy son impensables; eso ayudó a
que se consiguieran tremendos currículums. No era tan difícil llegar a galeristas y coleccionistas que desde
acá parecen casi intocables. Ahora estamos en la vida real; te sales de un gobierno y tienes que vivir por tu
propio peso. Es como si empezaras de cero.

Allá la política. Aquí el mercado, que no es ajeno al arte. Por suerte. La gente al comprar arte se involucra
en una historia; le gusta convivir con ella. Porque yo pinto historias en una concepción gráfica. Así llegan a
convivir con un estado de ánimo. Mucha de las gentes que me han comprado elaboran una interpretación
muy personal de la obra; a veces diferente de la mía. Y eso me gusta. Un mismo hecho se puede definir
infinitamente. Eso es lo que yo trato de hacer; crear mi historia mediante la gráfica. Trato de inventar una
frase para que sirva de preámbulo, de antesala de otras interpretaciones. Yo creo que mi arte es
metafísico; es fijo, es estable, trata de captar algún momento.


Creo en algo que suelo atribuir a Klee: “El mérito de un artista está en pintar lo que no se ve y hacerlo que
se vea”. Si lo dijo Klee tiene razón. Quien lo haya dicho tiene razón.

Yo intelectualmente, discursivamente, no veo consecuencias; pero gráficamente sí lo puedo ver. Hay cosas
que puedo pensar gráficamente y no conceptualmente. “Un tipo en un hueco. Con un hueco. Pensando en
un hueco”. Eso lo hago, lo puedo ver en mi análisis”.

Me muevo en lo gráfico y amo la filosofía. Y la música; pero más la filosofía. Está en ella el tema de la
muerte, que es uno de mis grandes temores. Está en mi vida; ese temor está en mi vida, luego está en mi
obra. Sale a relucir. Por eso en mis cuadros trato de alcanzar el momento máximo de vida. Lo que yo
pinto, aunque parezca estático, da síntomas de vida.

El movimiento muerto me da miedo. Por eso mis elementos, aunque quietos, aparecen  moviéndose;
saltan, danzan. El movimiento estático es una contradicción y está en la pintura. Se “friza” el momento del
movimiento y lo hago perdurable.

Yo “muevo”, contesto como en los `30. En los `30 se hizo una pintura muy contestataria. Y ese tipo de
pintura me influyó. También Malevich, De Chirico. Las ciudades, habitadas o deshabitadas. Las zapatillas
que uso, que son las mismas que dibujo, son zapatos urbanos. Y los uso, son mis “tennis” porque el
personaje me absorve a mí. Pinto caminantes; cuando me remito a ese elemento es para sugerir el
camino. Son símbolos (hoy los “tens” los enredan en los cables eléctricos).
                        


                                                                      III.

                              “Resintiendo la iniciativa de los impresionistas americanos,
                                uno de tus grillos devora una carta con destino a San Juan:
                               ¿cómo, mediante qué eficaces onomatopeyas captaban los
                                escuchas el oloroso ritmo de ese buey nocturnal?.”

Mata Mua…

There was once a time…

“Eventos simultáneos” se llama la próxima historieta. Los eventos son interpretaciones. Las obras son
portadoras de eventos. Simultáneamente, un hombre piensa lo que está sucediendo, de manera que lo
que piensa es lo contrario de lo que sucede. No hay equívoco. Pensando lo contrario de lo que es, el
hombre puede, de todas formas, orientarse efectivamente en el Ser. Esa simultaneidad puede ser
cualquier cosa. Yo no quiero decir la mía: yo quiero que se abra el proceso interpretativo. 12 trabajos y
una pieza instalativa.

Ese será el próximo cuento de mi cuento. O “la pata de la pata”, como escribió un día Segundo Planes,
ese  gran poeta.

Emilio Ichikawa.
Octubre-2004.